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Presente y pasado

Un misterio de la Transición

En La Transición de cristal recojo unas palabras de Suárez al Süddeutsche Zeitung: "Mi punto fuerte, creo yo, es ser un hombre normal. Completamente normal. No hay sitio para los genios en nuestra actual situación". Frases llamativas. ¿No se ha presentado la Transición como una operación complicada y peligrosa, casi titánica? ¿No exigía, en todo caso, dotes algo más que "normales"? Llamamos "normal" a alguien con dotes intelectuales medianas y con una cultura también mediana o elemental, y en ese sentido Suárez tenía razón. Se le ha definido también como un político superficial y frívolo, de vuelo corraleño, y bastante de ello hubo.

Pero lo llamativo del caso es que los demás protagonistas de la transición, exceptuando al primer Fraga, a Fernández Miranda, a Tarradellas y quizá a algún otro, compartían los rasgos de Suárez: mediocridad, oportunismo algo pedestre, precario pensamiento político, superficiales (o errados) conocimientos históricos, frivolidad. Estas notas pueden adjudicarse sin mayor reparo a muchos de los compañeros de Suárez y a los líderes de la oposición: Felipe González, Alfonso Guerra, Pujol, Arzallus, etc. Carrillo es caso aparte: un totalitario ex terrorista obligado a fingir otra cosa por la fuerza de las circunstancias. Pese al autobombo que todos ellos se han administrado generosamente, sospecho que tuvieron más de marrulleros que de estadistas, y dejaron un terreno sembrado de minas desde la misma Constitución.

Y he aquí el problema: ¿por qué, siendo tan mediocres, no terminó el experimento en un desastre sino que, pesando los pros y los contras, puede considerarse la Transición como un proceso más positivo que negativo? Parecería un misterio, si olvidásemos el punto clave: la España de 1975 ya no era el país empobrecido y cargado de odios de 1936 (los odios no vinieron de la pobreza, sino de las ideologías mesiánicas de la época, pero fructificaban más con una economía estancada como la republicana). Era una España próspera y reconciliada. No encuentro otra solución al problema. Aquellos líderes de medio pelo partieron con un inmenso capital político heredado, que ellos no habían creado y que abría posibilidades ciertas de establecer una democracia sólida y estable. No obstante, los devaneos de Suárez llevaron al país a una situación que alarmó en extremo al Rey y a la oposición, hasta derivar en el golpe del 23-F. Y luego tendríamos a los de los "cien años de honradez". Así, ese capital fue visiblemente derrochado, pero resultó tan cuantioso que impidió los peores efectos de tanta "normalidad". Ganó la reforma "de la ley a la ley", que transformó al franquismo en democracia contra un rupturismo que nos habría conducido por la senda de Portugal, tan próxima a la guerra civil. La red de seguridad creada en la época anterior permitió unas acrobacias poco lucidas sin efectos demasiado traumáticos. Incluso Aznar pudo reconducir las peores derivas, y en parte lo hizo, ocasión histórica frustrada por el 11-M y sus consecuencias involucionistas.

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