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Alternativas a la realidad

Relatos espeluznantes sobre violaciones e infanticidios, y sobre jueces que no tratan con severidad a los agresores sexuales que acosan a los jóvenes, han provocado que algunas legislaturas estatales aprueben leyes más estrictas y restrinjan la discreción de los jueces a la hora de dictar sentencia. Pocos en los medios o en la élite intelectual se han mostrado tan escandalizados por estos crímenes sádicos contra niños como lo han estado por las escuchas a las llamadas telefónicas de los terroristas. En parte, esto es política actual, pero en parte no deja de ser la continuación de una tradición que data de hace más de dos siglos: restar énfasis al castigo de los criminales.

La gente que hoy apunta a los errores de la "sociedad" como la "raíz del problema" del crimen se hacen eco de lo que decían en el siglo XVIII Condorcet en Francia y William Godwin en Inglaterra, entre otros. Lo mismo sucede con los que hablan magnánimamente de "alternativas al encarcelamiento" o que siguen confiando en las esperanzas de "rehabilitación" o "prevención". Quienes tienen esta forma de pensar no dejan de parlotear sobre lo que debe hacerse con los agresores sexuales mientras la gente común y corriente diría que deberían ser encerrados y que, si son demasiado peligrosos para estar en libertad, deberíamos encerrarlos y tirar la llave.

Pero aquellos cuya alta opinión de sí mismos se basa en su presunta superioridad sobre la gente común y corriente, jamás podrían estar de acuerdo con esas ideas. Se oponen incluso a que se avise al público cuando algún condenado por agresión sexual es puesto en libertad en su vecindario.

Su forma de pensar –si es que se puede denominar así– es que los agresores sexuales que han salido de prisión "ya han pagado su deuda con la sociedad", que hay que hacer borrón y cuenta nueva y permitir que estos sádicos escondan su pasado. Es increíble la cantidad de jóvenes vidas inocentes que han sido sacrificadas en nombre de una frase tan mal concebida.

Ir a la cárcel no supone pago alguno. A esa gente se le pone entre rejas como castigo y para mantenerlos fuera de circulación. Las víctimas infantiles de violación y asesinato no pueden nunca ser resarcidas del daño. Esa deuda jamás se puede pagar. A lo máximo que podemos aspirar es a salvar a otros niños y a sus padres de esa angustia inflingida por gente malvada; no gente "enferma", gente malvada. Los agresores sexuales saben perfectamente lo que están haciendo, saben que está mal y o bien no les importa o lo disfrutan aún más por esa razón.

Decir que están "enfermos" implica que hay algún tratamiento o cura que otra gente puede darles. ¿Cuántas vidas más estamos preparados a sacrificar en el altar de esa idea? La ilusión de que somos capaces de controlar a los agresores sexuales, a los que se suelta secretamente entre familias con niños, ha tomado muchas formas y ha sido expresada con una retórica mucho más tranquilizadora.

La libertad condicional "supervisada" forma parte de esa retórica. La realidad detrás de ella no es más que la obligación de presentarse ocasionalmente ante un supervisor de libertad condicional con un enorme número de personas a su cargo, personas que no pueden ser controladas el 99% del tiempo, mientras no se están presentando.

El último intento de control es el sistema de satélite de posicionamiento global (GPS) que se le puede poner a los agresores. Piense en ello. ¿Qué nos diría el GPS si un agresor sexual tuviera a 2 niñas retenidas en su sótano? Pues que estaba en casa. ¡Menudo consuelo!

Aunque la presión del público para ponerse serios acerca de la protección infantil ha empujado a algunas cámaras legislativas estatales a hacer esfuerzos en esa dirección, resistirse y evadir la realidad está todavía a la orden del día en muchos lugares.

En California, el poder legislativo estatal está tomando en consideración hacer leyes para usar la tecnología GPS y seguirle la pista a los agresores sexuales puestos en libertad, pero sólo a los que se considere como "peligrosos". El autor de uno de estos proyectos de ley describe el GPS como tecnología "increíblemente valiosa". Sin duda que lo es... si usted se pierde y quiere encontrar el camino. Pero, por otro lado, si usted no quiere ser encontrado, siempre se lo puede quitar.

Los proyectos de ley del poder legislativo estatal de California se están presentando como alternativas a la votación popular de una iniciativa en la que los electores podrían imponer la "Ley de Jessica"* y hacerla verdaderamente efectiva en lo que atañe a las sentencias, en lugar de esas alternativas políticas a la realidad.

©2006 Creators Syndicate, Inc.
* Traducido por Miryam Lindberg

*Nota de traducción: La Ley de Jessica es el nombre informal de una ley del estado de Florida con la que se castiga duramente a los agresores sexuales y reduce su capacidad de volver a delinquir. Entre otras disposiciones clave está la de una sentencia obligatoria mínima de 25 años en prisión y el seguimiento de por vida de ex convictos por agresión sexual a menores de 13 años.
Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover.

© Creators Syndicate, Inc.

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