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Hay personas decentes que, sin razones egoístas ocultas, apoya los incrementos en el salario mínimo como medio de ayudar a los empleados de baja cualificación. Otras personas también decentes, con idéntico objetivo, se oponen firmemente a los incrementos en el salario mínimo. De modo que la cuestión es: ¿cómo pueden personas decentes que comparten los mismos objetivos –ayudar a los empleados de baja cualificación– apoyar medidas diametralmente opuestas que producen resultados completamente distintos?
Todo depende de la premisa inicial de cada uno. Nos hará bien dejar constancia explicita de nuestras premisas de partida y comprobarlas frente a la realidad. Una premisa de partida es que un patrón necesita un número concreto de empleados para llevar a cabo una tarea dada. Siendo ése el caso, incrementar el salario mínimo simplemente significa que los empleados de baja cualificación disfrutarán de un salario superior y que o los patronos tendrán unos beneficios más reducidos o los clientes tendrán que pagar precios más elevados o ambas cosas. Con esta visión de cómo opera el mundo, la lógica de incrementar el salario mínimo como medio de ayudar a los empleados de baja cualificación es impecable.
Otra premisa inicial es que no existe un número fijo necesario de trabajadores para realizar una tarea dada. Los patronos pueden ser capaces de sustituir trabajo con capital, como utilizar lavaplatos en lugar de gente que friega los platos, ascensores automáticos en lugar de ascensoristas, gasolineras autoservicio en lugar de gasolineras con empleados, reservas online en lugar de azafatas de mostrador o incluso pueden reubicar sus operaciones en el extranjero. La gente que comparte esta premisa de partida, aunque también pueda estar preocupada por el bienestar de los empleados de baja cualificación, argumenta que incrementar el salario mínimo provocará desempleo para algunos de ellos y negará oportunidades laborales a otros. Teniendo en cuenta su premisa inicial, la lógica del argumento también es impecable.
Así, la cuestión a dirimir es decidir qué premisa define mejor cómo funciona el mundo. ¿Es la que dice que es necesario un número concreto de trabajadores para realizar una tarea dada, o la que dice que los patronos tienen flexibilidad en la mezcla de empleados y capital que utilizan y en el lugar donde pueden elegir fabricar? Creo que la segunda descripción describe más apropiadamente cómo funciona el mundo.
Colóquese en la piel de un patrono y pregúntese: si un empleado me cuesta, digamos, 7 dólares en sueldo, mas ventajas adicionales obligatorias tales como la Seguridad Social, las compensaciones por desempleo o las ausencias por enfermedad y vacaciones, haciendo que el verdadero coste por hora de contratar un trabajador sea de 9 dólares la hora, ¿me compensa contratar un trabajador que es tan desafortunado como para poseer habilidades que le permiten producir solamente el valor de 5 ó 6 dólares la hora? La mayor parte de los patronos concluirá que hacerlo sería una propuesta económica que acabaría en pérdidas.
Existen un par de particularidades más que fuerzan a los patronos a responder a los incrementos salariales que exceden la productividad del trabajador. Si llega a contratar tales trabajadores, ganará beneficios más reducidos. Enseguida, los inversores se abandonarán y pondrán su dinero en donde les rente más.
Existe otra particularidad más: el cliente. Si el patrono conserva los trabajadores cuyos salarios superan su productividad, con el fin de cubrir sus costes tendrá que gravarle a usted y a mí con mayores precios por su producto o servicio. Yo no sé usted, pero yo prefiero precios más reducidos a precios más elevados y me llevaré mi dinero a aquellas empresas que ajusten sus costes laborales.
El Congreso puede ordenar que se paguen salarios más altos con facilidad, pero no puede ordenar que los empleados sean más productivos o que los patronos contraten desde el principio a un trabajador en concreto. Aquellos que estamos verdaderamente preocupados por el bienestar de los empleados de baja cualificación deberíamos centrar nuestras energías en ayudarles a ser más productivos, y un buen punto de partida sería hacer algo con esa educación podrida que muchos reciben.© Creators Syndicate, inc.

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