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Andalucía

Granada sigue temblando: seis días de terremotos que han alarmado a su población

El "enjambre sísmico" que sufre Granada ha cambiado las rutinas de muchos ciudadanos, ansiosos pese a las llamadas a la calma.

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El "enjambre sísmico" que sufre Granada ha cambiado las rutinas de muchos ciudadanos, ansiosos pese a las llamadas a la calma.
Bomberos, policía y protección civil, durante una de sus actuaciones en la localidad de Santa Fe | EFE

Familias cuyos miembros duermen vestidos —en muchos casos, calzados— en el sofá, coches aparcados en la calle por si hay que salir a media noche o incluso acabarla dentro de ellos, mantas preparadas en las puertas, llaves sin echar y más de un reencuentro contraviniendo el toque de queda y el confinamiento perimetral para luchar contra la pandemia. Y sobre todo, ansiedad, miedo e incertidumbre. La vida de los granadinos no ha vuelto a ser igual desde que el mediodía del sábado 23 de enero un terremoto de intensidad 4.4 con epicentro en la localidad de Santa Fe, a 12 kilómetros de la capital, hiciera temblar el suelo por primera vez de forma alarmante.

Según el informe que emite diariamente el Instituto de Geofísica Nacional (IGN), desde el 1 de diciembre se han producido 585 terremotos entre las poblaciones de Santa Fe, Chauchina y Atarfe, de los que quince han tenido una intensidad igual o superior a 3 y hasta 61 han sido sentidos por los ciudadanos. De repente, a los pies de la Alhambra no se habla de otra cosa, incluso el coronavirus aparece en un segundo plano en la prensa y la clasificación para los cuartos de final de la Copa del Rey del Granada Club de Fútbol, por segundo año consecutivo, parece tener menos relevancia que hace un año. Mientras whatsapp arde, la cuenta de Twitter del IGN, donde se registran todos los temblores sucedidos en España, ha multiplicado exponencialmente su tráfico desde tierras granadinas.

Pese a que el primer gran aviso fuera el sábado 23, los nervios son especialmente severos desde el martes 26. Poco antes de la medianoche, y en apenas diez minutos, varios seísmos de entre 3.9 y 4.3 de magnitud hicieron a miles de personas salir a las calles tanto en la capital como en poblaciones cercanas en busca de una mayor seguridad que nadie podía garantizarles. Un caldo de cultivo perfecto para las fake news, como la que predecía un gran terremoto a la una de la madrugada que no ayudó desde luego a calmar a los más intranquilos en la noche más larga que hayan vivido la ciudad y su cinturón en meses.

Tratan los expertos de tranquilizar a la población desde hace una semana. Todo el mundo en Granada sabe que la zona es sísmica y es relativamente habitual que el suelo se mueva, pero lo que está sucediendo no es nada frecuente. Se recuerda que los edificios son construidos bajo una exigente normativa sismorresistente de seguridad para evitar su colapso, que las fallas son cortas y que la liberación de energía ayudará a prevenir un terremoto mayor. Pero la población anda con la mosca detrás de la oreja mientras conoce el término "enjambre sísmico": la situación en que Granada anda inmersa, ya vivida en 1979, con casi seis meses de terremotos en cadena. Antes, en 1956, un agresivo temblor arruinó varias poblaciones del cinturón metropolitano. Mucho más atrás, en 1884, otro con epicentro en Arenas del Rey provocó más de un millar de fallecidos. Se pide calma, pero no es fácil encontrarla y el consumo de ansiolíticos se dispara inevitablemente. El miedo es libre y personal de cada uno, más cuando el suelo se mueve y pierdes el control de la situación. En plena madrugada y bajo el toque de queda, se observan demasiadas luces encendidas a través de las ventanas.

Nadie es completamente capaz de predecir cuándo acabará la situación. Tras un miércoles relativamente tranquilo, el jueves volvió a ser peliagudo: sin llegar a igualar a lo sucedido 48 horas antes, durante la tarde se produjeron varios sustos, cuatro de ellos de magnitud superior a 4. "Puede durar días o semanas", auguran los conocedores de la materia, sin mojarse demasiado. Tampoco eso ayuda a paliar la desazón y las dudas con las que viven los granadinos, aunque se entiende que es "improbable" un gran terremoto.

Pese a la sensación de constante balanceo, a la paranoia generalizada que hace estremecerse ante el más mínimo ruido anómalo, de momento apenas ha habido daños personales más allá de algún herido leve por desprendimiento. Los desperfectos materiales principalmente se han producido en el casco viejo de Santa Fe, lugar histórico por ser donde Cristóbal Colón y los Reyes Católicos firmaron, en 1492, las condiciones del primer viaje del marino genovés que condujo al descubrimiento de América.

Una travesía muy distinta a la que actualmente surca la gente de Granada, a medio camino entre la esperanza por que el más reciente temblor sea el último que les agite el ritmo cardiaco y la desazón por ser perfectamente conscientes de que lo que viene por delante en el futuro inmediato, pese a parecer lejos del apocalipsis, no sea demasiado tranquilizador.

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