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Katy Mikhailova

Con dos tacones

Louboutin consigue la exclusividad del color rojo para la suela del zapato, mientras los tapones Llellé que facilitan el equilibrio revolucionan el mercado.

Katy Mikhailova
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Si muchos creían haber visto los límites de la persecución por tararear una canción durante la famosa Ley Sinde, la moda no se queda corta y puede rozar también el absurdo del elitismo, pues no hace más de dos semanas que la suela de los zapatos de lujo franceses de Christian Louboutin en color rojo –aunque nombrar rojo es demasiado genérico- ha ganado la exclusividad.

Decimos genérico, ya que no se trata de un solo <rojo>. El rojo, en esto de la moda, tiene diferentes gamas: como el rojo carmesí, el burdeos, el bermellón –ese que es algo más 'amarronado', por definirlo de alguna forma-, entre otros.

Tanto color para tan poca cabeza... para que luego miles de mujeres calcen estos zapatos carísimos que más de una se los habrá debido de poner para alguna cita, viviendo en la ignorancia de que pocos hombres se van a fijar en qué tipo de rojo exactamente es. Pero son los sacrificios de la moda y el dinero que se paga por marcar la marca.

Hace un año no parecía que ese conflicto de colores en el calzado iba a tener semejante final, pues en 2011 el juicio entre Christian Louboutin contra Yves Saint Laurent no le dio la exclusividad a los ‘rojos Louboutin’.

Mucho lujo se presenta y por mucho dinero se vende, pero a la página web de estos zapatos franceses caracterizarla como hortera es quedarse corto –esa especie de gnomo con la cara del diseñador vale oro-; por no hablar de las veces que se queda colapsada.

Sin embargo, la impugnación por parte de la firma de zapatos de suela roja ha hecho que el juez rectificara y considerara que ha sido error aquello que la propia jurisdicción sentenció un año antes, considerando que un color no puede ser registrado como una marca.

Que, por cierto, ya que hablamos de Yves Saint Laurent, hay que recordar que se llama a secas ‘Saint Laurent Paris’. Otra moda poco entendible, pues parece que en cuanto nos abandona un modisto, su nombre se entierra con él, al igual que con Jesús del Pozo que ahora es ‘Del Pozoa secas.

Cierto es que los lujosos zapatos de Christian Louboutin han marcado un antes y un después, debido a la simple pero atípica idea de "teñir" la suela de los zapatos de un color diferente a los mismos.

Fiebre Louboutin y nuevas marcas emergentes

Hace diez años que este francés experto en zapatos puede celebrar su fama ya que, a pesar de que fundara en los comienzos de los noventa su "salón de zapatos" en París, la "fiebre Louboutin" no afloró hasta hace unos años.

Ya no es tan "cool" siquiera tener unos Dior o unos Chanel, por ejemplo, pero sí unos Louboutin o unos Jimmy Choo –firma de zapatos británica que también está pisando fuerte, nunca mejor dicho, y cuyo consejero delegado, desde hace un mes, es el director general de Galliano-.

Aquellas marcas ya no resultan tan novedosas para las masas de las fashion victims como sí puede ocurrir con estos últimos. Incluso Prada ha sido ligeramente apartada por otra gama de la misma casa llamada Miu Miu –y los gatos poco tienen que ver con el nombre; va más por el ego de los diseñadores/empresarios que adoran plasmar sus nombres, como es el caso de Miuca Prada-.

De todas maneras, llega a tanto la "fiebre Louboutin" que el propio Francis Montesinos decidió optar por ese toque original –o quizá ya no tanto-, tal como apuntaba el editorial de moda sobre la MB-FWM de esModa, Demasiadas flores en la Cibeles. El diseñador levantino presentó unos zapatos de tacón en diferentes colores cuyas suelas parecían tener un tono fucsia.

Psicología femenina del tacón

Podemos plantearnos la motivación de comprar tacones –al igual que lo hicimos con la ropa interior en otro editorial de esModa-.

Los tacones, en primer lugar, estilizan el cuerpo –vamos, que a las que tienen complejos de piernas gorditas, caderas anchas o las "pati-cortas" podrán conseguir el efecto óptico de adelgazamiento, alargamiento o estrechamiento-. En segundo lugar, los tacones moldean la forma de caminar consiguiendo un sensual contoneo a modo de diva bajada del cielo caminando sobre la Tierra –se abstienen de ello las que no saben llevar tacones-. Tanto es así, que si una se llega a acostumbrar a andar siempre con tacones, son los zapatos planos lo que no se saben llevar; de hecho, Carla Bruni tuvo que aprender a andar con zapato plano. Y el tercer motivo por el cual llevar un zapato de tacón se debe a que le da un toque elegante a casi cualquier etilo o prenda que una se ponga.

Podemos entender todas y cada una de estas razones por las que pisar con dos tacones. Aparte de ellas, están ésas que viven en el subconsciente, condicionadas por las modas impuestas por los mass-media. "Si eres alta, pasas por modelo", "a los hombres les atraen más las mujeres sobre unos tacones", "los tacones altos te dan más seguridad". Estas últimas cuestiones funcionan mejor, cuantos más complejos desprenda aquélla que sigue dicha filosofía; filosofía, además, de origen dudoso.

Por cierto, ya que se paga tanto por unos zapatos, acaba de salir al mercado español un revolucionario sistema para conseguir que el tacón de aguja no se ensucie y no se estropee tanto, posibilitando la opción de pisar césped o barro sin que el tacón se clave en la tierra, y, además, haciendo más fácil el mantener el equilibrio sobre unas agujas finísimas.

Esta innovadora herramienta se llama Llellé. Los Llellé –que resulta ridículo mencionar su precio de lo baratos que son y la ligera inversión que implica a corto plazo para el zapato- son unos tapones de plástico transparente o en color negro que se ajustan a la parte inferior del tacón, proporcionando estabilidad a la mujer que los calce, sobre todo en el caso de arenas movedizas, nunca mejor dicho.

En cualquier caso, los Louboutin no dejan de ser unos zapatos como otros más. La suela del zapato con su tacón incluido es la parte de los stilettos –tacones en italiano- que mantiene el contacto directo con el suelo, quedando lejos de ser impoluta la tierra. No por estar subida sobre unas super hiper mega agujas con su suela roja de Louboutin se van a esquivar los excrementos de la calle con mayor elegancia; y la fashion victim de turno que diga que son más cómodos, miente como una bellaca.

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