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La chica tiene un plan

La campaña televisiva de la firma Desigual ha causado polémica por su presunto sexismo. En ella una joven quiere tirarse a su jefe.

Rosa Belmonte
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El lío que se ha montado con los anuncios de Desigual es tan incomprensible como el propio éxito de la firma española. Pero vamos, lo mismo pasa con Desigual, con Custo o con Flamenco. Fantasías textiles animadas de ayer y hoy. De los tres anuncios vistos en internet ("la internet", según Cospedal) el que más ha molestado es uno en el que una chica está decidida a acostarse con su jefe. Cosas que dice: "De este año no pasa, me acuesto con él y punto" (son planes para 2013). O "le metía la mano por debajo de las chocolatinas". También "pasa por tu lado y piensas '¿me lo tiro ya?'". La chica solo tiene interés en tirárselo, sin compromiso. Como cualquier hombre decente. No se trata de una zorra de toda la vida con intenciones de cazar al jefe y casarse con él. Pero se ha montado. Al parecer, por la lamentable imagen que se da de la mujer. Hombre, así vestida sí que la imagen es chunga.  

Dicen que es un anuncio sexista. Amárrame los pavos. El anuncio es una birria y este tipo de publicidad una forma de hacer noticia de la campaña y, por tanto, de amplificar el efecto, pero hablar de la lamentable imagen de la mujer es para empezar a reír y no parar. El columnista Dave Barry, que llegó a tener una serie de televisión protagonizada por Harry Anderson (el de Juzgado de guardia), tenía mucha razón cuando decía lo siguiente: "A juzgar por las portadas de las revistas femeninas, los dos temas que más interesan a las mujeres son: 1.-¿Por qué los hombres son unos cerdos repugnantes?, y 2.- ¿Qué hacer para atraerlos?". Es que es mejor tomarse a chiste el asunto. Porque si vamos a Muñecas vivientes. El regreso del sexismo, el ensayo de Natasha Walter, se nos caen los palos del sombrajo. Recuerda Walter que el hecho de que hoy en día las mujeres puedan ser sexualmente activas y experimentadas sin que se las condene por ello es el resultado de la segunda ola del feminismo. Y es algo que debemos celebrar. Pero también apunta que la nueva cultura hipersexual redefine el éxito femenino dentro del reducido marco del atractivo sexual. Ahí están las mujeres yendo a clases de striptease y de baile en barra como la que va a clase de punto de cruz.  Y todo ello en nombre de la libertad de elección, el poder femenino y la liberación sexual. "Antes creía que solo teníamos que establecer las condiciones necesarias para la igualdad, y entonces el sexismo desaparecería de nuestra cultura. Hoy estoy dispuesta a admitir que estaba completamente equivocada", se resigna Natasha Walter.

Pero no tenemos que acudir a un sesudo ensayo para constatar que la actitud de la chica del anuncio es la de las mujeres en la historia audiovisual. Las cuatro memas de Sexo en Nueva York (qué daño) tienen su mayor fijación en encontrar un hombre o en conservarlo. Y, por supuesto, en tirárselo. Pero es que ese es el espíritu de Escarlata O’Hara y de cualquier otra heroína cinematográfica del pasado. El de conseguir un hombre. Que la pájara del anuncio sea deslenguada y no lo quiera para casarse parece el error. La cómica Elayne Boosler, que nunca había estado casada, decía que era divorciada para que la gente no pensara que tenía algún problema. En el fondo, el único problema es que estemos hablando de Desigual. Aquí otra mema.

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