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La cosa

Dicen que en España no parece que haya crisis. Que en París no hay tantas fiestas como en Madrid.

Rosa Belmonte
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"Que nada ni nadie nos quite nuestra manera de disfrutar de la vida", se dice al final del anuncio de Fofito. Habremos pasado de tristones a cabreados, y algunos habrán creído que la única salida era por la ventana, pero eso todavía no ha pasado. No nos han quitado nuestra manera de disfrutar. Y como vivimos por encima de nuestra inmediatez, aunque todavía no se ha empezado a emitir en televisión, no paramos de hablar de la producción de Campofrío. Lo bueno de estos spots, tanto el del año pasado como el de este, es que tiran del buen rollo. También es verdad que a mí el de El Almendro siempre me ha deprimido. Me recordaba a Carson McCullers cuando decía aquello de que tenía que volver a casa de vez en cuando para renovar su sentido del horror. Y la Navidad es la mejor época para ello.

Lo gracioso es que ponen de banda sonora Suspiros de España (canción triste de cualquier street). Y tiene el mismo efecto que Resistiré, del Dúo Dinámico. Estimulante. El anuncio entero desprende el espíritu de Always look on the bright side of life, la canción final de La vida de Brian. Pero solo nos sirve a nosotros. Es de consumo interno, por muchos chorizos, salchichones y currículos que manden a Angela Merkel o a Standard and Poor' s. Solo los extranjeros que viven en España se dan cuenta de que nada ni nadie nos quita nuestra manera de disfrutar de la vida. En una fiesta en el Palacio de Cibeles me decía Arnaud Maillard, diseñador francés de Alvarno, que no parecía que en España hubiera crisis. Que en París (¡en París!) no hay tantas fiestas como en Madrid. Y Maillard trabajó como estrecho colaborador de Karl Lagerfeld durante 15 años (fue él quien reveló en un libro que el alemán lleva gafas oscuras para ocultar que se duerme y que se inventó esos cuellos altos de las camisas para que no se le vean las arrugas del cuello).

Pero es que a Susan Solomont, la mujer del embajador de Estados Unidos en España, le pasa algo parecido. La 'embajadora' escribe en la web de la embajada unas cartas sobre su experiencia en España. Son como las Cartas marruecas de Cadalso o las Cartas persas de Montesquieu, pero sin ficción alguna. En la número 26, la penúltima, escribe: "Muchos me habéis preguntado cómo afronta el país la crisis económica o 'la cosa' como alguien me lo tildó recientemente. Es cierto que España está teniendo graves problemas económicos. Como he explicado anteriormente, un exceso de desarrollo inmobiliario y un exceso de créditos bancarios han causado un grave problema de deuda, que ha desembocado en un desempleo muy alto y causado gran ansiedad respecto al futuro. Sin embargo, si te paseas por las calles de casi cualquier ciudad o pueblo, te encuentras con españoles amables y extrovertidos disfrutando en los restaurantes, bares y tiendas. Están con sus familias y sus amigos y queda patente un espíritu alegre. Una vez más, no quiero menospreciar los efectos de 'la cosa', pero es un verdadero testimonio del carácter español que el pueblo mantiene una maravillosa capacidad para disfrutar de la vida. Podemos aprender mucho de este espíritu, incluso en tiempos difíciles".

En el texto original inglés, Susan Solomont escribe 'la cosa'. Y 'la cosa' es el trasfondo del anuncio de Campofrío. El que se tiró de la "tratosfera", como dice Chiquito, no será nuestro y no lo podremos incluir en el elogio de lo español, pero "las magdalenas gigantes" sí (y no esa tontada de los 'cupcakes'). Estamos afectados por una crisis moral, política, social y económica. Pero en lugar de una Generación del 98, en lugar de Azorín o Baroja, tenemos los anuncios de una marca de embutidos. A lo mejor es lo que nos merecemos.

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