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Katy Mikhailova

Cuando el lujo deja de serlo

La moda sí es un lujo. La moda, desde sus orígenes –y no la ropa a secas que cumplía una función higiénica y social-, era algo que solo existía en el mundo de los ricos.

Katy Mikhailova
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La moda sí es un lujo. La moda, desde sus orígenes –y no la ropa a secas que cumplía una función higiénica y social-, era algo que solo existía en el mundo de los ricos.

"Porque la moda no es un lujo" es el leitmotive de Lefties –la gama de Inditex más barata en donde se venden prendas con taras de otras líneas del grupo gallego que no han sido vendidas en su momento-. Ahora bien, ¿quién pretende creerse que la moda no es un lujo? Antiguamente, con dos pares de pantalones, un par de zapatos y el traje del domingo bastaba.

"Recuerdo que una de las preocupaciones habituales durante mi adolescencia era quitarme el barro del pantalón", cuenta César Vidal a Federico Jiménez Losantos en La Libertad tiene un precio. Conversaciones, en el apartado de la infancia de ambos, narrando ese paralelismo y, al mismo tiempo, dialéctica, entre el frío y el calor que recuerda cada uno. Ahora sería casi impensable que un adolescente dijera algo similar.

La moda sí es un lujo. La moda, desde sus orígenes –y no la ropa a secas que cumplía una función higiénica y social-, era algo que solo existía en el mundo de los ricos. O sea, un 10% de la población durante el Antiguo Régimen –y probablemente, hasta la segunda mitad del s.XX, pues la palabra <moda> no dejó de asociarse exclusivamente a las élites de la sociedad-. Gabrielle –Cocó- Chanel fue una gran pionera en esto, acercando la moda a la funcionalidad, al pragmatismo, como lo hizo con esos míticos zapatos de punta en blanco y negro, consiguiendo que el zapato durara más, ya que la punta, al ser negra, no se ensuciaba tanto.

 Cierto es que el fenómeno ‘Zara’ y su aparente ‘democratización de la moda’ –el eslogan extraoficial de la firma- ha hecho más accesible al pueblo llano –y no tan llano, porque ya llega hasta las esferas más altas- un tipo de indumentaria cómoda, de cierta calidad y, sobre todo, moderna y para todos los gustos. De ahí que tenga sentido el que la moda no sea un lujo, sino una necesidad al alcance de todos. Por supuesto, necesidad creada y recreada en y por esta sociedad y los medios de comunicación.

Pues bien, ¿cuándo el lujo en la moda se convierte en un lujo menor?, ¿cuándo el lujo puede venderse a precios de lo que sería el ‘no lujo’? y ¿acaso el lujo y el ‘low cost’ podrían fusionarse en algún momento?

El ‘presunto lujo’ en la moda es un tema digno de estudio. El límite entre ‘luxury’ y ‘low cost’ se puede hallar en el precio: lo caro es lujo, y punto. Da igual si es plástico o papel de aluminio, que como tenga un nombre ‘chic’ y algún diseñador con pluma diga que hace arte, sumado todo esto a una tienda ‘cool’ en algún sitio ‘fashion’ donde se ofrezcan prendas a precios desorbitados, ya tiene adjudicada la etiqueta <lujo>.

Los outlets es lo más parecido al lujo pero con diferencia clara en el precio. Es ahí cuando el lujo de algún modo deja de serlo. Las Rozas Village ahora abre sus puertas a la firma griega de joyas FolliFollie para ofrecer relojes, bisutería y algunos que otros accesorios, siendo el complejo roceño el outlet más importante de toda España y probablemente de Europa. Algunas de las firmas más lujosas –tanto las que son lujo de verdad como las que se quedan solo en la apariencia y en el precio- cuentan con un espacio en Las Rozas Village. Loewe, Purificación García, Adolfo Domínguez, Lacoste, Ralph Lauren, Tommy Hilfiger, Bulgari, Versacce, Carolina Herrera, y una lista infinita, tienen su presencia también.

Sin embargo, hay firmas que reniegan de tener que recurrir a la venta a través de los outlets –al parecer, eso quita ‘caché’-. Véase el caso de Chanel o Louis Vuitton. Sin embargo, en la primera, ocurre una fusión interesante entre ‘luxuy’ y ‘low cost’, cuando se venden joyas que son bisutería pura y dura –no hablamos de piedras preciosas- que eso, a fin de cuentas, debería ser ‘bajo coste’, el precio que se les pone las convierte en lujo; y en la segunda firma mencionada el mix entre el lujo y lo barato se evidencia cuando se venden bolsos de plástico a precios muy altos.

Ahora bien, el outlet es una opción que tienen las firmas para poder poner en venta prendas de colecciones pasadas que no se han vendido o productos con algún fallo en la fabricación.

Sin embargo, no a todos los outlets les va tan bien. Ya venía anunciando yo desde verano que nos estábamos aproximando un poco a una burbuja –un poco, o bastante-. Outletic, un outlet online, acaba de sufrir un pinchazo prominente que lo ha deshinchado de un solo golpe. Así, entra en concurso de acreedores este portal de venta por Internet que se fundó en 2008. Pero la empresa se niega a anunciar el cierre de dicha plataforma, reduciendo la información a sus usuarios con un triste e incompleto "estamos mejorando nuestra web, en breve volveremos a estar operativos". A esto se le suma algo similar con VipVenta que en mayo solicitó también concurso. Si alguien estaba pensando en abrir un negocio de venta multimarca online, que se lo piense primero dos veces.

Pero sea como fuere, al final el lujo es algo relativo. Lo que para unos es poseer un bolso de piel de cocodrilo, para otros es poder visitar a su familia por Navidad. Una vez, en una entrevista, le pregunté a Enrique Loewe: ¿acaso no es mayor lujo aquél que no se puede comprar? Y su respuesta fue una afirmación rotunda. El lujo es, por ejemplo, la libertad. Leyendo La Libertad tiene un precio de César y Federico una se da cuenta de que el verdadero lujo es eso; la libertad de expresarte, de vivir acorde a tus ideales sin temor a morir, y si llegara el caso, hacerlo de pie y con orgullo. 

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