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Bodas de cristal

La boda de Lolita presenta inesperados parecidos con la de Jane Mansfield.

Rosa Belmonte
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Lolita y su boda con su ex Guillermo Furiase

Siendo Lola Flores más importante que Martin Luther King (al menos en España), parece mentira que no celebremos el aniversario de uno de sus grandes hitos. Mucho I have a dream estos días pero nada de Si me queréis, irse. Y el discurso del doctor King delante del Washington Memorial fue el 28 de agosto de 1963. La boda de Lolita, el 25 de agosto de 1983. Así que lo primero es lo primero. Recapitulemos. Lolita se casaba con Guillermo Furiase y en una entrevista previa en televisión había dejado caer algo así como que todo el mundo estaba invitado. Era un decir. En todo caso, siendo la ceremonia en la iglesia de la Encarnación de Marbella y no en un castillo con foso o en una finca inaccesible, lo lógico es que se acercaran los curiosos. Pero no tantos. Si en la iglesia caben unas 1.200 personas, allí había 5.000. Y 43 grados.

Como casi todo ha pasado alguna vez en otro sitio, algo parecido le había pasado a Jayne Mansfield, la actriz estadounidense que miró fijamente a Sofía Loren. La mamá de Mariska Hargitay (de Ley y orden: uve) fue mucho más temeraria a la hora de invitar al personal anónimo. En su ensayo Cómo hacerse famoso (incluido en Majareta), John Waters lo recuerda. Cuando iba a casarse con Mickey Hargitay en la Wayfarers Chapel, la capilla de cristal de Palos Verdes diseñada por Loyd Wright (hijo de Frank Lloyd Wright), prometió al pastor que sería una ceremonia íntima. "Al darse cuenta de la estupidez de su promesa, en el último minuto hizo que lanzasen sobre Hollywood desde un helicóptero millares de tarjetas rosas que decían: "Vea casarse a Jayne Mansfield a través del cristal", y anunciaban fecha, hora y emplazamiento". Luego cuenta el director de Pink Flamingos que acudieron hordas de curiosos que destrozaron el lugar y convirtieron la boda en un caos. Pero lo importante es que la rubia tetona salió al día siguiente en la portada de todos los periódicos.

Quizá John Waters exagera un poco. En el Herald Examiner del día posterior a la boda (el 14 de enero de 1958) se lee que se presentaron 8.000 fans y que la policía consiguió controlarlos en los alrededores. Pero que unos 1.500 consiguieron colarse hasta los pies de la capilla, desde donde podían verlo todo. Y que se pusieron a gritar "¡We want Mansfield! ¡We want Jayne!". En nuestra boda, la de Lolita, la única que gritaba (al público no invitado) era la gran Lola Flores: "No se puede casar. Si me queréis, marcharse. Si me queréis algo, irse" (esta es la frase original, que siempre nos comemos el "algo"). Y luego le decía a la policía nacional: "Hay que sacar a la gente o no se casa". Y a continuación, ya dirigiéndose al mundo en general: "Esto es una vergüenza. Es una vergüenza nada menos". Mientras, Lolita lloraba. Y El Cordobés, que era el padrino de boda, daba vivas. A sí mismo y a la novia. El final de la historia ya se sabe. Lolita y Guillermo se casaron en la sacristía. No comieron perdices sino una parrillada argentina y comida libanesa. Pero dieron a la cultura popular española uno de los grandes momentos del siglo XX. They had a wedding. Una muy gorda.

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