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La señorita Fontaine

Olivia de Havilland rehusó recoger el Oscar por 'Vida íntima de Julia Norris' (1946) cuando vio quién se lo iba a entregar. Su hermanita Jean Fontaine.

Rosa Belmonte
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Las dos hermanas, en los años 40 | Cordon Press

El enfrentamiento de toda la vida entre Olivia de Havilland y Joan Fontaine ha sido un tema recurrente y goloso. Uno muy atractivo dentro del ‘high gossip’ de Hollywood. La dos señoritas de cuna meneada no se podían ver. Digo de cuna meneada por aquello que Joan Fontaine dijo durante el rodaje de Rebeca para intentar hacerse valer (casi como señora de Manderley): "¡Mi madre era la honorable lady de Havilland, la primera dama de Guernsey!". A lo que Hitchcock, según contaba el gran cotilla Donald Spoto, le dijo en voz baja: "Eso es como ser la primera dama de Catalina", que es esa isla, casi pedrusco, que hay frente a Los Ángeles. Con respecto a la rivalidad fraternal, Christopher Hitchens escribió hace años en Vanity Fair sobre ello. Olivia de Havilland rehusó recoger el Oscar por La Vida íntima de Julia Norris (1946) cuando vio quién se lo iba a entregar. Su hermanita. Entonces las ceremonias no eran como las de ahora. Vamos, que dio media vuelta y dejó a Joan sola en el escenario con la estatuilla.

Era un pique como el de Bette Davis y Joan Crawford, cuando en 1963 esta no estaba nominada por ¿Qué fue de Baby Jane? y Bette Davis sí, pero la Crawford subió a recoger el Oscar que finalmente fue a la ausente Anne Bancroft. Fundamentalmente para dar en los morros a la Davis. Cómo no nos va a gustar el cine clásico si encima va acompañado de estas mamarrachadas (mejores extras que los de los deuvedés). También contaba Hitchens que según Olivia de Havilland, los líos con su hermana empezaron cuando Joan hizo comentarios sobre su primer marido y no quiso disculparse. Según Joan, lo que pasaba era que Olivia no quería tener una hermana, lo cual me parece una razón de mucho peso. Y, además, tampoco quería que esa hermana fuera actriz. Hombre, ha podido estar tranquila porque la Havilland siempre ha dado lecciones interpretativas a la Fontaine (y encima esta se ha muerto antes). El propio David O’Selznick, productor de Rebeca, lo reconocía: "Soy consciente de que requiere tiempo conseguir una buena actuación de la señorita Fontaine, pero todas las películas en la que he intervenido han tenido algún tipo de dificultad. La señorita Fontaine necesita que se trabaje con ella". Por ello resulta incomprensible que Cary Grant se quejara posteriormente en Sospecha de que Joan Fontaine le "quitaba la luz". ¿Pero cómo va a quitar luz o eclipsar Joan Fontaine a Cary Grant? En el único sitio donde había una luz fuera del propio Cary Grant era en el vaso de leche que él subía. La tenía que haber envenenado por pesada.

De todas maneras, buena actriz o no, el encanto de Joan Fontaine era muy grande. Es que si eres la protagonista de películas como Rebeca, Sospecha o Carta de una desconocida ya puedes tener la altura actoral de Paula Echevarría. Además, el blanco y negro viste mucho. Y me encantan todas esas rubias atemorizadas por Hitchcock. Pero más me gustan las que se subían a su chepa. Ejemplo: Carole Lombard en Matrimonio original. Hitchcock soltaba obscenidades. Solía utilizar un lenguaje soez, pero la mujer de Clark Gable lo superaba. Nunca la puso en apuros, como recordaba Spoto en Las damas de Hitchcock. Un día que se encontró con Lombard tras haber visto el material rodado durante el día, ella se quejó. "¡Vaya, has estado viendo las pruebas sin mí!". El le dijo que todas estaban muy bien. Y ella: "Eso me importa una mierda, lo que quiero saber es qué aspecto tenían mis tetas". Lo único bueno de que se muera Joan Fontaine u otra de las pocas estrellas del viejo Hollywood que quedan es que proporcionan percha para hablar de estas cosas, que son mucho más divertidas que las memeces de las perracas aburridas de ahora.

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