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La educación revisteril

Mucho nos metemos con la LOGSE y otras leyes educativas pero es que no todo se aprende en el colegio.

Rosa Belmonte
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Felipe VI con Mohamed VI en un viaje oficial | Twitter

Cuando se publican las preguntas del examen para acceder a la nacionalidad española siempre se hacen bromas. "Mencione bailes tradicionales de España". "Diga un refrán español". "¿Quién es el jefe de la Oposición?". "¿Cómo se llaman el Rey y la Reina?". "¿Cómo se hace la tortilla de patatas?". "¿Qué es el cachirulo?". Esta pregunta se hace en Aragón, claro. El cachirulo es el pañuelo anudado a modo de faja en la cabeza del baturro. Para ser español necesitas esos conocimientos. No sé qué conocimientos se exigen para ser guardia civil destacado en Ceuta. Pero lo del rey de Marruecos me ha dejado muerta, aunque es verdad que sólo sé lo que se ha publicado en El Mundo y tal como se ha publicado en El Mundo.

A ver. Que a principios de agosto, desde una lancha semirígida, pararon la de Mohamed VI (iban dos lanchas y tres motos de agua) a dos millas de Punta Almina. Porque el rey de Marruecos tiene una residencia en Rincón, a 15 kilómetros de Ceuta. En realidad, tiene residencias a todos los kilómetros de Ceuta que se nos ocurran. El sargento pidió a los ocupantes de la embarcación más grande que se identificaran. De pronto sale a cubierta "un hombre corpulento" y dice en español: "¿No saben quién soy?" (una variación de extranjero del "usted no sabe con quién está hablando"). Le contestaron que no. Se quitó las gafas de sol y, según el periódico, "uno de los guardias sí reconoció al rey Mohamed VI de Marruecos". Así que lo dejaron estar (el otro hasta llamó a nuestro rey, su hermano).

Uno de los guardias lo reconoció. Uno. Es verdad que leyendo el artículo no se sabe la distancia a la que estaban, pero de lancha a lancha no puede haber mucha. ¿Y sólo uno de los guardias sabe quién es Mohamed VI? Una fuente que vivió de cerca el episodio hace esta observación: "Menos mal que el sargento que mandaba la semirígida es experimentado y captó rápidamente la situación. Le toca a un joven recién salido de la academia y le pone los grilletes al rey". ¿Y les parece normal que un guardia destacado en Ceuta, o en Valencia, no sepa cómo es la cara, bien visible y reconocible, del rey de Marruecos?

Podrán decir lo que quieran de las revistas del corazón, pero los que nos hemos criado leyendo el Hola, Semana, Lecturas y Diez Minutos (cualquiera o todas) siempre hemos sabido el rostro que tiene Mohamed VI, sus modelos de chilabas desde que vino a la proclamación de Juan Carlos I, cómo ha ido engordando y lo que le brilla la cara. Y conocíamos a su padre, a su hermano y a sus hermanas. Más tarde a su mujer y a su hijo, el tirillas. Mucho nos metemos con la LOGSE y otras leyes educativas pero es que no todo se aprende en el colegio. O en las academias. De hecho, habría que recordar lo que decía Bernard Shaw: "La única vez que mi educación se interrumpió fue cuando me llevaron al colegio". Me siento como Melanie Griffith en Armas de mujer explicando al final de la película cómo se le ocurrió el negocio de la radio: leyendo Page Six, las páginas de cotilleo del New York Post. El saber no tiene lugar fijo. Pero el cachirulo sí tiene nudo.

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