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Los espléndidos 65 años de Ana Belén

Cumple Ana Belén sesenta y cinco años este viernes, 27 de junio, espléndida de figura.

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Podía perfectamente figurar con menos edad, dado su atractivo, pero ya es algo que Ana Belén tiene asumido, pues en diccionarios, diversos libros y diferentes biografías se ha divulgado hace mucho tiempo cuándo nació. Precisamente estos días aparece un nuevo volumen sobre su vida con el título "Desde mi libertad". Una madrileña que vivió su infancia, adolescencia y primera juventud en la modesta vivienda de un matrimonio de tres hijos –ella, la primogénita-, en el que el cabeza de familia, Fermín, se ganaba los garbanzos (nunca mejor dicho) como cocinero del Hotel Palace, en tanto Pilar, la madre, atendía la portería del edificio, sito en la calle del Oso, número 11, barrio de Lavapiés, en las merindades del típico Rastro.

Un hogar en el que entraba el dinero justo. Ya con diez años María del Pilar Cuesta Acosta hacía gorgoritos y participaba en los concursos radiofónicos entonces de moda, donde se daban oportunidades a los artistas noveles: "Conozca a sus vecinos", "Ruede la bola", "Todo vale"… Animados por los locutores más afamados: Ángel de Echenique, Ernesto Lacalle, Juan de Toro y sobre todo Bobby Deglané, en cuyo programa la futura estrella alcanzó su primer triunfo con su versión de "La flor de la canela". Pero lo mismo imitaba a María Dolores Pradera que a Marisol o incluso a Sara Montiel.

De allí saltó al cine: la productora Época Films le firmó un contrato para cuatro películas. La época en la que ya descubiertos Joselito y Marisol como niños prodigio querían hallar nuevas minas de oro. Y Pilarín Cuesta era una gran promesa. Sólo que su debut en la pantalla resultó un fiasco: Zampo y yo. A pesar de que el reparto estaba encabezado por Fernando Rey en el "rol" de un payaso. Y la productora se echó atrás y no rodó más cintas con quien acababan de bautizar como Ana Belén tras descartar el sobrenombre de María José, menos eufónico.

Un vecino de la jovencita, el maestro Estebarena, se comprometió a darle clases de música, que la pequeña recibió por muy escaso dinero, a veces incluso desinteresadamente: un año de solfeo y otro de piano. Su estreno discográfico acaeció en aquel 1965, disco de un par de canciones con una multinacional, a la que luego demandó judicialmente, representada claro por su padre, cuando sólo contaba catorce años. Otras ocho canciones correspondientes también a la mencionada película se editaron el mismo año, sólo que en otra discográfica. Ana Belén "las ha olvidado" y por su gusto no figurarían en su historia musical. Tres discos muy cotizados hoy en el mercado de los coleccionistas, que uno posee. No son tan malos como ella piensa.

Decepcionada tanto de sus primeros pasos cinematográficos y discográficos se valió de la amistad que inició en el rodaje con el responsable del vestuario de Zampo y yo para ingresar en una academia teatral y pisar por vez primera el escenario del teatro Español. Aquel providencial amigo era Miguel Narros, uno de los mejores directores, después, de la escena española. Y allí es donde a finales de la década de los 60 ella se reafirma como una prometedora actriz. Ganaba poco, quinientas pesetas al mes, pero era inmensamente feliz. Y ya no vuelve a un estudio de grabación hasta 1973, con el álbum "Tierra" y a un plató cinematográfico en 1970 cuando nos deslumbra con "Españolas en París", de Roberto Bodegas.

Entre medias fue desplegando asimismo su actividad televisiva en novelones y series. Como no es aquí nuestra intención evocar toda su biografía artística, la resumimos del siguiente modo: ha intervenido en más de una cuarentena de películas, supera las tres decenas de representaciones teatrales y alcanza sus cuarenta álbumes discográficos, con medio millar, aproximadamente, de canciones, entre las que existen muy variados estilos, desde la balada al pop melódico; especialmente ella se siente muy a gusto interpretando temas brasileños o emparentados con el jazz. Pero es que recordamos que hasta cantó coplas en un programa televisivo de Carlos Herrera, cuando asistimos a su grabación en un teatro de Sanlúcar de Barrameda, para emitirse primeramente en Canal Sur. Es decir: Ana Belén es un caso de precocidad como actriz-cantante, brillando en ambas facetas; lo que no es muy común en el mundo del espectáculo español. Una estrella completísima.

Abordemos el plano personal. Mujer de cabellos castaños, de rostro atractivo, en el que resalta su mirada, con unos bellos ojos negros, y como todo el mundo sabe con llamativa dentadura. Herencia materna. Es un sello personal. Mide 1,66 centímetros de estatura, pesa algo más de cincuenta kilos y calza zapatos de la talla 38. En los años 80 Ana Belén figuraba en algunas encuestas como "la mujer más deseada de España", a quien Francisco Umbral piropeaba a menudo en sus columnas periodísticas. Musa de la izquierda, entonces, viejos tiempos de la Transición. No se le conocieron novios antes de que conociera a Víctor Manuel, lo que sucedió en La Coruña, en presencia de Julio Iglesias. Ambos cantantes estaban por aquellas calendas presentando juntos un espectáculo. Julio le reprochó cariñosamente aquella noche a Ana Belén que no quisiera ser su "novia" en la película "La vida sigue igual" y ella le respondió que no se quejara pues la elegida al final fue una guapísima Charo López.

Hubo "flechazo" entre Ana Belén y Victor Manuel, quienes acabarían casándose civilmente en Gibraltar harán pronto cuarenta y cuatro años, el 13 de junio de 1972. Eligieron ese lugar acordándose que tiempo atrás allí se habían desposado John Lennon y Yoko Ono. Fui el primer reportero en "cazarlos" dos o tres días después, cuando cruzaron el Estrecho y se desplazaron a la localidad valenciana de Torrente, donde el asturiano tenía contratada una gala. Al acercarme a ellos en la piscina del mismo hotel donde nos alojábamos, una vez sorprendidos de mi presencia y la de un compañero fotógrafo, me invitaron a compartir con ellos una paella. Al fin y al cabo, el novio y yo éramos amigos de hacía tiempo. Pero se negaron obstinadamente a posar juntos.

Siempre mantuvo la pareja un distanciamiento ostensible hacia la prensa rosa, lo que les originó ser considerados personajes Limón. Cuando firmaron contrato años más tarde con una misma discográfica multinacional se avinieron a hacer las paces con los mismos reporteros a los que antes repudiaban. Cuestión de intereses. Y entonces, más o menos veladamente, amén de contarnos sus éxitos musicales se prestaban a algunas confesiones de tipo más personal. Incluso cuando tuvieron su segunda hija, Marina, en 1983, la propia mamá me telefoneó para ofrecerme gratuitamente unas diapositivas del bebé, lo que asimismo hizo con otras tres publicaciones, renunciando a la millonada que les ofrecían por la exclusiva. En ese y otros aspectos siempre fueron coherentes con su pensamiento.

Ana Belén y Víctor Manuel | Cordon Press

Con el paso de los años el carácter temperamental de Ana Belén ha ido amainando; Víctor Manuel, en ese sentido, siempre se mantuvo más tranquilo y no lo conozco alzando la voz más alta que lo normal. Ambos se han respetado siempre y no se ha divulgado escándalo alguno que los comprometiera con alguna conquista. Son un ejemplo de matrimonio estable, muy queridos entre su grupo de amigos. Fuera de su círculo, han sido objeto de excesivas críticas, personales o referentes a su ideología.

Entre sus deseos incumplidos, voy a contarles que ella no ha conseguido aún rodar a las órdenes de Pedro Almodóvar. Disfrutó de una ocasión: cuando en 1995 el realizador manchego le ofreció el papel protagonista de La flor de mi secreto (aunque yo creo que ése fue el de Miguel Bosé). Y Ana Belén, al retrasarse los ensayos respecto a lo acordado, hubo de desistir de aquel personaje, porque debía cumplir una gira musical por Hispanoamérica, que finalmente fue a caer a manos de Marisa Paredes. Almodóvar, que sepamos, nunca ha vuelto a acordarse de Ana Belén. Por lo demás, en el pasado abril ambos estuvieron actuando en Argentina, Uruguay y Costa Rica, dentro de su gira "Canciones regaladas", título del disco que sacaron hace más de un año. Y en este inmediato junio les espera un reducido número de actuaciones junto a sus queridos colegas Joan Manuel Serrat y Miguel Ríos, anunciadas con la leyenda "El gusto es nuestro", la misma que utilizaron con éxito hace unas cuantas temporadas.

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