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Que te pinsho

La felicitación de Paz Padilla con su hija y la señora sirviéndole leche ha montado uno de esos líos azuzado por la burricie colectiva.

Rosa Belmonte
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Paz Padilla la lía | Instagram

En uno de los textos de París era ayer (Alba Editorial), Janet Flanner calificó la Guerra de Secesión estadounidense como ese conflicto en que unos propietarios se pelearon por los criados. Ahora parece que Paz Padilla sea una de esas propietarias de algodonales. Recién salida de American Horror Story. Coven. La mismísima Marie Delphine LaLaurie (Kathy Bates), esa torturadora de negros. Gabourey Sidibe la ponía a ver Raíces en una de las escenas más divertidas de la serie. La felicitación navideña de Paz Padilla en Instagram con su hija y la señora que tiene empleada sirviéndole leche ha montado uno de esos líos azuzado por la burricie colectiva. Las leches le han caído a Paz. La señora es negra, pero lo mismo les habría dado otra raza. Porque similares comentarios se leyeron de Las Campos. Y no solo de huevitos y asimilados en Twitter, también de gente que escribe en medios de comunicación. Las Campos tienen servicio, vaya. Con uniforme. Y les llaman señora. Habrase visto.

A Paz le recuerdan que viene de una familia humilde. Y ahí te quedas. La llaman "explotadora". Clasista, elitista. Madre mía, ni que tuviera un niño haciéndole aire como Eleanor Parker en Cuando ruge la marabunta (este es el título cinematográfico que mejor va a lo que cada tres días pasa en las redes sociales). Y en lugar de salir diciendo "que te pinsho", como la Chusa en La que se avecina, Paz Padilla publicó más fotos con empleados o asistentes. "Por lo visto algunos van a decir de vosotros que os he explotado, os quiero porque me hacéis la vida más fácil, sois muy buenos profesionales. Son fotos que he colgado anteriormente en mi Instagram", explicaba. Da igual. Es imposible razonar. Paz Padilla también es negra. En La que se avecina es quien escribe las novelas a la Cuqui. A una velocidad que ni las taquígrafas de las Cortes. Padilla ya había tenido un follón hace meses a propósito de su empleada. Estaban en Sálvame hablando del segundo marido de Raquel Mosquera y la conversación culminó con un discurso de Padilla: "Mi muchacha es de Kenia y la verdad es que la quiero muchísimo y me han sorprendido mucho los negros, de verdad. Porque son supertrabajadores, superhonestos y muy cariñosos. Es algo que nunca tenía relación, yo nunca he tenido relación con negros, de verdad… Quiero mucho a mi negra. Yo le digo mi negra pero la quiero muchísimo". Otro follón. No aprende. ¿Pero de dónde somos? ¿De un campus estadounidense agilipollado? La Habana es Cádiz con más negritos. Cádiz, La Habana con más salero. Cualquier día se dirige la turbamulta a Antonio Burgos.

Este año, uno de los libros más celebrados y sobrevalorados ha sido Manual para mujeres de la limpieza (Alfaguara), de Lucia Berlin. En el relato que da título al libro, la redescubierta Berlin escribe: "Las señoras siempre suben la voz un par de octavas cuando les hablan a las mujeres de la limpieza o a los gatos". Alguna vez he oído que el servicio es la maldición de los ricos. Instagram es la maldición de los ricos. Y Twitter. Y lo que sea que dé voz a cualquiera. Los que se escandalizan por lo que no es pieza de escándalo, ni siquiera de comentario malvado, merecen a modo de like un "que te pinsho".

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