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Ricardo Darín: "Al morir mi padre fui a recoger sus pertenencias...¡y no tenía nada!

El actor no ha perdido nunca el sentido de la realidad en una profesión como la suya supeditada siempre un poco al azar.

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Ricardo Darín: "Al morir mi padre fui a recoger sus pertenencias...¡y no tenía nada!
Ricardo Darín | Cordon Press

Pasa unos días en España Ricardo Darín. Primero estuvo en Málaga, en cuyo festival de cine presentó su última película, Nieve negra. Unos días después ha pasado por Madrid para idéntico propósito de promover este thriller en el que confiesa haber hablado lo justo, muchísimo menos que en cualquiera de las cuarenta películas que lleva protagonizadas hasta la fecha. En esta ocasión lo enfrenta a otro estupendo actor como él, su compatriota Leonardo Sbaraglia: dos hermanos que después de veinticinco años se reencuentran con el propósito del personaje que defiende este último de que aquel acceda a la venta de la vivienda que les dejó su padre. Todo ello en un escenario localizado en plena Patagonia, a dos mil y pico metros de altitud, que obligó a actores y equipo técnico a sobrevivir a muy bajas temperaturas.

Para Ricardo Darín la figura de su padre es a menudo un referente a la hora de enfrentarse a una cámara de cine, sobre todo si el guión tiene que ver con el progenitor del personaje que le ha caído en suerte, como en esta ocasión o también en La señala. Sobre él, reflexiona: "Era irónico, distante, inteligente…". Y actor de profesión. Con él empezó a trabajar en el teatro y en programas de televisión siendo muy niño. Pero esa relación se rompería cuando con doce años de edad Ricardo Darín vivió la dramática separación de sus padres: se peleaban continuamente, se insultaban. En ese ambiente sórdido, él mismo llegó a pedir a su progenitor que se fuera de casa. Y el padre se fue.

Y un tiempo después, el joven actor que era entonces Ricardo Darín, aun manteniendo su vocación artística, pensó en abandonar: "Perdí la ilusión en ese mundo de fantasía que eran las luces, los micrófonos, las escenografías de un estudio de televisión. Pero me di cuenta que con mi trabajo de actor contribuía en mi casa para ayudar a mi madre, separada de mi padre. Y ya no pude ocultar que deseaba seguir trabajando como actor, en una época dorada donde en esta profesión se ganaba uno muy bien la vida".

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No obstante su progresión como protagonista de muchas comedias teatrales, televisivas y cinematográficas, Ricardo Darín no ha perdido nunca el sentido de la realidad en una profesión como la suya supeditada siempre un poco al azar, desde luego a una constante: la inestabilidad económica y profesional. No ha sido exactamente su caso por muchos vaivenes que tenga su biografía artística, donde al final contamos más sus triunfos que sus reveses. Y es algo que no olvidará como lección del destino. Cuando lo avisaron de que había muerto su padre se desplazó con sus hermanas hasta el lugar del óbito, la vivienda en la que habitaba desde su separación matrimonial. "Al ir a recoger sus pertenencias –recordaba Ricardo Darín- advertí que no había nada. En tres cajas de zapatos me llevé todas sus cosas. Era un poeta anarquista". Aquel viejo actor, conocido en Argentina, que tanto había trabajado toda su vida, le daba aquella última lección en esas tres cajas de zapatos, imagino que conteniendo tan sólo algunas cartas, fotos, y poco más.

La experiencia que acumula a sus sesenta años cumplidos en enero último, con más de medio siglo actuando, no es suficiente para que declare que no es amigo de dar consejos a nadie; ni a jóvenes actores, que además no se los piden, ni siquiera a su propio hijo, Chino Darín, últimamente radicado entre nosotros. Dice que éste tiene sus propios conocimientos, su técnica, y así es mejor que cada cual elija el mejor camino que prefiera. Debutó en 2010 en una serie de televisión argentina, Alguien que me quiera. De ello, comenta: "Cuando lo vi actuar confieso que me puse nervioso. Pero al verlo luego en un escenario con tanta autoridad, me relajé. Lo que más me emociona de él es que es buena gente y educado".

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Sin duda Chino Darín ha aprendido de su padre, todo un señor: cordial, afectivo, cercano, y nada divo. Siendo el mejor actor argentino de su generación. En España se le quiere en la misma medida que lo admiramos. Volverá el mes de septiembre para representar otra vez la comedia dramática Escenas de la vida conyugal.

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