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Diana de Gales quiso casarse con el doctor Khan... pero acabó muriendo con Dodi Al Fayed

Se cumplen 20 años del trágico accidente de Diana de Gales. 

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Se cumplen 20 años del trágico accidente de Diana de Gales. 

Desde aquella nefasta madrugada del 31 de agosto de 1997 cuando Diana de Gales falleció en el hospital parisino Pitié-Salpêtrière, el mundo entero quedó conmovido por el trágico accidente que costó la vida a quien era considerada "la mujer más famosa de la tierra". Infinidad de libros, millones de artículos periodísticos, documentales, películas, fotografías, están presentes en bibliotecas y hemerotecas, ahora en Internet, que se incrementan estos días hasta la saciedad. Resulta muy difícil, diríamos que casi imposible, aportar algo nuevo sobre esa mujer que concitó en vida la atención de millones de personas. Por su boda con el heredero de la Corona británica. Y también por su desgracia. No había encontrado entre los suyos el cariño que esperaba. Y cuando contrajo matrimonio en la catedral londinense de San Pablo, en Londres, en agosto de 1981 con Carlos de Inglaterra, lo hizo muy enamorada. Cierto que esa boda fue de algún modo impulsada por el deseo de los padres del novio. Mas éste, que la había consentido, engañó deliberadamente a Diana Spencer antes, durante y después del matrimonio, con Camilla Parker Bowles. Vergonzosas aquellas cintas magnetofónicas en las que, por vía telefónica, Carlos le decía a su amante que era para él como… un "tampax". Da grima reproducirlo. Ni la existencia de los dos hijos del principesco matrimonio, Guillermo y Enrique, pudo influir para que en 1992 aquella pareja hiciera aguas. Cuatro años después ya estaban divorciados.

Mientras tanto, Lady Di, víctima de una permanente depresión y una preocupante bulimia, caía en un pozo de soledad y abatimiento. Que quiso combatir de manera desesperada, como una venganza contra su infiel ya exmarido. Peligroso modo para superar su enorme tristeza el que desarrolló enamorándose en poco tiempo de varios hombres, que aparentemente pudieron hacerla feliz. Aunque más bien fueran amores intempestivos, surgidos de la urgencia de su estado convulso, de una ansiedad impropia de quien antes de su boda había sido una joven romántica, discreta, más bien tímida.

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Diana, Isabel y Carlos | Archivo

La lista de esos romances comienza con el hijo de un rico fabricante de ginebras, James Gilbey, que llegó a grabar conversaciones telefónicas con la princesa de carácter íntimo. Creyó Diana haber encontrado a alguien con quien rehacer su amargada existencia. Y se equivocó. Lo mismo que con James Hewitt, instructor de equitación de la Familia Real, quien comerciaría luego con cartas que le escribió la confiada princesa. Oliver Hoare, un marchante de arte, también quiso conquistarla al igual que Will Carling, jugador de rugby. Todos esos pasajes sentimentales acabaron por desquiciar aún más a la pobre ex esposa que había soñado alguna vez con ocupar el trono regio británico, siquiera como consorte.

No se ha contado mucho –lo que resulta para nosotros sorprendente- sobre la atracción que sintió Lady Di, hacia un hombre, aparentemente insignificante, que pudo haber cambiado la vida de ambos. Me refiero al doctor pakistaní Hasnat Khan. En noviembre de 1996 (es decir, un año antes de la muerte de la princesa) el diario sensacionalista Sunday Mirror informó del idilio con ese cirujano cardíaco. Pero a pesar de que otros medios, ingleses e internacionales, se hicieran eco de ello, pasados unos meses el nombre del médico quedó un tanto olvidado. Sin embargo, el amor que la princesa de Gales sintió por él fue verdadero. Llevada tal relación de manera muy discreta, aunque los sabuesos del periodismo perseguían a todas horas a Diana cada vez que se desplazaba desde su residencia, el palacio de Kesington, que le había sido otorgada por la Familia Real tras su separación y posterior divorcio.

Había conocido a dicho cirujano cierto día que recorrió varios hospitales de Londres, en visita digamos oficial. Se atribuye a Lady Di este comentario: "Quiero casarme con él y tener hijos". Porque después de aquel primer encuentro protocolario ella misma propició que se vieran en otras ocasiones, casi siempre en el modesto apartamento que habitaba Hasnat Khan, a quien la guardia que vigilaba el palacete de Kesington facilitó la entrada al menos en un par de ocasiones. Todo hace suponer que ambos mantuvieron una relación amorosa completa. Los "paparazzi" los perseguían, por lo que evitaban aparecer juntos. Seguían viéndose en ese pequeño apartamento cercano al hospital donde operaba el doctor, cada vez más molesto al aparecer fotografiado en las portadas de los tabloides londinenses. Se tenía por hombre serio y responsable, entregado a su carrera y no estaba cómodo al verse envuelto en comentarios frívolos, que escuchaba a sus espaldas de boca de sus propios compañeros o enfermeras de su centro médico. Un documental, biopic sobre la princesa, Diana, estrenado en 2013, donde la actriz Naomi Watts daba vida con bastante acierto al personaje de Lady Di, mantenía el argumento de que ella quería casarse con Hasnat Khan; irse los dos de Inglaterra si fuera preciso, aunque debería arreglar la cuestión de seguir viendo a sus hijos. Se contaba que hasta pidió recomendación al famoso doctor Christian Barnard, el primer cirujano que hizo un trasplante cardíaco, para que Watts fuera contratado en su prestigioso hospital, pero que éste, al enterarse, rechazó tal propuesta. De igual modo se aseguraba que Diana hizo un viaje, en solitario, a Pakistán, únicamente para conocer la familia del doctor Khan. La madre de éste, supuestamente, no vio con buenos ojos que su hijo pudiera ser feliz casándose con la princesa.

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Pero a pesar de su encendido enamoramiento hacia el cirujano pakistaní, y aunque éste también le correspondía compartiendo noches de pasión, Diana de Gales terminó aceptando que la soledad parecía ser su permanente compañía; que se le negaba ser feliz como cualquier otra mujer deseosa simplemente de tener un hogar y unos hijos. Dos tenía, pero cuando firmó su divorcio estuvo de acuerdo, a la fuerza desde luego, de que Guillermo y Enrique estarían bajo la custodia paterna y la educación según el protocolo regio británico. El doctor Khan, penosamente, le dijo que no podían seguir viéndose a escondidas. Tampoco deseaba exhibirse con ella en la calle. Luego concluyeron su relación de manera penosa para los dos. Cuando después él quiso reanudar su íntima amistad con Diana… ya era tarde.

Cansada de esperar a un hombre que la hiciera feliz, con la pena de que ha quien había querido con todo su corazón –después del príncipe Carlos- fue al doctor Hasnat Khan y que éste la desdeñó porque ponía por encima de su amor hacia ella la vocación médica que mantenía, sin importarle honores ni dinero, Lady Di aceptó la invitación que le llegó de parte de Mohamed Al Fayed, al que había conocido superficialmente poco tiempo atrás. Con él vivió intensamente unos meses en islas paradisíacas, en el yate de lujo del hijo del dueño de los almacenes Harrod´s. Un play-boy que vivía de los millones de su progenitor, sin dar "un palo al agua", engreído y seductor, que se había propuesto conquistarla a toda costa, con supuestas promesas de matrimonio. Ella vivió esas semanas como en una nube de ensueño. En el documental al que nos hemos referido con anterioridad aparecía el personaje de la princesa confiando a un periodista amigo dónde iba a estar ese verano de 1997, para que los captara juntos. ¿Qué pretendía con ello? Sin duda llamar la atención de su "ex" para que se enterara de que no se dejaba ganar la partida sintiéndose sola y abatida. Docenas de reporteros gráficos, también enterados de su estancia en Portofino, los perseguían con sus potentes teleobjetivos. La prensa mundial se dio por enterada de que Diana de Gales estaba ahora de nuevo enamorada, que dormía bajo el mismo techo que su amante Dodi Al Fayed. Pero ¿de verdad había hallado en este galán multimillonario, sin oficio pero desde luego beneficio, al hombre que reemplazara en su dañado corazón a Carlos de Inglaterra y al doctor Khan? Daba la apariencia de mostrarse más serena, de mantener sus sonrisas, de ser feliz, en una palabra. Pero esa supuesta elección amorosa tan frívola chocaba con otros sentimientos suyos más reales y auténticos, cuando visitaba enfermos, se interesaba por ONGs, veía a la madre Teresa de Calcuta y, en definitiva, mostraba la otra cara de su personalidad.

Algunos amigos íntimos de Lady Di le preguntaron si de verdad su lío con Dodi iba en serio. A lo que según algunos testimonios de esas cercanas personas de la princesa, ella contestó riéndose: "¡No hagáis caso! Es sólo un amor de verano". Llegado el último día del mes de agosto, hace exactamente veinte años, quedó para siempre el enigma de si Diana de Gales se hubiera casado con Dodi Al Fayed o, quizás, hubiera reanudado su relación con el doctor pakistaní. Lo único cierto es la leyenda de una mujer que encandiló al mundo entero.

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