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Las tragedias que convirtieron a Madonna en la reina del escándalo

Escándalos, maridos, amantes, seis hijos…

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Las tragedias que convirtieron a Madonna en la reina del escándalo
Madonna | Archivo

Está considerada "La reina del pop". Y también "La ambición rubia". Una artista polémica, perseguida por los escándalos, sus continuas provocaciones, que ha tenido una gran influencia musical en otras colegas de su generación. Madonna cumple 60 años este 16 de agosto, cuando ya su biografía sentimental languidece. Se ha vuelto menos enamoradiza. Vive para sus hijos. Tiene un palacete en Lisboa donde ha encontrado últimamente cierta tranquilidad. Aunque en cualquier momento ella, con su irascible y voluble carácter, puede alterar sus proyectos. Ni remotamente ha pensado en retirarse. La vida de Madonna tiene episodios melodramáticos. Hija de padre italo-americano y madre franco-canadiense vino al mundo en el estado americano de Michigan el 16 de agosto de 1958. Su madre murió de cáncer cuando Madonna, cuyo nombre completo es Madonna Louise Verónica Ciccone, contaba sólo cinco años. La enfermedad de su madre la vivió paso a paso, viendo cómo se deterioraba día a día. Y eso marcó su existencia. Tuvo que hacerse cargo de sus hermanas menores. Y cuando el padre volvió a casarse con el ama de llaves de la familia, Madonna empezó a odiar a su progenitor y a acordarse permanentemente de la madre muerta.

La adolescencia de Madonna fue dura. Solitaria, rebelde, descuidaba su físico. Con su actitud, como si nada le importara ya en la vida, estrenó su primera juventud. Dejó su casa, marchando a Nueva York, con sólo treinta y cinco dólares en los bolsillos, sin realmente saber qué hacer para su supervivencia. Trabajó de camarera, se enroló en un ballet y allí es cuando se despertó en ella, de pronto, un deseo de ser artista.

Un suceso vino a perturbar aún más su inestable carácter. Cierta noche, camino de su modesto apartamento, fue violada por dos hombres desconocidos que la introdujeron en una oscura calleja donde la obligaron a practicarles una felación. Aquello le produjo una dolorosa situación de impotencia, de odio hacia los hombres. No obstante conoció a uno de sus primeros amores, el músico Dan Gilroy, su compañero por un tiempo con quien formó una banda musical. Y entre actuaciones y búsquedas de un futuro mejor dio con otro músico y compositor, John Benítez, que la instruyó en nuevas técnicas a base de un sintetizador, estrenando un estilo de música-disco. Eran los primeros años 80, la década en la que Madonna iba a conseguir triunfar en su carrera. En 1984 fue número uno mundial con "Like a virgin", que inició con ella un estilo muy personal, a base de provocaciones. Mentes conservadoras la empezaron a considerar como un espíritu poco menos que demoníaco. Ella se defendió diciendo que su canción debía considerarse ambigua, y que en ningún momento había pretendido defender o atacar la virginidad. El caso es que, con ese tema, se convirtió en una artista acusada como mínimo de desvergonzada. Contribuyó mucho a ello sus coreografías, sus movimientos eróticos, una ropa de lencería que fue imponiendo entre la juventud de todo el mundo, envuelta en un aire sofisticado, entre "punk" y "new romantic". Y cuando fueron estrenándose sus películas, caso de Buscando a Susan desesperadamente y Evita, entre otras, aumentó su popularidad.

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Ya su vida era otra. Dejó aquella época de pueblerina en Nueva York, cuando para comer y pagar la habitación donde dormía no tuvo más remedio que recurrir a posar desnuda para un fotógrafo del montón quien a cambio de pagarle veinticinco dólares por sesión la tuvo ante su cámara en pelotas. Siendo ya una artista popular aquellas imágenes acabaron en la mesa de los directores de Playboy y Penthouse, quienes no tuvieron pudor alguno en publicarlas, tras pagar cien mil dólares. A Madonna no le produjo malestar alguno. Llevaba su vida sin importarle las críticas. Con sucesivos amantes: el actor porno Tony Ward, el rapero Vanilla Ice… Hasta que conoció al complicado actor Sean Penn de quien se enamoró locamente. Diríase que era la unión de dos personalidades irascibles, enfrentadas al tres por dos. Se casaron en 1985 y aguantaron juntos cuatro años, hasta que Madonna arrojó la toalla harta de que Sean la maltratara físicamente y de palabra, acusándolo ante un juez de ser un alcohólico agresivo.

Más estable fue su relación con su preparador físico, un latino de nombre Carlos León, con el que tuvo a su hija Lourdes María en 1996, hasta que tarifaron y en el año 2000 cayó en los brazos de Guy Ritchie, con el que alumbró a su segundo bebé, Rocco. Ocho años duró ese segundo matrimonio de Madonna, quien seguía siendo la estrella indiscutible del pop americano. "Material girl", "La isla bonita", Vogue, fueron algunos de sus incontestables éxitos, pero sobre todo otro número uno, "Like a prayer", evocación de los duros momentos familiares vividos en su infancia. Algunos comentaristas creyeron ver en algunas de las letras de Madonna una apelación continua a su pasado, incidiendo a menudo en detalles autobiográficos, pero ella se defendió comentando que no lo hacía a propósito para remover episodios lamentables y así conmover a sus admiradores. Le salían así sus argumentos y no había que darle más vueltas al asunto.

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Conforme iba avanzando los primeros años del nuevo siglo, mientras constantemente renovaba su repertorio con frecuentes cambios, para no quedarse atrás ante sus rivales, también tomó conciencia como madre al aumentar su familia, recurriendo a la adopción. Primero llegaron a su hogar dos niños malayos, David y Mercy James, hacia 2006. Divorciada de Ritchie dos años después, adoptó a dos pequeños más, Estare y Stella. En total, tiene media docena de hijos.

Madonna viene desplegando una actividad intensa, no solamente referida a sus grabaciones y galas en directo: es dueña de un sello discográfico, "Maverick"; diseña sus propios vestidos, escribe libros para la infancia, dirige algunos de sus interesantes video-clips, es empresaria y productora de espectáculos. Se calcula que ha vendido más de trescientos millones de discos en todo el mundo, lo que la convierte en la primera estrella que alcanza tal cifra. Y entre las cantantes norteamericanas es la segunda en la lista de mayores vendedoras de discos, a continuación de Barbra Streisand, que es quien ostenta el liderazgo.

Hace algún tiempo descubrió la capital portuguesa, adquirió una amplia y céntrica mansión y viaja a menudo a Lisboa, donde ha decidido centrar allí sus operaciones artísticas. Dispone de varios automóviles de alta gama, que son la envidia de los lisboetas, algunos de los cuales se han quejado al alcalde, acusándolo de favorecer a la cantante, que aparca donde le place. Pero el munícipe trata de ser contemporizador, aludiendo a que teniendo una residente de la fama de Madonna eso da prestigio a la ciudad y es un escaparate para el turismo local.

De pronto, días atrás, como si una caza de brujas se tratara después de los ataques furibundos a ese productor de cine tachado de aprovecharse sexualmente de sus estrellas, hemos sabido que la modelo francesa Amande Cazalet, musa de Jean Paul Gaultier, se ha destapado públicamente recordando que en 1990 aceptó protagonizar un video clip con Madonna, el de la canción "Justify my love", percibiendo por su trabajo seis mil euros. Tenía que aparecer besándose en la cama con ella. Amande la acusa ahora de aprovecharse, al introducir Madonna su lengua en la suya, algo no indicado en el contrato. ¿Y por qué ha esperado veintiocho años en denunciarlo? Insiste en que no sólo se excedió en sus ardorosos ósculos, sino que la persiguió epistolarmente, enviándole frecuentes mensajes amatorios, a los que nunca respondió.

Con Madonna puede decirse parafraseando a aquella película, eso de que con ella va el escándalo.

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