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La caída en desgracia de Linda Blair, la niña de 'El Exorcista'

Linda Blair acaba de cumplir 60 años. Nunca logró igualar su primer éxito como actriz.

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Linda Blair acaba de cumplir 60 años. Nunca logró igualar su primer éxito como actriz.
Linda Blair en Playboy | Gtres

Quienes en 1973 acudieron a los cines para ver la película El exorcista probablemente no han olvidado a su protagonista, Linda Blair, que ha cumplido este 22 de enero sesenta años. "La niña del exorcista", como fue denominada desde entonces interpretó el papel de Regan McNeil, poseída por el demonio. La crítica alabó sin fisuras de qué manera la jovencísima actriz, de sólo catorce años, hizo creíble aquel personaje, transformándose físicamente, pronunciando sonidos guturales, entre gritos y aspavientos, sin dejar de proferir frases obscenas. William Friedkin, el realizador, supo dirigirla con tacto y eficacia. El resultado de la cinta fue todo un éxito en taquilla. Los espectadores salían a la calle entre conmovidos y espantados tras lo que habían visto en la pantalla.

Linda Blair parecía predestinada a convertirse rápidamente en un mito adolescente con proyección futura en el cine. Pero las especulaciones que se hicieron sobre el mañana de Linda Blair resultaron baldías, y no porque ella renunciase a continuar su carrera. Desde luego, esta muchacha menuda de estatura, natural de San Luis, estado norteamericano de Missouri, no había pensado en ello antes de su debut ante las cámaras. Si se sometió a las pruebas pertinentes para ser elegida en El exorcista fue para, en caso positivo como así sucedió, pagarse las clases de Veterinaria, estudios que luego ya no pudo iniciar. Una vez que comenzó a saborear eso que llaman las mieles del éxito, dinero, popularidad, sufrió algo inesperado: a su domicilio llegaban a diario amenazas de muerte, por teléfono y correo. De individuos y asociaciones que no aprobaban el argumento de El exorcista. Unos fanáticos que tomaron a Linda Blair como víctima apropiada. ¿Por qué no dirigieron sus venablos hacia los productores, por ejemplo? Enterados éstos, los prebostes de la Warner Bros, contrataron unos guardaespaldas para que protegieran a la inocente y asustada actriz. No obstante, Linda Blair se vio obligada a cambiar de vivienda, con el consiguiente trastorno, muy afectada psicológicamente ya no por los duros días de rodaje, sometida a varias horas en la sala de maquillaje, sino por la persecución a la que se vio envuelta, tan injustamente.

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Linda Blair en El Exorcista | Archivo

Le costó aceptar intervenir en El exorcista II, titulada "El hereje", que al final resultó un fracaso. Conforme se acercaba a la mayoría de edad, Linda Blair fue cambiando su fisonomía, lo que interrumpió un tiempo su carrera cinematográfica. En ese periodo tuvo una intervención en Aeropuerto 75, sin mayores consecuencias para ella, pero entró en una fase depresiva, que quiso combatir a base de drogas. Acabaron deteniéndola no ya por uso particular de cocaína, sino acusada de traficar con ella. Cumplido el arresto, obtuvo la libertad condicional por tres años, en tanto se sometía a sesiones intensas de rehabilitación, a cambio también de realizar trabajos de tipo social. La benevolencia del juez no impidió que aquella joven de diecinueve años, fuera destruyéndose poco a poco, hasta ser internada en un psiquiátrico. ¿Cómo es posible que en apenas cuatro, cinco años, Linda Blair cayera en aquel precipicio? Teniéndolo todo en su mano después de su inesperado pero grandioso triunfo en El exorcista, ¿qué le ocurrió, quién o quiénes la empujaron para terminar siendo una muñeca rota?

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Tuvo un primer novio llamado Rick Springfield, un cantante rockero de Australia, diez años mayor que ella, con quien no estuvo mucho tiempo. Sufrió un desengaño que luego quiso superar enrollándose con otro músico, Rick James, que contribuyó a destruirla, pues comprobado estuvo que fue quien la introdujo en el falso paraíso de las drogas. Aquel tipo, el de "Super Freak", de estilo "funky", le dedicó una canción, "Cold Blooded", que respondía al habitual contenido de su repertorio, a base de alusiones eróticas e incitación a la droga. Y todo eso era sabido en Hollywood. Cuando Linda Blair, al fin, alejado ya de ella aquel pernicioso amante, y rehabilitada aparentemente, pudo rodar algunas escenas en "Roiller Boogie", año 1979, y en series como Perry Mason y Vacaciones en el mar. Pero aquel futuro espléndido que le habían vaticinado en el mundo del espectáculo se iría difuminando. Y como se vio necesitada de dinero no tuvo inconveniente en posar desnuda para varias revistas, en los años 80, entre ellas Playboy. De esa forma también trataba de demostrarse que tenía atractivo suficiente, ya no para infundir terror como en El exorcista, sino con propósitos sensuales. Y sí, su cuerpo podía incitar a los lectores de esas publicaciones, mas no era un reclamo que entusiasmara a posibles productores de cine. Ya no la contrataban, era una figura maldita más en el complejo universo de Hollywood. El único recurso que le quedó, como a tantos malogrados actores, fue "ir tirando" cuando conseguía algún papelito en series ínfimas de televisión, o en las de serie B de la gran pantalla.

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Con William Peter Blatty y William Friedkin, en 2010 | Gtres

Eso que llaman "reinventarse" lo practicó Linda Blair, una vez convencida de que el mundo de la interpretación había acabado para ella. Como los caballos siempre fueron su pasión, desde niña, practicó de nuevo la equitación, se involucró en varias fundaciones protectoras de animales, publicó un libro con recetas de cocina para vegetarianos y diseñó unas colecciones de ropa. No volvió a casarse, no tuvo hijos. Y a sus sesenta años que celebró estos días, Linda Blair guarda desde luego melancólicos recuerdos de su adolescencia, cuando la llamaron "La niña del exorcista".

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