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El delirante episodio en el que Karina montó en cólera con Juanmi (y sus otros fracasos)

Karina salió espantada de su última visita a los platós televisivos.

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La boda de Karina y Juanmi | Archivo

La espantada de Karina el pasado fin de semana en el programa de Telecinco Sábado DeLuxe", del que se marchó enfadada y entre algunas lágrimas al sentirse agredida verbalmente por algún contertulio, ha sido motivo de comentarios, en general a favor de la cantante. Quien no obstante, por su veteranía, creemos podía imaginarse alguna encerrona dada las características de dicho espacio, donde suelen salir a relucir algunos trapos sucios o asuntos que molestan a los protagonistas invitados. Que cobran un talón bancario por escuchar un pim-pam-pum de preguntas, a veces de mal gusto. Ese es el juego y quienes se someten a él pagan un precio a su vez.

Karina no es que tenga trapos sucios que esconder. La conocemos desde sus inicios de carrera, los primeros años 60. Nacida en Jaén en diciembre de 1945, por lo tanto con setenta y dos años cumplidos, se instaló con los suyos en Madrid a partir de 1959. Sus padres, Salvador y Trinidad y sus dos hermanos mayores, Paco y el llamado como el progenitor. Buscaban rehacerse económicamente porque el negocio familiar, una peletería, los había dejado arruinados. Don Salvador Laudes, por otra parte, se fue desvinculando del clan, al punto de que nunca se le veía el pelo en la casa que alquilaron en la capital. Y Maribel, que es el verdadero nombre de la cantante, se fue haciéndose mayor, bajo las faldas de su madre, que fue quien la alentó en sus primeros estudios musicales, de piano y solfeo en el Conservatorio madrileño. Algo tímida, comenzó a participar en los programas-concurso de intérpretes noveles, coincidiendo en ellos con Rafael Martos, futuro Raphael, y Mari Pili Cuesta, la posterior Ana Belén. Maribel se nutría de versiones ya estrenadas por el Dúo Dinámico y otros nombres ya populares.

En 1961 aparecieron los primeros discos suyos, como Maribel Llaudes, que pasaron al principio inadvertidos para el gran público. Uno de sus temas era el "jingle" publicitario de un aceite para motores de coche, ya en 1963. Es un año más tarde cuando se convierte en vocalista del grupo Los Jaguars, y también de Los Pekenikes, ya con su apodo de Karina, bautizada así por Torrebruno, en alusión a una frase cariñosa de los italianos, compatriotas de éste. A partir de 1965 el nombre de Karina resulta muy familiar para los españoles, al estrenar "Me lo dijo Pérez", del recientemente fallecido Alberto Cortez, lo que vino a convertirla en una especie de Brenda Lee "a la española" y, sin ninguna duda, la primera de nuestras chicas ye-yé, sin nada que ver con lo que cantara Conchita Velasco.

Hasta finales de esa década Karina es la intérprete femenina más conocida en nuestro país, la mejor pagada. Con éxitos que aún se recuerdan y de vez en cuando suenan en su voz o en otros colegas: "Concierto para enamorados", "Viviré", "El libro de la magia", "Romeo y Julieta", "Las flechas del amor", "La fiesta", "El baúl de los recuerdos"... Pero, ¿cómo era la vida particular de Maribel, de nuestra adorada Karina? Con los periodistas amigos se comportaba como la chica ingenua, casi infantil con su voz atiplada, cariñosa, entrañable, que luego en los escenarios se trocaba en más potente, como correspondía a la rockera que fue en sus inicios musicales, luego con baladas románticas o marchas alegres y pegadizas. Ganaba mucho dinero. Después de haber luchado mucho en su primera juventud, cuando tuvo que ponerse a trabajar de vendedora en varios grandes almacenes para ayudar en casa, donde ya dijimos que su padre llevaba vida propia. Y en esa mitad de los felices años 60 la carrera de Karina estaba en manos de Paco, su hermano y representante artístico, con la ayuda también de su otro hermano Salvador. Ellos administraban el patrimonio ganado por Karina, en quienes esta siempre confió. ¿Se aprovecharon de la situación? Eso ya lo ignoramos. Pero cierto es que Karina les resolvió su vida en esos años de éxito continuo.

Karina tenía un novio, que había conocido en las oficinas de su casa de discos, Hispavox: Tony Luz. Estupendo guitarrista, quien le compuso "El baúl de los recuerdos" y "En un mundo nuevo", entre otras. Tipo formidable, muerto repentinamente hace cerca de dos años. El anterior a su fallecimiento coincidimos en una entrega de premios, a nuestro lado. Quien presentaba el acto en un teatro madrileño solicitó su aparición en el escenario, donde estaba Karina. Tuvo que comparecer. Al regreso a su butaca, me dijo que hacía un montón de tiempo que no se veían, pero en la distancia aún recordaban su pasado: diez años de noviazgo. Nunca parecían encontrar la fecha adecuada para casarse. Y es que en el hogar de Karina no la animaban precisamente a pasar por la vicaría. Pueden imaginarse las posibles razones. Pero la boda llegó, en Illescas, en el mismo lugar que Julio Iglesias e Isabel Preysler. Allí estuvimos aquella tarde de 1973. Dos años después se produjo la ruptura. Cuanto sentimentalmente acaeció después en la vida de Karina, ya un poco cuesta abajo en su carrera musical, es que a principios de los años 80, aceptó intervenir en una comedieta musical de nuestro recordado colega Antonio D. Olano en el teatro Alfil, "Locos por la democracia", donde se ponía en solfa a los arribistas politiqueros de la época.

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Karina en la actualidad | Archivo

Y allí, Karina, además de cantar y de intervenir como actriz (ya lo había hecho en tres o cuatro películas) se enamoró de uno de los protagonistas, un actor de reparto llamado Carlos Díaz, con quien contrajo matrinonio civil. Téngase en cuenta que se había separado de Tony Luz con el que se casó por la Iglesia. Tuvieron en 1982 una niña, Zahara, quien en los últimos tiempos ha sido agente artística de su madre. Pero aquella unión no funcionó, aunque Karina recuerde ahora que Carlos fue el hombre al que más ha querido. Por lo visto eso no sucedió con Tony Luz, con el que llegó a decir que hubo una boda más por intereses musicales que amorosos. Todavía rentabilizando su nombre, vivió una ardorosa relación con el músico Rodrigo. Un barbado joven perteneciente al conjunto CRAG, o sea Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Son los que popularizaron "Señora Azul"!. Rodrigo procedía de Los Pekenikes. Fui el primero que publicó el "rollo" que se traía con Karina. Pero este bohemio andaluz no quería para nada comprometerse con ella, vivieron juntos una temporada y lo dejaron. Un amor fugaz que, no obstante, dejó sus huellas en el corazón herido de Maribel.

En 1988 apareció en su vida un histriónico joven bigotudo que la conquistó con sus risas y gracietas: Juan Miguel Martínez. También tuvo una hija con él, Rocío, que llegó al mundo en 1989. Con este montó una delirante boda en Bali sin valor alguno a efectos religiosos o civiles, pero si pecuniarios porque a una revista del corazón no le supuso rubor alguno ni exigencia periodística con la verdad pagar a la pareja una buena "pasta" para confundir a sus lectores con aquella ceremonia, digamos exótica. Karina pasó por el aro de irse a vivir con el de los mostachos a Castellón de la Plana, donde ejercía de peluquero de señoras. Montaron un piso y cierto día Karina descubrió que su "marido" de Bali estaba en la cama con un amiguete, quien por cierto sostenía entre sus brazos a la hija de la pareja, la citada Rocío. Y ahí Karina montó en cólera y dejó a Juan Miguel para siempre. Pero ¿cómo pudo haber estado tan ciega para unirse a un bisexual? Lamentaría mucho aquel tropiezo, que aún colea por las últimas andanzas del de La Plana, quien ha sabido rentabilizar muy bien su parentesco con la cantante. No arrepentida, como suele decirse, de sus fracasadas experiencias sentimentales, cayó más adelante en las redes de un extraño individuo, que se pavoneaba de su incipiente profesión literaria, con el que compartió muchas páginas en las revistas rosas y programas de televisión. Se llamaba Domingo Terroba. Asegura ahora Karina que no tuvo intimidad con él, mas nos hacía creer a todos que eran novios y preparaban su enlace. Una mentira, un nuevo chasco para la cantante, habida también cuenta que al mozo no le iban mucho las faldas. Aquello fue otro negro borrón para Karina, quien no medía sus pasos, ni siquiera pensando en sus hijas, a las que tanto ha querido y educado. Su último desengaño amoroso lo tendría entre 2000 y 2002 con un tal Miguel León.

En resumidas cuentas, su biografía sentimental no le ha aportado muchas alegrías, que no sean, repetimos, las compartidas con Zahara y Rocío, esta última enfermera en Castellón cerca de su padre. Karina había tenido otros fracasos. En los años 80 su casa de discos de toda la vida no quiso renovarle el contrato. Hubo de marcharse a México para grabar allí discos de rancheras. Una operación de tiroideas la tuvo alejada de los escenarios a principio de los 90. Reapareció unida a otros veteranos cantantes (Micky, Jeanette, Tony Ronald y Lorenzo Santamaría) para prestarse a actuaciones de recuerdos, "revivals" de años 60 y 70. Se había retirado ya con el correr del nuevo siglo, pero invitada a varios programas televisivos sintió otra vez la nostalgia, el cosquilleo de la popularidad del pasado. En 2017 grabó un videoclip con Alba Carrillo donde volvía a evocarnos "Las flechas del amor". Con nuevo disco a la venta, este verano Karina piensa volver a actuar en público. No está arruinada pero ella misma, en su infortunada noche pasada, dijo que vive de una modesta pensión y unos ahorros. Con su corazón ya solitario desde hace más de veinte años y sin ninguna ilusión ya en ese sentido. Sólo quiere vivir de nuevo los aplausos del ayer. Y de paso, llevarse los euros que pueda rebañar en el último tren que le queda.

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