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Katy Mikhailova

No le gustan mayores

Cada vez que un periodista escribe que "Victoria's Secret es lujo", un bolso de Hermès se suicida.

Katy Mikhailova
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La modelo Lorena Durán | Instagram

Y después de protestas en Estados Unidos y tras muchas críticas contra la "perfección" de los ángeles de Victoria’s Secret, al final, con alguna que otra polémica, la firma americana se lanza a exponer mujeres de tallas grandes como imagen de la marca. ¡Y hay una española! ¡Toma y! Sevillana, a ser exactos. Lorena Durán, talla 44 y con medidas 95-70-115. Hasta aquí, todo bien. La polémica, sin embargo, viene por parte de otro de sus fichajes: una tal Bárbara Palvin, que de ‘curvy’ tiene lo que Pedro Sánchez de coherente. La modelo en cuestión, de origen húngaro, mide 1,75 y pesa 55 kg. Sus medidas son 87-58-89. Si con tales números se la considera "modelo de tallas grandes" que baje Dios y me lo cuente. Modelo ‘plus size’, dicen. Las redes sociales ardían hace tan solo unas semanas. Si Palvin es "talla grande", yo estoy a 4 kilos de que me rescate em Greenpeace.

Me hace especial gracia que los medios de comunicación, por lo general, hablen de Victoria’s Secret como una firma de lencería de "lujo". Cada vez que un periodista escribe que "VS es lujo", un bolso de Hermès se suicida. Les recuerdo que el precio medio de la braga está en los 15 euros.

La verdad es que al final lo de la talla siempre me ha parecido una mariconez, con todos mis respetos. El tallaje es un concepto, aunque a priori convencional, altamente relativo. Ya no sólo porque dentro de una misma marca, según qué pantalón o vestido uno porte, puede valer una 38 que 42; sino que, además, por ejemplo, uno puede ser de huesos anchos y estar muy delgado, y, por tanto, tener unas medidas más "anchas" pero seguir siendo delgado. Al final es el conjunto, la armonía: y no sólo los números. Conozco a niñas de estatura media-baja, rellenitas y preciosas, y que, si las miden, encajan en el 90-60-90; y, por contra, chicas altas y delgadas, pero con huesos anchos. Al final, nos pasamos la vida cuantificando la belleza, cuando en realidad esta no es más que un cúmulo de impresiones subjetivas acordes al estado interno del sujeto que aprecia la realidad.

Y es que, hablando del subjetivismo, esta semana un escritor llamado Yann Moix era noticia por afirmar que las mujeres de cincuenta son "demasiado mayores para ser amadas", prefiriendo a las veinteañeras… Pues qué quieren que le diga. Que la libertad de expresión está para algo; pero el sentido común, también. He conocido a señoras de 50 años infinitamente más atractivas que algunas de 20. Que sí: que, en la teoría y en la praxis, se pierde colágeno, los pechos y los culos se van cayendo, mientras las arrugas afloran. Sin embargo, la elegancia, la inteligencia, el saber estar, el saber ser (¡más importante aún!), si se combina con una buena genética y con una vida saludable, puede ser casi igual o más atractiva que la belleza indomable de los 20. Veo enormemente más atractiva a mi hermana mayor con casi 40 que cuando tenía 10 menos. No sé si el ser madre o ser más feliz influye en algo… pero soltar semejantes perlitas con esa ligereza sólo denota el complejo de inferioridad y la falta de gusto. Y, aunque fuera sólo por respeto a su madre, este apartado se lo podría haber ahorrado.

Para amar, no creo que debamos fijarnos en el año de nacimiento, sino en el nivel de crecimiento espiritual que uno va cultivando y que saca de paseo en silencio.

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