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Elena Cué y Alberto Cortina y su amor mil millonario

20 años de amor de Elena Cué y Alberto Cortina, cuya fortuna supera los mil millones de euros.

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20 años de amor de Elena Cué y Alberto Cortina, cuya fortuna supera los mil millones de euros.
Elena Cué y Alberto Cortina | Gtres

Hay parejas de las consideradas de la alta sociedad madrileña, la "jet society" como se etiquetó hace tiempo, que no son precisamente accesibles para la prensa y eluden cuanto pueden su presencia sobre todo en las revistas rosas. Así puede considerarse la formada por Elena Cué y Alberto Cortina, que llevan dos decenios juntos, felizmente casados y padres de dos hijos. Alberto Cortina es un destacado banquero, con una excitante biografía al margen de sus empresas y negocios varios. Nació en Madrid en 1972, nieto del que fuera alcalde Alberto Alcocer, al que se le recuerda en el callejero. Como aquí no vamos a condensar su biografía profesional, nos referimos a su no menos intensa vida sentimental, que comprende tres matrimonios, con escándalos incluídos respecto a los dos primeros.

Su primera esposa fue Alicia Koplowitz, la rica empresaria, con quien se casó en 1969 para divorciarse en 1990. Tuvieron tres varones: Alberto, Pedro y Pelayo. Nada hacía presagiar que ese matrimonio fuera nunca a disolver su vínculo. Porque sin que confundamos amor y negocio lo cierto es que ambos tenían, amén de un patrimonio en común, una importantísima empresa, FCC, siglas de Construcciones y Contratas, lo que implicaba acciones de una y otro, responsabilidades en Bolsa y cuanto circunda el mundo de los grandes negocios. Pues, bien: Alberto Cortina, aquel que aparecía en las páginas salmón de los diarios económicos y en los de información general también junto a su primo Alberto Alcocer, los dos con gabardinas desde el día lluvioso en el que posaron para los medios gráficos, lo que sirvió para reconocerlos siempre con tales prendas como si fueran de tal guisa en cualquier estación del año, resulta que llevaba una doble vida amorosa. Casado ya veinte años entonces con Alicia Koplowitz, la engañaba con otra dama muy conocida, Marta Chávarri, nieta del marqués de Santo Floro, sobrina política del cantante Raphael, casada con el marqués de Cubas. O sea que Alicia y Fernando Falcó estaban siendo engañados por aquella pareja, a la que parecía importarle un rábano las consecuencias que podía traer su irresponsable conducta.

Creían que nadie estaba al cabo de la calle de sus ocultas relaciones. Pero tanto la Koplowitz como el marqués se enteraron. ¡Vaya si se enteraron...! Y toda España. Porque la revista Diez Minutos publicó en portada y en su interior un amplio reportaje gráfico que no admitía dudas, en su número del 1 de febrero de 1989 de Alberto Cortina y Marta Chávarri saliendo de un hotel de Viena adonde habían ido a pasar un fin de semana romántico. El asunto tuvo consecuencias económicas de muy alto nivel. Y en el aspecto personal, Alicia Koplowitz dio por finiquitada la convivencia con su infiel marido, aunque los trámites del divorcio no concluyeron, cono apuntábamos, hasta un año más tarde, que no fue mucho, dada la tardanza en conseguirlo en casos más comunes.

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Cortina y Marta Chávarri, en los 90 | Gtres

Y lo que acabó por colmar la paciente actitud en principio del muy enamorado de su mujer marqués de Cubas fue que en aquel infausto para los citados mes de febrero de 1989 el semanario Interviú insertó en portada y asimismo en páginas del interior, en su número 666, que en la actualidad ofertan a buen precio algunos coleccionistas, un reportaje que sería la comidilla de tertulias radiofónicas y televisivas. El titular rezaba: "Lo nunca visto de Marta Chávarri". Y era verdad: unas imágenes donde se la contemplaba sentada en una discoteca, sin ropa interior, que dejaba más que vislumbrar las partes más íntimas de la susodicha. Fotos que había obtenido Constantino Blanco Rodríguez, modesto profesional, de los que recorren locales nocturnos para ver si se ganan unos cuartos fotografiando, no a famosos, sino a simples parejas en noches de bodas, celebraciones o encuentros amistosos. Eran fotos de hacía tiempo y en su momento el mentado ni se había dado cuenta de lo que había captado su cámara. No era un descuido de Marta. Se supone que sería su costumbre en días veraniegos, para ir más cómoda. Mejor: más fresca. Las halló el tal Constantino en su laboratorio simplemente recordando haberla fotografiado, con la posibilidad de vender las imágenes dada la actualidad de la Chávarri y su amante el banquero. Y se encontró por pura chiripa que tenía un documento al que pudo sacarle un buen dinero. Probablemente dos millones de pesetas. Buen pellizco entonces.

Transcurrido cierto tiempo, tras poner el caso en manos de su abogado, Marta Chávarri fue indemnizada por la revista con la cantidad de treinta y cuatro millones de pesetas (204.000 euros) aunque pretendía cobrar doscientos millones. Demasiada codicia, o ganas de llamar más la atención. Marta Chávarri se separó del marqués de Cubas, lo que le supuso perder de momento la patria potestad del hijo de la pareja, de corta edad, Álvaro. Luego, Marta se casó civilmente con Alberto Cortina en diciembre de 1991. Matrimonio que duró nada más que cuatro años. Ella, separada y divorciada, rehízo su vida con el empresario Javier Salaverri, del que asimismo se separó. Y volviendo a las ídas y venidas sentimentales de Alberto Cortina, digamos que su divorcio de Alicia Koplowitz le supuso su desvinculación de la empresa Construcciones y Contratas. Le importara mucho o no, lo que desconocemos, él prosiguió con otros negocios, como el de presidir el Banco Zaragozano, entre otros.

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Elena Cué | Archivo

En la actualidad, su patrimonio está valorado según algunos sondeos de la prensa económica española en novecientos cincuenta millones de euros. Para Forbes, la fortuna es superior, y la cifra en mil trescientos millones de euros. Y al margen de su elevado nivel de vida y la intensa vida empresarial que sigue manteniendo, Alberto Cortina se recobró de su decepción amorosa con Marta Chávarri, dos años después de obtener el divorcio, al conocer en una cacería en su finca manchega de "Las Cuevas" a una extraordinaria mujer, veinticinco años más joven que él, llamada Elena Cué. ¿O acaso son treinta y dos de diferencia, y tengamos mal las fechas de nacimiento de ella? Dejémoslo ahí. Era su invitada en aquella jornada cinegética de 1997, pero apenas tenían trato. ¿Le había echado el ojo Alberto y procuró contar con ella en una de sus habituales monterías, a las que solían asistir el rey Juan Carlos y destacados políticos, banqueros y empresarios? Elena había llegado a ser campeona de España del tiro de pichón. Cruzaron sus miradas, hablaron... y acabaron enamorándose como dos colegiales. Por cierto: Elena tenía un prometido, al parecer insulso, con quien nunca albergaba deseos de casarse, como sí hizo con Alberto Cortina en cuanto éste tuvo los papeles necesarios. Boda por todo lo alto en la misma finca donde los reunió Cupido, en junio del año 2000. Elegantísima, como ella es habitualmente, resplandecía aquel día luciendo un exclusivo modelo de Emanuel Ungaro, en tanto Alberto vestía el clásico chaqué. No hay en esas ceremonias mucha variedad masculina.

El feliz matrimonio tiene una hija, Alejandra, que ahora cuenta trece años. Elena Cué, aunque madrileña de 1972, es asturiana de ascendencia. De familia dedicada a la alta joyería. Empresaria, escritora, experta en arte, viene estudiando Filosofía hace tiempo y publica en ABC muy interesantes entrevistas con personajes de las Bellas Artes sobre todo. Coleccionista de pintura. Asiste a eventos culturales, en particular si son exposiciones, y se resiste a llevar una agenda de actos sociales, salvo algunos de carácter filantrópico o reuniones de ámbito intelectual. Una bella mujer que ha hecho feliz al, en otro tiempo, inestable sentimentalmente Alberto Cortina, al que desde luego nunca más se le ha visto envuelto en ninguna otra correría extraconyugal como antaño. Nadie lo comprendería teniendo en casa a una esposa como Elena Cué: maravillosa en todos los sentidos.

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