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La infanta Pilar de Borbón, la rebelde de la familia, pudo ser reina de Bélgica

La hermana del rey emérito Pilar de Borbón falleció este miércoles en Madrid.

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La hermana del rey emérito Pilar de Borbón falleció este miércoles en Madrid.
La vida de Pilar de Borbón, en imágenes

Cristianada como María del Pilar Alfonsa Juana Victoria Luisa Ignacia de Todos los Santos de Borbón y Borbón, con una interesante vida que muy probablemente desconocían los españoles, y ahora evocada por los medios informativos, nació en el exilio, en Cannes, el 30 de julio de 1936, doce días exactamente después del comienzo de la guerra civil.

La Infanta Pilar siempre defendió los derechos dinásticos de su padre, don Juan de Borbón, lo que le ocasionaría algunos roces con su cuñada, la Reina doña Sofía. Cuando por imposición del Régimen franquista las publicaciones españolas tenían prohibido citar a los miembros de la Familia Real exiliada en Estoril, su último refugio antes de regresar a España a la muerte de Franco, sólo doña Pilar era de vez en cuando entrevistada en algunas revistas, desde luego ya muy avanzada la década de los 60, antes de todas formas de que su hermano, el Príncipe de España entonces, fuera designado por el Jefe del Estado sucesor al trono de España a título de Rey. Incidiendo en ese detalle de que la Infanta representó, siquiera de tarde en tarde, a su dinastía. Recordemos que cuando don Juan Carlos juró bandera en la Academia General de Zaragoza, ella estuvo presente en tan emotivo y patriótico acto, pues a sus padres no les permitieron asistir. Su petición desde Estoril al palacio de El Pardo para solicitar esa venia ni siquiera fue contestada.

Pilar de Borbón se significó desde temprana edad como una niña de fuerte carácter, al punto que su propia madre, doña María de las Mercedes, diría de ella que "era un cardo borriquero". En su juventud pecó a veces de altivez, puede que soberbia. Y así lo entendieron muchos de los periodistas que la trataron. Aunque en el fondo otros la consideraran entrañable, sencilla, muy sincera. Como iba directa al grano, a veces sus respuestas resultaban demasiado impetuosas. Alguna vez ella misma reconoció con su vocabulario ausente de eufemismos que "había metido la pata" y que temía que la riñeran desde el palacio de la Zarzuela por no haberse contenido con los reporteros, deslizando alguna indiscreción o chisme.

De jovencita no le gustaba arreglarse demasiado. Su padre, don Juan, la instaba a que por lo menos se pintara un poco y no llevara siempre la cara lavada. Tanto insistió que cierto día cogió un lápiz de labios y él mismo se ocupó de que su hija resultara más atractiva.

Llegada la hora de toda joven casadera, su propia abuela, la Reina doña Victoria Eugenia, se ocupó de elegirle un probable marido: Balduino de Bélgica. Concertó un encuentro: "Vete con alguna amiga, pero que no sea demasiado guapa". Y doña Pilar acudió a la cita en compañía de Fabiola de Mora y Aragón. Respiraría tranquila poco después al enterarse que Balduino había elegido a esta última como consorte. Si a su augusta madre le había aparecido el esposo ideal, para don Juan de Borbón, no. Discrepó respetuosamente de aquel deseo. Conmpartía con su consejero Sáinz Rodríguez la creencia de que Balduino era muy soso y no hubiera hecho feliz a doña Pilar.

Ella eligió "al hombre de su vida". Lo conoció en casa de Simeón y Margarita de Bulgaria: el abogado madrileño Luis Gómez Acebo. Descendía de uno de los fundadores del Banco Español de Crédito y prestaba sus servicios en una compañía de cementos importante. Don Juan de Borbón le concedería el título de duque de Badajoz para él y doña Pilar, aunque no podrán heredarlo ninguno de sus hijos. "Era simpático, divertido y muy guapo", diría de él Pilar.

La boda de los duques de Badajoz tuvo lugar en el Monasterio de los Jerónimos, en Lisboa. Fue el 5 de mayo de 1957. En el Hotel Palacio de Estoril se celebró el "lunch" nupcial. La presidencia no quiso don Juan que la ocupara su hijo, sino doña Victoria Eugenia de Battenberg, el ex Rey Humberto de Italia, el duque de Alba y el duque de Braganza. Otros invitados de relieve fueron Grace y Raniero de Mónaco, la ex reina Juana de Bulgaria, los Condes de París y algunos otros aristócratas, junto a familiares de los recién casados. Varios miles de españoles de condición monárquica se concentraron por su cuenta para mostrar a la Familia Real su adhesión y simpatía en aquel acontecimiento. En el Palacio del Pardo esas muestras de afecto no sentaron nada bien.

Don Juan de Borbón decidió que dado que el matrimonio de su hija primogénita había sido morganático, nada podía obligarle como jefe de la Casa Real para que doña Pilar fuera su sucesora. Quedó apartada de esa entonces eventual sucesión lo que a ella le pareció bien. Al menos nunca públicamente contrarió la decisión paterna. Se casó muy enamorada y no pensaba que hubiera podido ser algún día Reina de España. El joven matrimonio ocupó un chalé en Madrid, en una lujosa urbanización de Somosaguas. Tendrían cinco hijos: Simoneta, Juan, Bruno, Beltrán y Fernando. La Infanta se ocupó de su educación. Los quiso con auténtico amor maternal y lamentó el divorcio de dos de ellos, aunque procuró que la familia no se disgregase. Era feliz luego con sus nietos.

La vida familiar de doña Pilar fue aparentemente tranquila y feliz pero cuando sus retoños iban creciendo, más de una vez, siendo una mujer activa y emprendedora, lamentó estar ociosa. La hípica, que fue una de sus pasiones deportivas, mitigó algunas temporadas de soledad. Pero lo que trastocó todos los planes en su hogar fue la enfermedad de su marido, un cáncer linfático que lo llevaría a la tumba tempranamente el 3 de marzo de 1991. Desde que se lo detectaron, doña Pilar se entregó por entero al cuidado del duque de Badajoz, un hombre tranquilo, amante de la literatura -llegó a publicar un libro sobre un personaje histórico- que era muy querido por toda la Familia Real. Aquella enfermedad supuso un grave traspiés económico para su familia. Cuando ya no tuvo ingresos por su trabajo, milagrosamente, el duque se involucró en conseguir que el legado artístico más importante de los Thyssen se quedara en Madrid. Como intermediario, hasta que se logró poner de acuerdo a la familia del Barón, recibió unos estipendios con los que Luis Gómez Acebo y la Infanta remontaron su delicada situación económica. Aunque al final, con el fallecimiento de su marido, y tras sufragar elevados costes por su enfermdad con viajes a hospitales americanos, doña Pilar atravesaría malos momentos, los derivados del dolor por su ausencia y los relativos a su patrimonio. Tenía deudas importantes a las que hacer frente, recurrió al Rey don Juan Carlos y éste a Mario Conde, Presidente de Banesto, quien en seguida alivió las carencias de la duquesa viuda de Badajoz. Dispuso para ella un despacho, adonde acudía ella sin tener obligaciones de ningún tipo. Transcurrido el plazo convenido, doña Pilar canceló el generoso crédito simplemente con los emolumentos que Mario Conde le pagaba mensualmente.

En adelante, aliviada tras aquellos contratiempos, pudo así dedicar mucha atención a la organización Nuevo Futuro, que se ocupa de los niños desamparados, sin hogar, para lo cual cada año tiene lugar el Rastrillo, acontecimiento benéfico que recauda importantes cantidades para seguir manteniendo tan caritativa obra. En esa semana que dura tal evento doña Pilar, junto a otras muchas damas, se venían ocupando de servir incluso comidas y bebidas en el lugar de la Casa de Campo madrileña donde en el mes de noviembre se celebra con gran respuesta popular. Vestida con un mandil, la Infanta no se cortaba un pelo y despachaba toda clase de viandas, como si eso lo hubiera hecho toda la vida en su hogar. A veces desde luego que no le importó ir ella sola al mercado. Ya no vivía en su casa de Somosaguas, sino en una vivienda de menor dimensión situada en Puerta de Hierro, menos onerosa que la anterior, que había pertenecido a la familia de su difunto esposo.

En abril de 2016 salió a la luz pública que doña Pilar de Borbón había mantenido una sociedad empresarial en un paraíso fiscal entre 1974 y 2014, Delantera Financiera S. A. Asunto descubierto en una operación denominada "Papeles de Panamá". La Infanta, muy ofendida, defendióse alegando que no había incumplido ninguna obligación con el Fisco español.

Le preguntaron más de una vez, incluso hace pocas semanas, si iba a escribir sus memorias. Su respuesta siempre fue negativa: "Tendría entonces que hablar de mucha gente". Como rezaba un refrán del pasado: "Genio y figura hasta la sepultura".

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