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La gran decepción de Luis Mariano al no poder casarse con Carmen Sevilla "que le dio calabazas"

Se cumplen 50 años de la muerte del gran cantante irunés.

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Se cumplen 50 años de la muerte del gran cantante irunés.
Carmen Sevilla y Luis Mariano | Gtres

Cincuenta años justos se cumplen de la muerte de Luis Mariano, fallecido en la madrugada del 14 al 15 de julio de 1970. El gran cantante irunés, considerado en Francia, donde vivió la mayor parte de su vida, "el rey de la opereta", se fue de este mundo en un hospital de París, capital donde residía, seis días más tarde de sufrir una hemorragia cerebral que lo mantenía inconsciente, paralizada la parte izquierda de su cuerpo. Le faltaba un mes para cumplir cincuenta y seis años. En algunas biografías figura erróneamente como nacido en 1920, porque su madre manipuló sus documentos para que él no cumpliera sus obligaciones militares, cuando en realidad fue en 1914.

Está enterrado en el cementerio de Arcangues, localidad cercana a Biárritz, frontera con España. Siempre hay flores sobre su tumba. Lo comprobamos un día que acudimos al recoleto cementerio. Luis Mariano nunca quiso nacionalizarse francés, por mucho que incluso se lo sugiriera el Presidente Charles de Gaulle. Se sentía muy español. Dejó gran parte de su fortuna a su secretario y al hijo de éste, desestimando a María Luisa, su única hermana de la que estaba distanciado. Soltero, sin amores femeninos conocidos en su biografía sentimental, quiso casarse con Carmen Sevilla, de quien tenía en su mesita de noche una fotografía para recordarla, en su soledad, cada vez que se acostaba. Pero ella se negó cuando él le pidió matrimonio. "Es un buen amigo, pero nunca me han gustado sus maneras". Notorio homosexual, parecía eludir esa condición cuando se dirigía a la artista sevillana. Pudiera decirse que su sentimiento hacia ella era platónico nada más. Si hubo besos entre ambos, digamos que fueron "de película".

Tres fueron las que rodaron juntos, de gran éxito popular tanto en nuestro país como al otro lado de los Pirineos: El sueño de Andalucía (1950), Violetas imperiales (1952), que fue la más conocida, y La Bella de Cádiz (1953). En total, fue protagonista de veinticinco filmes, algunos de ellos procedentes de las operetas que estrenaba cada temporada en el teatro Châtelet, de la capital gala. Entre esas operetas estaban El cantor de México, El Príncipe de Madrid y La Carabela de Oro. El autor de casi todas ellas, Francis López, de acuerdo con Luis Mariano, le componía argumentos y canciones en donde España siempre estaba presente, en sus personajes o en sus paisajes y tradiciones. Grabó más de un millar de canciones, tanto de sus espectáculos teatrales y películas como adaptaciones de números "stándars", de zarzuelas, folclore hispanoamericano, y grandes musicales.

Su vida personal estuvo en principio determinada por la guerra civil, ya que sus padres se exiliaron en Francia por cuestiones políticas. Muchos años después, ya siendo una figura internacional, Luis Mariano fue invitado a actuar ante Franco en el Palacio de la Granja, un lejano 18 de julio, circunstancia que el artista irunés aprovechó para solicitar del Jefe del Estado que sus progenitores pudieran obtener el pasaporte español, que tenían caducado. Al ser republicanos nunca lo habían gestionado. La petición fue inmediatamente atendida. Aunque Luis Mariano, según contaba Juanito Valderrama, se quejaba que en esas galas ante el Caudillo, los artistas fueran relegados a un salón separado de los invitados: "Cuando yo voy a otros países, y no digamos en Francia, las autoridades me sitúan siempre en la mesa presidencial". Valderrama, le contestó: "Pero estamos en España y aquí, es diferente".

No se le consideró mucho a Luis Mariano en nuestro país por causa de su condición homosexual. En Bilbao lo llamaron en un teatro ¡maricón!, y así transcurrían algunas de sus actuaciones en España, a pesar de que era evidente su calidad como tenor. Un tanto cursi en sus canciones o vestimentas. Si su voz era potente, de elevada tesitura, en el plano personal parecía atiplada, y la acompañaba con gestos y amaneramientos propios de quien no era tan varonil como se presumía escuchándolo cantar. Sus películas españolas se doblaron al idioma galo. En el nuestro, su voz en los diálogos no era suya sino del actor Rafael Arcos. Precisamente para que sonara más viril, más grave. Estaba muy "enmadrado". Su madre, Gregoria, tenía una marcada influencia sobre él: era mandona y se malmetía en la vida de su hijo, familiarmente llamado sólo Mariano, a quien mimó desde muy chico.

La atracción que sentía por Carmen Sevilla lo llevó a conocer a los padres de la estrella, a los que invitó en cierta ocasión a París, agasajándolos los días que ejerció de anfitrión. Fue muy espléndidos con ellos, los colmó de regalos, en particular los muy valiosos que destinó a Carmen. Pero ella advirtió desde un primer momento que el actor-cantante, su compañero en el cine, no podía disimular que le gustaban los hombres. Un club de "fans" de Luis Mariano le servía como tapadera. Las había decididas a compartir su vida con él, según las muchas cartas que le llegaban. Mas estaba claro que sus sentimientos sexuales no podía compartirlos con ninguna mujer. No obstante yo conocí a una soprano española, Carmen Torres, que me contó, muerto ya Luis Mariano, que iba a casarse con él meses antes, claro, de que se produjera su óbito.

Él mismo, en la única entrevista que le hice, inolvidable para mí pues se enfadó conmigo hasta que después hicimos las paces, me había hablado de Carmen Torres, como su posible esposa. El caso es que el tenor no se decidió a dar ese paso. Muchos "gays" tienen alguna vez dudas acerca de su sexualidad. Personajes públicos que en ciertos pasajes de su vida tratan sinceramente de emparejarse con féminas. Pero tarde o temprano la realidad se impone. Le ocurrió, por ejemplo, al galán Vicente Parra, que me confesó haber estado a punto de casarse con Natalia Figueroa, primero, y luego con Analía Gadé. Cuando tuvo amantes varones, como el productor Luis Sanz. Éste me contó un día cómo se hicieron novios y él lo ayudó a ser un actor conocido.

Carmen Sevilla, nada más enterarse de la muerte de Luís Mariano aquel 14 de julio de 1970, interrumpió su trabajo en la película que estaba rodando, tomó el primer avión, acudiendo a dar su último adiós al hombre que tanto la amaba, a su manera. "Era un hombre maravilloso, extraordinario". Pero "le dio calabazas" por las razones antedichas. Fue la gran pena que amargó los últimos años de existencia del excepcional cantante, admirado y querido en Francia; tratado con desdén en España, simplemente porque "le gustaban los hombres".

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