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Así ha cambiado la vida de Penélope Cruz, que ahora compite con otra "chica Almodóvar"

Penélope Cruz vuelve a rodar con Almodóvar, con quien ya ha trabajado en varias películas.

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Penélope Cruz vuelve a rodar con Almodóvar, con quien ya ha trabajado en varias películas.
Penélope y Javier Bardem | Gtres

A finales de marzo Penélope Cruz se incorporará al rodaje de la nueva película de Pedro Almodóvar: Madres paralelas. Historia de unas mujeres que dan a luz el mismo día e intercambian episodios de sus vidas. Junto a Penélope, sus compañeras de reparto son Aitana Sánchez-Gijón y la menos conocida Milena Smit. Drama intenso acerca de la maternidad, de los ancestros y descendientes de esas madres. Se rodará en estudios interiores en Madrid y en exteriores de la Mancha, porque esta última Comunidad, a la que por nacimiento pertenece Almodóvar, colabora económicamente con su productora con una pequeña aportación económica, alrededor de 25.000 euros. Tampoco es mucho pero Pedro es un sentimental y siente muy dentro, acordándose sobre todo de su madre, del pueblo en el que vino al mundo. Penélope lo hizo en Alcobendas, un pueblo del cinturón industrial madrileño un 28 de abril de hace casi cuarenta y siete años.

Penélope Cruz, con su aura internacional, baja su caché (como también lo hizo Antonio Banderas) cuando acepta rodar una película en España con Almodóvar. Ambos son agradecidos, no olvidan que dirigidos por él comenzaron su carrera. Eso los engrandece. No todo en la vida va a ser el maldito parné. La madrileña ha rodado ya cinco filmes a las órdenes del manchego. Y ahora, al abordar el sexto, empata con Carmen Maura, que asimismo intervino en media docena de cintas con Pedro. Ambas son "chicas Almodóvar", feliz término que se aplicó a cuantas féminas rodaban a sus órdenes, no importaba su edad; caso de la muy recordada Chus Lampreave o de la veterana Marisa Paredes. Carmen Maura tarifó con él, pero desde 2006, cuando dejaron de lado sus diferencias en Volver, no se han reconciliado del todo. Penélope o es más dócil o es que Pedro la trata con más tacto.

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Con Pedro Almodóvar | Archivo

Carne trémula, de 1997, fue la primera película que Penélope rodó con Almodóvar. Aún no se había desatado su "boom" en Hollywood. Ambos se han jurado, por lo visto, amor eterno con respecto al cine en común y en Madres paralelas él le ha reservado un papel protagónico para redondear su hasta ahora imparable carrera cinematográfica.

No obstante su notoriedad, creemos que a Penélope le falta todavía esa película que la consagre en el cine norteamericano, que es como decir el mundial. Tampoco en Europa, pese a sus apariciones en cintas de Francia e Italia, ha logrado ser protagonista de un filme sobresaliente. Que es muy conocida, nadie lo duda. Ahora mismo la actriz española más internacional. Pero está a un peldaño de esa fama que persigue, para la que se ha sacrificado tanto, pasando de ser una latina o hispana de ínfimos papeles de india a desfilar por las alfombras rojas del Dorothy Pavillion, de los Óscar, como una estrella. Los reportajes a los que se somete, y las sesiones muy cuidadas de las revistas de moda internacionales contribuyen a que permanezca su mito de estrella.

Está su contrato con una importante firma de cosmética a atender a la prensa con la mejor de sus sonrisas, aunque obvie preguntas personales. Algo es algo, porque su querido marido es un premio Limón de por vida. Debiera aprender de Antonio Banderas. Diez años han transcurrido desde la boda repentina y semisecreta de Penélope con Javier Bardem en la isla privada de Johnny Depp, de quien aquel se hizo muy amigo, en las islas Bahamas. Llevaban tres años de noviazgo, reanudando aquel primerizo encuentro en 1992 cuando protagonizaron Jamón, Jamón. Bigas Luna supo predecir el potencial apasionado de la pareja, aunque los dos, al acabar del rodaje y pese a haber intimado fuera de él, decidieron no comprometerse. Cada uno se fue por su lado. A Javier no le faltaron ligues y Penélope, desde que en 1991 se enrollara con Nacho Cano, supo lo que era tener relaciones sentimentales con varios astros de la pantalla. Ella y el componente de Mecano vivieron un amor juvenil auténtico, romántico, que iniciado cuando ella figuró como protagonista de un vídeo del trío, duró nada menos que siete años, hasta 1998. Ya en Hollywood, Tom Cruise cayó a su pies y pareciera que iban a casarse tras unirse en 2001. Tres años duró su convivencia con el galán de menguada estatura, que hasta viajó a Madrid para conocer a la familia de su novia. Pero acabaron por tarifar. Él estaba metido en esa secta de la Cienciología, Penélope se cansó con todo ese rollo, y parece que fue ella quien cortó aquel romance, en 2004. Más breve fue el que tuvo con otro guaperas, Matthew McConaughey, de apenas un año entre 2005 y 2006.

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Penélope Cruz | Archivo

Poco después entró en acción el impetuoso Javier Bardem, (Javier Encinas en su pasaporte, canario de nacimiento) y después de tres años de noviazgo la convenció para aquella boda tropical. Dos hijos tienen, Leo y Luna. Los protegen de cualquier asalto de los "paparazzi". Y hacen muy bien. Ellos también se esconden. Los sorprendí una mañana de fin de semana cuando regresaban de dar un paseo por el parque madrileño del Retiro, cabizbajos y escondidos bajo sendas gorras. A mí me parece exagerada esa autoprotección. ¿Qué les puede ocurrir? ¿Que afronten unos minutos dedicándoselos a algunos curiosos o cazadores de autógrafos? Pero se agobian en su endiosamiento.

La vida les ha resultado feliz tras un pasado lejano cuando ambos no andaban precisamente en la abundancia. Javier, ganándose malamente a la vida como actor erótico en fiestas de despedidas de mujeres solteras, que le metían algunos billetes en sus calzoncillos. Y Penélope ayudando a Encarna Sánchez, que así se llamaba su madre, como la locutora, en su peluquería de Alcobendas. Hoy en día, a nombre del matrimonio disponen de un chalé de lujo en la urbanización madrileña de Valdelagua, en San Agustín de Guadalix, de un lujoso piso de él en el barrio de Salamanca, ático de 350 metros cuadrados, una casa en las Bahamas edificada con troncos de palmeras, y me figuro que alguna otra vivienda en Los Ángeles, donde viven parte del año. Penélope, a la que por aquellos lares sus colegas conocen por el apelativo de "Pé", ya compró una mansión cercana a Sunset Boulevard, que le costó tres millones seiscientos cincuenta mil dólares y tuvo que vender en 2011 perdiendo un millón en el envite. Varios coches de su propiedad y un avión privado que, si no de su propiedad, al menos usan de vez en cuando. Es decir: son millonarios aunque se disfracen de pobrecitos a la hora de manifestarse en actividades izquierdistas. Mamá Pilar Bardem ya adiestró en esas lides a Javier, desde que éste era jovencito y aprendió a elevar el brazo correspondiente con el puño cerrado.

Lo de llamarse Penélope sorprende a quienes no recuerdan a la heroína que esperaba, tejiendo y desafiando el reloj de arena del tiempo la llegada de Ulises. Y que Augusto Algueró y Joan Manuel Serrat rescataron para crear una hermosa melodía. Bailando al compas de sus notas, el modesto empleado de un concesionario de coches, extremeño afincado en Alcobendas, llamado Eduardo Cruz, con una avispada andaluza, la peluquera Encarna Sánchez, se enamoraron, se casaron y tuvieron tres hijos, un varón y dos niñas. La mayor, sería cristianada como Penélope. Y hoy es nuestra admirada estrella del cine. Como es natural, esa canción ha presidido siempre su vida. Y cuando tuvo oportunidad, combinó con Serrat la oportunidad de interpretarla juntos. Eso sucedió en una curiosa grabación con fines benéficos que realizaron para la Fundación Sobera, el disco "Voices of hope", que pueden encontrar en YouTube.

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