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María Teresa Campos: una vida de éxito televisivo e inestable en el amor

María Teresa Campos ha sido una de las profesionales periodísticas más afamadas, pero su vida sentimental está llena de avatares.

María Teresa Campos ha sido una de las profesionales periodísticas más afamadas, pero su vida sentimental está llena de avatares.
La vida de María Teresa Campos, en imágenes

María Teresa Campos, nacida en Tetuán el 18 de julio de 1941, ha pasado a la historia de televisión como una de las comunicadoras más queridas y admiradas, con un estilo directo y una visión de la actualidad presente en todos sus programas, combinando tanto la amenidad como el rigor. Procedía de la radio, donde a los quince años ya comenzó ante los micrófonos de Radio Juventud de Málaga, la capital de la Costa del Sol en la que vivió hasta establecerse en Madrid, al principio de la década de los 80 del pasado siglo, para desarrollar, poco a poco, su importante carrera profesional. A ella le entregó gran parte de su vida, por su apasionada vocación. Ese constante entusiasmo le proporcionó un éxito incuestionable. Pero en cambio, en el aspecto íntimo, no tuvo la misma suerte. Sus relaciones amorosas transcurrieron inestables repetidas veces. Puso en ellas sus mejores sentimientos, creyó siempre estar ante "el hombre de su vida". Y uno tras otro la llevaron al desencanto, desilusión, fracaso, dolor.

Contaba dieciséis años cuando se enamoró de José María Borrego, siete años mayor que ella. Su director en la citada anteriormente emisora malagueña. Siete también fueron los años de su largo noviazgo. Tuvieron dos hijas, Terelu y Carmen. Aquel matrimonio, que duró diecisiete años, acabó de mala manera. No era feliz ella en los últimos tiempos de la pareja: soñaba con ampliar sus horizontes profesionales. Y a pesar de que su marido no aprobó la idea de María Teresa de abandonar Málaga para conseguir en Madrid sus sueños, se salió con la suya. Por entonces, resultaba ilusorio separarse del esposo, el divorcio era una quimera. Y aunque la locutora viajaba de vez en cuando a encontrarse con José María y sus hijas en Málaga, es en Madrid donde inició una serie de contactos para triunfar en la radio. Luego llegaría su debut televisivo. Un suceso que jamás pudo imaginar cambiaría su vida.

Transcurría 1984 cuando la llamaron por teléfono para notificarle que su marido se había suicidado, con un tiro de pistola. José María Borrego ya llevaba un tiempo distanciado de María Teresa, antes incluso de que ésta se estableciera en Madrid. Lo supe por un compañero suyo de la radio, que me contó cuanto sufría él en su hogar. "Hasta los cuarenta años le fuí absolutamente fiel...Mi matrimonio no había sido feliz. Tenía derecho a vivir la vida, mi vida. Creo que era un enfermo".

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María Teresa Campos | Archivo

Aquella tragedia sin duda sumió a María Teresa Campos en un tiempo de dolor e incertidumbre sobre su futuro personal, aunque tomó la decisión de que jamás volvería a casarse, como lo había hecho "por la Iglesia". Tardaría en volver a enamorarse. Lo que sucedió de una manera anecdótica, propia de una comedia romántica. Tuvo una avería en el automóvil que conducía por carretera, lo detuvo y al poco rato otro conductor la auxilió de manera tan eficaz como caballerosa. Esperó a que llegara una grúa y tras despedirse quedaron en verse en una próxima ocasión. Lo que sucedería, de tal modo que se enamoraron. Él era un arquitecto vasco, Félix Arechavaleta. Vivía en el Norte. Se veían cuando les era posible. Así transcurrieron catorce años sin que cambiara esa situación. Se dejaron, quedando muy amigos. Al morir Félix en 2006, ella lloró amargamente esa pérdida. Probablemente fue el hombre al que más quiso, quien por las circunstancias que fueran no pudo ser su segundo esposo. Sin duda aquella relación interrumpida por la distancia física que les separaba, fue la que más le duró, ya que en adelante, sus parejas no sobrepasaron los dos años. "Le di todo y me hizo feliz. Fue mi amigo, mi amante, mi familia… ¿Por qué se fue todo al garete? Había que preguntárselo a él".

Confesaba que había tenido "una relación con un actor muy guapo, que me gustaba muchísimo. Relación que se fue enfriando. Si nos hubiéramos encontrado años después quizás nos hubiéramos casado. Lo importante es llegar en el momento oportuno y aquél no lo era". También reveló que la habían traicionado más de una vez, "hombres que necesitan protegerse, sentirse ellos los importantes o que les estén diciendo permanentemente lo maravillosos que son. Y éste al que me refiero era uno de ellos". Un tipo que dejó a María Teresa al enrollarse precisamente con una joven que trabajaba a las órdenes de ella en la radio. "Aquella chiquita de mi equipo me lo quitó".

Ni qué decir que María Teresa Campos, ya gozaba de una manifiesta notoriedad como presentadora de televisión en programas de máxima audiencia, y ello le significaba ser invitada diariamente a comidas, cenas y fiestas. Pudo en Madrid haber encontrado un alma gemela. Quien ocupó después su corazón sólo unos meses fue el empresario sevillano Felipe Maestro, que estaba al frente del Palacio de Exposiciones y Congresos de la capital de la Giralda. Elegante pero demasíado maduro para ella. Otro aspirante a su mano, ocho años menor, periodista de profesión, de nombre José María Hijarrubia, le hizo tilín, al punto que tuvieron casa propia, pero no era el compañero ideal, pues su convivencia no superó los dos años antedichos, la media de sus idilios. Además, él había estado casado, tenía dos hijas y aun con el divorcio en la mano no acabó conquistando a la muy activa María Teresa, que prefería seguir pendiente de sus programas sin complicarse la vida con alguien que no acababa de "llenarle".

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María Teresa Campos | Archivo

Tampoco es que María Teresa Campos prefiriera la soledad. Tenía a sus hijas, las veía a menudo. Y un día conoció a un empresario químico, Santiago García, que estaba loco por ella. Al tipo le encantaba viajar en moto y María Teresa, que siempre se había desplazado en coche y tenía chófer propio, hombre de su confianza, acabó de copiloto del tal García, asida a la cintura del nuevo novio. No progresó aquel romance y ella lo despidió finamente. Seguía sin encontrar su "media naranja".

Y en este relato ya llevamos cinco hombres en la vida de la popular comunicadora. Nos quedan dos más para completar la biografía sentimental de María Teresa Campos. El sexto caballero, el más calvo de sus amantes, apareció ante ella sólo pocas semanas después de haber roto con el de la moto. Un argentino, abogado, de nombre Gustavo Manilow (que nada tenía que ver con el cantante internacional de igual apellido, de nombre Barry). Era una época difícil para ella, aquejada de cierta dolorosa enfermedad. El caso es que aunque aquel señor se portó muy bien a su lado, admitió que esa amistad íntima no progresaba. Y se dijeron adiós, sin pena alguna en ambos.

"Siempre he ido buscando el amor, la estabilidad de una pareja. Otra cosa es que ellos me salieran ranas. Y me salieron un montón". El presidente de una Comunidad Autónoma quiso propasarse un día, cuando la invitó a ir en su coche. Lo conducía el chófer del político. Fueron a una sala de sevillanas. Sus guardaespaldas no les perdían ojo. Y el político intentó besarla. Ella se fue al baño y al regresar, su "ligón" ya no estaba: se lo habían llevado los guardaespaldas. Olían un posible escándalo, porque ella no podía tolerar que la manosearan en público. Sobre el sexo, de antigua, nada. Eso decía. "El mucho tiempo perdido en mi primera vida lo recuperé en la segunda".

Transcurría el verano de 2014, cinco años después del último, breve idilio comentado, cuando María Teresa Campos iba a ser noticia de portada en las revistas rosas, a causa de un sorprendente romance que, en aquel momento, despertó en ella felices ilusiones. Ajena a lo que después iba a padecer. El cómico chileno Edmundo "Bigote" Arrocet, que hacía tiempo había desaparecido del mapa artístico, al menos en España, reapareció haciendo arrumacos con María Teresa. Los reporteros los perseguían diariamente. Y así, durante semanas, meses, seguimos las peripecias sentimentales de la pareja, que viajaban, iban a fiestas, siendo permanente objeto de los fotógrafos. A María Teresa se la veía más feliz que nunca, rejuvenecida incluso, porque ya se sabe, aunque parezca decirlo una cursilada, que el amor es primavera; el amor nos cambia, nos mantiene alegres y eso da la impresión siempre que se olvida del calendario.

Si a María Teresa ese inesperado encuentro apasionado, cuando ya tenía setenta y tres tacos de almanaque, le hizo sentirse como una colegiala gracias a las noches de amor con "Bigote", éste también encontró alivio gracias a ella, porque había enviudado hacía casi dos años. Tenía hijos. Y un pasado sentimental con algunos pasajes oscuros, como su primer matrimonio con una locutora. El caso es que María Teresa encontró natural que el cómico chileno "desembarcara" con su equipaje en su lujosa mansión de las afueras de Madrid, donde él compartió techo con ella y pasó una larga temporada "a pensión completa". Lo que daría lugar a malsanos comentarios en los que se sospechaba que estaba "sin tabaco". (Leáse ayuno de "cash", sin un euro, vamos). Aducía el aludido que en Chile tenía negocios florecientes. La verdad es que aquellos meses con María Teresa prendida de "Bigote" le permitieron a éste recobrar su popularidad perdida: hizo galas y además se apuntó a la lista de concursantes en el programa "Supervivientes", de Telecinco. Aquel viaje a Honduras no fue del agrado de su amante.

María Teresa echaba de menos la presencia de Edmundo, quien en aquella isla se puso tostadísimo por el ardiente sol hondureño; cambió su fisonomía. Y al volver a Madrid, ella recobró la mejor de sus sonrisas. Hasta que de forma inesperada, tal y como había llegado a su vida, "Bigote" se fue de la mansión de María Teresa, dejándola, incrédula, sin saber su paradero, esperando una llamada siquiera. Que al parecer aconteció, pero sin que él aclarara el motivo de su adiós. Terelu y Carmen, las hijas, celebraron que el chileno hubiera hecho mutis por el foto, pero a María Teresa le supuso un soponcio tal que hizo mella en su salud. Se intensificaron sus dolores de espalda, se acentuó el estrés que solía padecer en televisión de vez en cuando, le aparecieron mareos, problemas de visión, y los médicos terminaron diagnosticándole una isquemia cerebral.

Tiempo atrás, en 1998, le detectaron un cáncer de garganta. Tampoco sus hijas se libraron de otros quebrantos: Carmina con un tumor en el útero y a Carmen, otro de mama. El golpe más dramático sucedió al clan de las Campos cuando murió Araceli, en 2015, hermana de María Teresa. Todos esos amargo, tristes acontecimientos, sumados al incomprensible comportamiento de "Bigote" Arrocet, llevaron a la gran estrella de Telecinco a un estado anímico preocupante. Añádase a eso también que Hacienda la tenía enfilada por no haber cumplido con sus deberes de contribuyente al Fisco, supuestamente. Asunto que resolvió para reponer su caja de caudales y sus cuentas bancarias con la venta de su suntuosa vivienda, propia desde luego de una estrella como era ella de la televisión, y alguna otra propiedad. Llegado febrero de 2017 un jarro de agua fría cayó sobre María Teresa cuando su programa "¡Qué tiempo tan feliz!" pasó a mejor vida. Y en adelante, ya su existencia fue una pesadilla, hasta su forzosa retirada de las cámaras. Con el nuevo año presente, su salud fue quebrándose, cuando ya no salía a la calle y sus hijas controlaban las visitas de amigos que querían saber de su estado, ya perdidas sus facultades, por la invasión del terrible "mal de Alzhéimer", oscureciando la mente, sus recuerdos: los de una mujer importante, de fuerte carácter, que hizo de su vida cuanto quiso… y le dejaron.

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