Menú

Los pañales de la anestesia colectiva

Me sorprende la anestesia colectiva a la que está sometida esta nuestra sociedad de Occidente que vive por y para la apariencia y el hedonismo.

Me sorprende la anestesia colectiva a la que está sometida esta nuestra sociedad de Occidente que vive por y para la apariencia y el hedonismo.
Taylor Swift | EFE

Hemos llegado a tal punto de degradación que hay quien ha optado por rememorar los pañales de nuestra infancia para no perderse ni un minuto del concierto de Taylor Swift. Y esto ni es ironía ni es una broma. Es real. Como la mierda.

Por si fuera poco, he observado con sigilo y mucho análisis el fenómeno en Madrid de personas que sin saber siquiera recitar una canción entera de la cantante se han "peleado" por conseguir ir al Bernabéu para verla. Porque, lectores: "si no estás donde está todo el mundo, no eres nadie". Hay que figurar. Para contarlo. Para sentir que conformas la tendencia social. La moda. Estar donde está todo de moda para tú también ser partícipe de ella.

Entremedias un sinfín de titulares del tipo de "así entrena y esta es la dieta de Taylor para aguantar 3 horas de espectáculo". ¡Me parece increíble! Que le pregunten a los mineros, a los basureros, a los policías que hacen guardia, a los bomberos que apagan fuegos y otras tantas profesiones de las que me olvido (¡ah, camareros que se someten cada noche a la jungla de las peticiones, algunas impertinentes!) que sí requieren de un esfuerzo físico, y ayuda emocional, para seguir sobreviviendo.

Todo ello no le quita mérito a Taylor: belleza, talento, voz, actitud, disciplina, arte, genialidad. Y sin ánimos de centrarme en ella, me sorprende -¡una vez más!- la anestesia colectiva a la que está sometida esta nuestra sociedad de Occidente que vive por y para la apariencia y el hedonismo sin causa.

Que los adolescentes sufran la "fiebre Taylor" es comprensible: en mi época lo fue la "generación OT", antes las Spice Girls... los más veteranos podrán contar de Los Beatles y otros tantos artistas o grupos que han marcado épocas. Que la gente joven, en plena búsqueda de identidad, recurra a idolatrar para después imitar a un icono de la música y la belleza es natural. Que personas adultas ajenas a la música de esta señora paguen lo impagable por figurar en un concierto de masas con tal de subir el vídeo a sus redes genera tristeza como desconcierto. Se salvan, por supuesto, todas las personas que conocen su música, su historia y la admiran de verdad. Los que váis por postureo, os merecéis a Pedro Sanchez de presidente.

Mientras Taylor saltaba ante miles de personas, Morante se jugaba la vida ante un toro. Esto último, se pretende prohibir. Me cuestiono en qué actividad o en qué personalidad estamos colocando el concepto "arte", cuando el Auditorio Nacional de Madrid cada día está más vacío porque "se va muriendo" su público. Porque dirigir una orquesta sinfónica es infinitamente más complicado que aprenderse una coreografía. Se tenía que decir, y lo digo. Perdón para los ofendiditos.

El jueves afortunadamente pude ejercer mi profesión de editora coordinando una divertida cena-sesión de fotos en casa de la Doctora Carla Barber, junto a buenos amigos y conocidos arquitectos, bajo el liderazgo de Javier Reyes Quiles de Cosentino. ¡Media casa está repleta de Dekton! Y he descubierto una Carla aún más cercana y espontánea. Una mujer que, por cierto, ha creado un imperio de la medicina estética de la nada, generando riqueza y empleo. Con 34 años sigue haciendo historia. Y estos casos son dignos de reconocer porque son realmente impresionantes. El brilli-brilli se lo dejo a todos aquellos carentes de un destino fijo acorde a sus valores, si es que tienen valores (pues este será el punto de partida del problema, de la anestesia). Con este fenómeno-fan a edades adultas podemos concluir porqué en las urnas salen los resultados que salen. Porqué España está como está. A veces tenemos lo que nos merecemos. Hoy si me leen (porque esta columna la escribo con un día de antelación) espero tener resaca de felicidad porque ha vuelto a ganar el mejor equipo del mundo. Los culés y colchoneros necesitarán pañales también. Supongo.

Temas

comentarios

Servicios

  • Radarbot
  • Libro
  • Curso
  • Alta Rentabilidad