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Katy Mikhailova

Pinchazos, botox, vacas y puros

Si uno no vende la palabra 'sostenibilidad' en su marca de moda o en su negocio en general parece que no está a la vanguardia.

Si uno no vende la palabra 'sostenibilidad' en su marca de moda o en su negocio en general parece que no está a la vanguardia.
Victoria Federica y Roca Rey | Fearless

Si uno no vende la palabra 'sostenibilidad' en su marca de moda o en su negocio en general parece que no está a la vanguardia. Si no eres sostenible, no eres nadie. La pregunta es: ¿cuánto de cierto hay en todo esto? Es decir. Yo podría vender mis columnas como 'sostenibles' sobre todo si lo ligo a la sostenibilidad entendida como el bienestar de las personas. 'Hago bien para y por todos ustedes, que me leen'. Antes era la RSC, ahora es la sostenibilidad. En la construcción, ESG. En fin… Que al final, por desgracia, en la mayoría de los casos la sostenibilidad se vende como un lema que sirva de gancho para "blanquearse" (o "en-verde-cerse").

Lo que es sostenible, y a lo que le quedan dos telediarios en algunos espacios, son los puros. El otro día descubría el club Pasión Habanos (en la Calle Ferraz, 2) en donde me entrevistaron. Y, entre calada y humo (que no se debe tragar), concluía que no hay nada más sostenible en el mundo de los consumos (e incluyo el alcohol) que un puro. Está elaborado en su integridad por hojas y más hojas. Sueltas un puro en el campo, y es más sostenible que los pedos de las vacas. Así les digo. Tema, por cierto, del que nadie ya habla. Tuvo su momento de moda. Como el agujero. De la capa de ozono.

Hablando de puros y vacas… ¡me supo a gloria el Vegafina que disfruté mientras veía en Aranjuez hace dos semanas a mi querido buen amigo Andrés Roca Rey! La velada clausuró con una cena en casa de los Trapote. Yo fui el 'plus one' de Santiago Pedraz y Elena Hormigos. Al día siguiente escribí en mi Instagram que en los toros es -probablemente- de los pocos sitios en los que aún no nos ha prohibido beber alcohol, fumar puros y gritar '¡Viva España'!. Acompañada de mi buena amiga Carlota López-Chicheri (pocos saben que su padre -papín, para las bromas de sobremesa- es el autor del actual diseño del estadio S. Bernabéu en colaboración de L35). Ella, entre pipa y pipa, gritaba entusiasmada 'olé' como si no hubiera un mañana, mientras yo entendía el silencio de la plaza con el puro que me transportaba directamente a Cap Cana. Es lo que tiene fumarse un dominicano. Puro. Hablamos de tabaco, por favor.

Lo que sí que es un favor es el que hace Robin Williams a las juventudes de Occidente confesando sus sacrilegios con el botox. La toxina botulínica o te sienta bien, como el alcohol, o es un desastre. Y me sentenciarán muchos de ustedes, pero cuanto antes se empiece, más natural es el efecto. Estuvimos el otro día con la Doctora Ana Vila Joya, y esa sí que sabe. No es qué botox le ponen a uno, sino quién lo hace y en qué momento. Todo tiene su lugar y su tiempo. Yo siempre digo que la mejor crema es un botox bien aplicado. Pero está claro que la industria después de meternos con calzador esta toxina ahora quiere retirarla. Como el retinol. El mundo, desde luego, pertenece a quienes creen en la belleza de sus arrugas o de sus médicos estéticos. Hay una clara dicotomía entre los que aman lo natural y los que son naturales con sus pinchazos. Para los que ocultan que se pinchan… no se merecen ni los buenos días, ni el humo de mi puro. ¡Feliz domingo!

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