Menú

Burbujas y los felices años 50 de Ricky Martin

El último grito de la moda, polémica mediante, es la colección limitada con ropa de plásticos de burbujas que ha lanzado una marca.

El último grito de la moda, polémica mediante, es la colección limitada con ropa de plásticos de burbujas que ha lanzado una marca.
Cordon Press

Si son burbujas para proteger una vajilla o cualquier enser sensible capaz de ser perjudicado, entonces sí -socialmente- son aceptadas. Si las burbujas son para llevarlas puestas, no. El último grito de la moda, polémica mediante, es la colección limitada con ropa de plásticos de burbujas que ha lanzado una marca (para mí) totalmente desconocida, ZNWR, que ahora copa titulares como churros. Claro que estas cosas sólo pasan en Bielorrusia, en Minsk, después de que una tiktoker descubriera semejantes joyas para el armario. Pero si lo lanzara Balenciaga, también nos lo podríamos creer, después de zapatillas sucias, vestidos agujereados y bolsas de Ikea llevadas al lujo.

Hay en concreto un vestido transparente por 82 euros lleno de burbujitas idóneas para las personas ansiosas e impacientes como yo. La gracia hubiera sido que costara diez veces más, y entonces la polémica valía el triple. Piensen que nada como llevar ropa anti estrés, perfecta para cualquier reunión de trabajo pesada o una cita incómoda. Digna indumentaria para comunicarle a su pareja que el amor se acabó de tanto usarse y, entre monólogo y llanto, permitirse el lujo de ir reventando con sigilo burbuja a burbuja. Permitirse el lujo porque, piénsenlo, reventadas las burbujas muerta la perra, -perdón-, la prenda.

A mí, sinceramente, las únicas burbujas que me gustan son las de las copas de espumosos. Champú y champagne, para el alma. Aunque les confieso que me fascinaría saber qué se siente estando forrado de burbujas, y no las doradas de Freixenet. Cómo es desplazarse por el mundo con un forro de plástico esponjoso, y sentarse en un restaurante al susurro de las burbujas explotadas, una a una o varias de golpe.

Hablando de dorado y festejos, ya que seguimos inmersos en estas fiestas que se llevan celebrando desde que Halloween ha pasado, pidamos un vestido de burbujas para Pedroche el 31, por favor. Cual reivindicación contra el uso del plástico, un oxímoron en sí mismo pero que tiene su poesía.

Y es que la vida está llena de contradicciones poéticas, porque la propia naturaleza está diseñada para aspirar a la imperfecta perfección, o más bien a la perfección imperfecta. Y seguimos anclados en la teoría del 80-20: sólo un 20 por ciento de la naturaleza podría condicionar el 80 (no necesariamente debe ser así, pero queda poético). Algo así lo descubrió (o inventó) Pareto. El 80 por ciento de los resultados provienen del 20 por ciento de nuestras acciones. Y después está lo del aleteo de una mariposa en Pekín que provoca un huracán en Nueva York: pequeñas e insignificantes acciones que traen grandes cambios. También está la Ley de Murphy de si algo puede salir mal, saldrá (que nunca he terminado de entender, porque hay cosas que pueden salir mal y luego salen bien). Y entonces llegamos al "teorema Ricky Martin" que acabo de improvisar, basado en la teoría de que "sin María no hay paraíso". Un, dos, tres, un pasito p'alante María. Decía la canción que "así es María, blanca como el día, pero es veneno, si te quieres enamorar". Sin María no hay paraíso, ni blanca navidad, ni amor que valga, porque hay quien necesita veneno en vena para evadirse y sonreír, e inspirar. Ser amable y aprender a querer, aunque sea unas horas. Y esto se debe aceptar, y si no, es mejor retirarse.

Ricky Martin cumplía 53 años el otro día, por cierto. Debió de ser muy difícil en su infancia convivir con el hecho de que el regalo de cumpleaños era el mismo que el de Navidad. Pero afortunadamente hay quien traspasa esa eterna infancia y el síndrome de Peter Pan, y es capaz de entender, aunque suene a frase de autoayuda, que nada como regalar tiempo y vivir el presente. Porque, pensémoslo bien, el tiempo en verdad no existe. Ni el pasado ni el futuro. Sólo es real este momento que se está materializando mientras yo lo escribo y ustedes me leen. Me genera mucha tristeza todas esas personas que emplean el pasado para intentar entender y controlar el futuro, mientras el presente se les va yendo de las manos por temor a equivocarse. Disfruten de estas últimas horas que 2024 les deja, porque, no sabemos si con este desgobierno llegaremos al año siguiente, ni aunque forremos a los perros de burbujas para mandarles directamente a otro continente. Para todo lo demás, siempre nos quedará Ricky Martin y su música, aunque sea desde la lejanía y el recuerdo.

Temas

comentarios

Servicios

  • Radarbot
  • Libro
  • Curso
  • Alta Rentabilidad