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De la gloria al ostracismo: por qué el universo 'Sálvame' ha muerto entre la irrelevancia y las sentencias

El cierre de No somos nadie el 30 de enero culmina el colapso de La Osa tras la pena de prisión para sus dueños y su fallido paso por el ente público.

Ni que fuéramos. | Youtube

El universo Sálvame exhala esta semana su último suspiro. Lo que durante catorce años fue el motor nuclear de la televisión rosa en España ha terminado convertido en un eco lejano y residual que se apagará definitivamente el próximo 30 de enero. El anuncio del final de No somos nadie, el programa que servía de último refugio a los rostros históricos de la extinta Fábrica de la Tele, marca el cierre de una era que ha agonizado entre el ruido de las redes sociales, la indiferencia de la audiencia y un asedio judicial que finalmente ha terminado por asfixiar a sus creadores.

La caída del imperio comenzó en junio de 2023, cuando Mediaset decidió cortar por lo sano con un modelo de televisión que consideraba agotado y tóxico. La salida de Telecinco no fue una despedida, sino una ejecución en directo que dejó a sus protagonistas en un limbo mediático. Tras meses de incertidumbre, Óscar Cornejo y Adrián Madrid intentaron reinventarse bajo el sello de Fabricantes Studio —ahora reconvertida en La Osa Producciones—, apostando por una "resistencia" que prometía libertad absoluta, pero que arrastraba una pesada mochila de procesos legales.

El experimento nació en mayo de 2024 con Ni que fuéramos Shhh en plataformas digitales como YouTube y Twitch. El inicio fue fulgurante en términos de ruido mediático, logrando picos de audiencia que hicieron creer a sus creadores que el formato podía sobrevivir fuera del ecosistema tradicional. Sin embargo, la ambición de volver a la "caja tonta" fue su primer error estratégico. En junio de 2024, el programa dio el salto a TEN, una cadena temática menor que buscaba en los restos de Sálvame una cuota de pantalla que justificara su existencia.

Aquel desembarco en TEN fue recibido como un triunfo, pero pronto se reveló como un espejismo. Aunque el programa lograba destacar en el canal, sus datos de audiencia eran, en términos globales, paupérrimos. Moverse en un entorno de entre el 2% y el 3% de cuota de pantalla, con apenas 200.000 espectadores, distaba mucho de los millones que congregaban antaño. El formato, que dictaba la agenda nacional, pasó a ser un contenido de nicho para nostálgicos.

Mientras el programa languidecía en audiencia, el frente judicial se recrudecía. La sombra de la "Operación Deluxe" —la trama de espionaje a famosos mediante filtraciones policiales— siguió planeando sobre la productora, aunque los dueños lograran desvincularse penalmente de forma directa en los últimos estadios del caso. Sin embargo, el golpe definitivo llegó desde la Audiencia Provincial de Madrid: en noviembre de 2025, Cornejo y Madrid fueron condenados a dos años de prisión e inhabilitación por un delito de revelación de secretos relacionado con la difusión de una sentencia de Rocío Flores cuando era menor de edad. Esta condena, que la productora ha recurrido, marcó un punto de no retorno en su reputación ante los grandes anunciantes y operadores.

En este periplo de supervivencia, hubo un intento de blanqueamiento a través de RTVE. La presencia de Belén Esteban y los contratos de La Osa para producir espacios como La familia de la tele (su fracaso más estrepitoso), Malas lenguas o Directo al grano en la televisión pública buscaron dar una pátina de legitimidad a unos productores acorralados por la justicia. Pero el espíritu de grupo se mantenía en TEN, donde el programa mutó a No somos nadie, un espacio que ya no ocultaba en su propio nombre la pérdida de relevancia absoluta. La vuelta a TEN tras los devaneos con la pública no trajo la renovación prometida, sino el estancamiento y la confirmación de que el modelo de "televisión de guerrilla" estaba agotado.

El análisis crítico de esta etapa final es demoledor: los formatos de La Osa han caído en la caricatura de sí mismos, operando en una burbuja de victimismo y endogamia. Lo que antes era transgresión se convirtió en un ejercicio de bajo presupuesto que no supo entender que su tiempo había pasado. La audiencia generalista demostró que no quería a los colaboradores de forma aislada, sino que necesitaba el envoltorio de un gran canal.

La productora intenta vender esta cancelación como una "evolución hacia nuevas narrativas", pero la realidad es que el universo Sálvame muere por la combinación letal de paupérrimos datos de audiencia y una insostenibilidad legal que ha vuelto a la marca radiactiva para el mercado. El 30 de enero, cuando la pantalla se funda a negro, no quedará más que el recuerdo de una televisión que se devoró a sí misma ante los tribunales y la indiferencia de sus antiguos seguidores.

¿Condenados en RTVE?

La condena penal contra Óscar Cornejo y Adrián Madrid ha tenido sus consecuencias en la marca de La Osa Producciones dentro de los pasillos de Radio Televisión Española (RTVE). Tras conocerse la sentencia de dos años de prisión e inhabilitación por revelación de secretos, el idilio que la productora mantenía con la cadena pública —un intento desesperado por obtener legitimidad institucional— ha entrado en una fase de desmantelamiento técnico y ético.

El impacto ha sido inmediato en tres frentes clave que definen el futuro (o la falta de él) de la productora en el ente público. La actual dirección de RTVE se encuentra bajo una presión política y social sin precedentes para aplicar los códigos éticos que rigen la contratación con productoras externas. Así, la condena a los dueños de La Osa ha paralizado cualquier negociación para la renovación de espacios como Directo al grano o Malas lenguas.

Aunque los contratos firmados previamente deben cumplirse para evitar indemnizaciones por lucro cesante, el Consejo de Administración ha dejado claro que la política de la casa impide trabajar con proveedores cuyos administradores cuenten con sentencias condenatorias firmes o en procesos que afecten directamente al derecho al honor y la protección de menores, dos pilares que la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid deja gravemente dañados. Así, se han cancelado al menos tres proyectos que la productora tenía en fase de desarrollo para el prime time de La 1, además, sin el respaldo de una audiencia masiva en TEN o YouTube, y con la mancha judicial, la productora ha perdido cualquier capacidad de presión frente a los programadores de la pública, que ahora ven en ellos un "problema a solucionar" más que un aliado creativo.

En definitiva, la condena no solo ha sido el golpe de gracia para sus paupérrimos formatos en la TDT secundaria, sino que ha levantado un muro infranqueable en la televisión pública. La Osa Producciones ha pasado de intentar liderar una "revolución de contenidos" a convertirse en una empresa que lucha por no desaparecer bajo el peso de sus propios errores legales.

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