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Karmele Marchante regresa a Telecinco para narrar su "infierno" en Sálvame y la traición económica de su marido

En su vuelta a Mediaset, la periodista ajusta cuentas con Lydia Lozano y Terelu Campos por su falta de apoyo durante años de humillaciones.

Karmele Marchante en De viernes. | Telecinco

Hacía años que Karmele Marchante no recorría los pasillos de Mediaset, un lugar que durante casi una década fue su hogar y, según sus propias palabras, su infierno particular. Ayer, bajo los focos de ¡De Viernes!, la periodista catalana no solo regresó físicamente al lugar del que huyó en 2016, sino que lo hizo armada con una memoria afilada y una voluntad inquebrantable de ajustar cuentas con el pasado. Su intervención no fue una entrevista más, fue un ejercicio de catarsis donde el nombre de Sálvame sobrevoló el plató como una sombra de la que, finalmente, parece haberse liberado.

La salida de Karmele de aquel programa no fue un adiós televisivo al uso, tal y como ella explicó. Contextualizó su marcha como un acto de supervivencia pura, describiendo un entorno de humillación constante y vejaciones que terminaron por mermar su salud mental. Para el espectador que recordaba las broncas en directo, Karmele puso ayer el foco en lo que no veían las cámaras: la soledad en los camerinos, el vacío de sus compañeros y una dirección que, según ella, fomentaba el escarnio público hacia su persona. Se sintió como un animal en un circo romano, subrayando que su dimisión fue la única vía para recuperar su dignidad como mujer y como profesional del periodismo.

A lo largo de la noche, fue desgranando cómo el formato que revolucionó la televisión también trituró su prestigio y el de otras personas. Recordó con amargura cómo se la ridiculizó por sus aspiraciones políticas o por su faceta feminista, temas que hoy son de vanguardia pero que en aquel entonces servían de mofa para el panel de colaboradores. La periodista dejó claro que no hay nostalgia en su mirada; su salida de Sálvame fue una liberación que le costó años de terapia y un alejamiento voluntario de la primera línea mediática, un silencio que solo rompió para poner los puntos sobre las íes.

Uno de los momentos más descarnados fue cuando abordó su turbulenta relación con su exmarido, Diego Soto, a quien ella apodaba cariñosamente en su día como "Pichurrín". Lo que en su momento se vendió en las revistas como una crisis de pareja, ayer se reveló como una tragedia financiera y personal de dimensiones considerables. Karmele relató cómo la confianza ciega en su pareja la llevó a una situación de precariedad absoluta, revelando que fue víctima de una gestión nefasta de sus ahorros de toda una vida, lo que la dejó en una situación de vulnerabilidad económica justo cuando más arreciaban las críticas profesionales.

Explicó que mientras en el plató se especulaba y se reían de su situación matrimonial, ella llegaba a una casa vacía y embargada. La crisis con su marido no fue solo una ruptura sentimental, sino el derrumbe de su estructura de seguridad. Ante la pregunta de los colaboradores, fue tajante: el dolor de la traición económica, sumado a la falta de apoyo emocional en su peor momento, cerró cualquier puerta a la reconciliación y a cualquier tipo de sentimiento que pudiera quedar hacia él.

La atmósfera del plató cambió drásticamente cuando Karmele tuvo que mirar a los ojos a quienes fueron sus compañeras de batalla durante años: Lydia Lozano y Terelu Campos. Con Lydia la tensión fue palpable desde el minuto uno. Lydia, conocida por su emotividad, intentó suavizar el terreno, pero se encontró con una Karmele blindada que le recordó su falta de compañerismo en momentos clave y cómo, a su juicio, Lydia prefería seguir la corriente del programa antes que defender a una colega. El reproche principal giró en torno a la hipocresía de llorar ante las cámaras mientras, por detrás, se participaba en el linchamiento mediático.

El choque con Terelu Campos tuvo un tinte más jerárquico y distante. Terelu, manteniendo su habitual aplomo, intentó cuestionar algunas de las afirmaciones de Karmele sobre el funcionamiento interno de la cúpula de Mediaset. Sin embargo, Karmele no dio un paso atrás, acusando a la familia Campos de haber gozado de privilegios que ella nunca tuvo. El intercambio dejó claro que, aunque compartieron miles de horas de directo, nunca hubo una amistad real, sino una convivencia forzada por el contrato y marcada por una profunda desconfianza mutua que el paso de los años no ha logrado mitigar.

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