
Tras meses de rumores insistentes y señales difíciles de ignorar, la relación entre Álvaro Morata y Alice Campello ha llegado oficialmente a su fin. El futbolista y la empresaria italiana han decidido iniciar los trámites de divorcio después de casi una década juntos y cuatro hijos en común, confirmando así lo que desde hace tiempo se comentaba en el entorno mediático.
Desde que se produjo la separación, la influencer se había mantenido en un segundo plano y alejada de los medios, hasta ayer, cuando quedó para almorzar en un conocido restaurante madrileño con una amiga cercana, sin saber que a la salida le esperaban los medios. Ante ellos, ha querido mostrarse discreta, aunque firme: "No quiero hablar de eso. Estamos muy bien hoy", comentó, insistiendo en que "estoy muy tranquila", pese al revuelo mediático que rodea la ruptura desde hace meses.
Campello ha querido subrayar que la separación se está produciendo en buenos términos. Ha recalcado la buena relación que mantiene con Morata y ha tenido palabras muy claras al hablar de él como padre, definiéndolo como "un súper padrazo" ante los micrófonos de "Europa Press".
Morata y Campello comenzaron su historia en 2016 y, desde entonces, su relación ha estado marcada por etapas de gran exposición pública, mudanzas constantes ligadas a la carrera deportiva del delantero y también por algunas crisis previas que ya habían conseguido superar. Sin embargo, en esta ocasión, el desgaste ha sido definitivo. Ambos han entendido que el cariño no siempre basta y que, pese a los intentos por recomponer la relación, los obstáculos han vuelto a imponerse.
Actualmente, el futbolista ya no reside en el domicilio familiar de Milán. Se ha trasladado a un apartamento cercano para poder seguir viendo a sus hijos con frecuencia tras los entrenamientos. Por su parte, Alice Campello se encuentra en Madrid.
Desde el entorno de la pareja, ya se había adelantado a la revista 'Hola' que el proceso de divorcio estaba en marcha, aunque con la clara intención de llevarlo con la máxima privacidad posible. "Cada persona tiene sus tiempos y sus procesos. Lo mínimo sería que los respetaran en lugar de inventar historias. Es prematuro, poco respetuoso e injusto para sus hijos", señalaban entonces, mientras ambos optaban por el silencio público.



