
Apenas unos días después de que el país se despidiera de Fernando Esteso, una de las figuras más icónicas, controvertidas y queridas de la historia del espectáculo en nuestro país, su hijo Fernando José visitaba el programa De Viernes para ofrecer una entrevista que navegó entre el homenaje póstumo y la confesión familiar. No era una intervención fácil; el fallecimiento del actor, que marcó a fuego la transición cultural de España junto a Andrés Pajares, ha dejado una sensación de orfandad en una generación que creció con sus chistes, su música y ese cine de barrio que hoy se estudia como un fenómeno sociológico.
Esteso no fue solo un cómico; fue un termómetro social, un hombre que batió récords de taquilla impensables y que, en sus últimos años, había mantenido una lucha discreta contra sus problemas de su salud. Este viernes, su hijo se sentó frente a los focos quebrándose por momentos al recordar las últimas horas del artista. "Mi padre se fue como vivió: sin querer molestar a nadie, con una sonrisa que ya no tenía fuerzas pero que seguía iluminando la habitación. Verlo apagarse ha sido el guion más difícil que nos ha tocado interpretar a la familia", confesó en un inicio de entrevista que silenció por completo el plató.
Durante la extensa conversación, el heredero del cómico no solo habló de la pérdida, sino que se adentró en la complejidad de ser hijo de un mito en una época donde la privacidad era un lujo inexistente. El relato desgranó cómo la fama masiva de los años setenta y ochenta permeó en el hogar familiar, creando una dualidad entre el hombre que hacía reír a millones de personas y el padre que lidiaba con las sombras del éxito. "La gente cree que en mi casa todo eran risas de 'Los Bingueros', pero la realidad es que mi padre era un hombre muy serio con su trabajo y muy protector con nosotros. Siempre nos decía que el aplauso es un préstamo que el público te hace y que algún día hay que devolverlo", explicó, aportando una dimensión humana y reflexiva que raras veces trascendía a los medios.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó al abordar la relación de su padre con su eterno compañero, Andrés Pajares, en los momentos finales. El hijo de Esteso quiso zanjar cualquier sombra de duda sobre el vínculo que unía a los dos titanes del humor español. "Andrés ha estado a la altura de la leyenda que son. En sus últimas conversaciones no hablaban de cine ni de éxitos, hablaban como dos hermanos que saben que el viaje está llegando a su fin. Ver ese respeto mutuo ha sido el mejor legado que he podido recibir", afirmó, desmintiendo de forma elegante los rumores de distanciamiento que periódicamente asolaban a la pareja artística más rentable del cine español.
La entrevista también sirvió para reivindicar la figura de Esteso frente a las críticas que, con el paso de las décadas, intentaron simplificar su carrera o juzgarla con los estándares de la corrección política actual. Su hijo defendió la valentía de una generación de artistas que sirvió de puente en una España "que necesitaba aprender a reír en libertad". "Hoy es muy fácil criticar lo que hacían entonces, pero mi padre y sus compañeros fueron los que abrieron las puertas cuando todo estaba cerrado. Él murió orgulloso de haber hecho feliz a la gente de a pie, a esa España que trabajaba de sol a sol y solo quería reírse un rato al final del día", sentenció con firmeza, posicionando la obra de su progenitor como un pilar fundamental de la transición cultural.
Hacia el final de la entrevista con Santi Acosta y Beatriz Archidona, el tono se volvió más íntimo al relatar cómo fueron los últimos meses del actor en la esfera privada, alejados de las cámaras y los homenajes. El entrevistado describió a un Fernando Esteso que, consciente de su final, se dedicó a poner en orden sus afectos más que sus pertenencias. "No me dejó una lista de deseos materiales, me dejó la responsabilidad de que su nombre se recordara con la dignidad que se merece. Me dijo: 'Hijo, que no lloren mucho, que yo ya he hecho reír bastante'", relató con la voz entrecortada por la emoción. Estas palabras finales cerraron un círculo de afecto que trascendió la pantalla, convirtiendo la entrevista en un funeral público cargado de respeto y verdad. "El personaje ya es de la gente, pero el hombre me lo quedo yo para siempre", concluyó, poniendo el broche de oro a una noche de homenaje.

