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El cantante Joselito vive a sus 83 años gracias a su pensión de jubilado y otras pequeñas ayudas

José Jiménez Fernández reside hoy en Valencia con su familia, lejos de los millones que otros ganaron a su costa durante su etapa de niño prodigio.

José Jiménez Fernández reside hoy en Valencia con su familia, lejos de los millones que otros ganaron a su costa durante su etapa de niño prodigio.
Cordon Press.

José Jiménez Fernández, que fuera conocido como Joselito, "El pequeño ruiseñor", por sus canciones y películas, siendo el niño prodigio más popular de España, entre finales de los años 50 y primera mitad de los 60, celebra este 11 de febrero su octogésimo tercer aniversario. Vive en Utiel (Valencia) con su segunda esposa y los dos hijos que tuvo con la primera. Pudo haber sido millonario, pero lo engañaron y gracias a él se enriquecieron. Con una posterior vida aventurera, acabó en la cárcel por tráfico de drogas. Su existencia ahora es tranquila, teniendo sólo como ingresos su pensión de jubilado más otras pequeñas ayudas de instituciones relacionadas con su anterior vida de actor y cantante.

"Le quitaron años para aparentar ser más niño"

El nacimiento de Joselito se produjo en Beas de Segura (Jaén). Sus padres eran muy pobres y tuvieron siete hijos. El cabeza de familia, Baldomero, cavaba de sol a sol por el mísero jornal de cinco pesetas. Había días que se alimentaban de cáscaras y mondas de patatas. Vivían en un barrio, Vista Alegre, poblado de gitanos. Joselito, mezclados con ellos, aprendió algunos cantes flamencos y coplas andaluzas. Era muy niño y celebrado en las tabernas donde ganaba unas monedas entonando aquellas piezas que aprendía de oído. Con un hermano suyo, mayor, se fue a Utiel, en busca de mejor vida. Y allí, dándose a conocer por su habilidad canora, un electricista, Eloy Ballesteros, prometió ayudarlo. Marchó con el chico a Madrid, presentándose en los estudios de Radio Madrid para ver si el más popular locutor de entonces, Bobby Deglané, le daba una oportunidad para actuar en "Cabalgata Fin de Semana", que era en la noche de los sábados el programa radiofónico de mayor audiencia a través de la cadena Ser. Y allí, Joselito, dio rienda a su prodigiosa garganta y en poco tiempo se dio a conocer en toda España. Tenía sólo en aquel 1957 catorce años, pero "le quitarían" cuatro para que pareciera más niño.

Luis Mariano quiso hacer de él una figura en Francia

El antes mentado electricista se convirtió en representante de Joselito quien, ajeno a las trapisondas que iba a cometer aquel, se dejó llevar ingenuamente, cuando iban contratándolo por toda España. Joselito era una mina de oro y así lo corroboró Luis Mariano, figura de la opereta en Paris, quien al escucharlo se brindó a hacer de él una figura en toda Francia. Pero el manipulador Eloy Ballesteros no quería desprenderse del jovencísimo cantante, gracias al cuál ganó unos cuantos millones de pesetas, de los que apenas dio unas migajas al niño prodigio para que ayudara a sus menesterosos progenitores.

Este avispado Ballesteros tenía muy limitados sus medios para su representación artística: ignoraba ese mundo empresarial. Acabo cediendo a Joselito al más importante productor de cine de la época, Cesáreo González, una vez que aquel desalmado electricista de Utiel se aprovechó al máximo de las condiciones excepcionales del niño cantor.

Un ídolo infantil en España e Hispanoamérica

Cesáreo González era un gallego emprendedor que se había convertido en productor de cine por pura chiripa, para cobrarse una deuda. Acabaría multiplicando su patrimonio gracias a sus películas. ("Penículas" pronunciaba él). La falta de cultura la enmascaraba con una extraordinaria simpatía, don de gentes, que le permitieron ir conociendo los entresijos de la industria cinematográfica, y sobre todo a los protagonistas de sus producciones, entre ellos, Joselito. Quien ya, antes de firmar contrato con Suevia Films, la empresa de Cesáreo, había debutado en la pantalla con "El pequeño ruiseñor", una melodramática historia trufada de canciones, como "Campanera", que en la versión de Joselito (la había estrenado Estrellita de Palma) constituyó un éxito en las emisoras de radio. Enterado de ese fenómeno, fue cuando Cesáreo González le firmó un contrato del que éste nunca se arrepentiría, pues con Joselito ganó más millones que con otras folclóricas de su negocio.

Antonio del Amo, acreditado realizador que había tenido problemas por su filiación política, fue quien dirigió a Joselito en sus primeras incursiones en la pantalla. Joselito cobró dos millones de pesetas que le pagó Cesáreo por protagonizar "Saeta del ruiseñor". Y después otra millonaria cantidad por "El ruiseñor de las cumbres", "Escucha mi canción", o "El pequeño coronel". En todas ellas, naturalmente, la banda sonora contenía una serie de populares canciones que entusiasmaban a niños, jóvenes y adultos, como "Clavelitos", "Doce cascabeles", "Violín gitano… Grabó alrededor de medio millar de piezas en su carrera. Y triunfó, si cabe, más en Hispanoamérica, con actuaciones personales en México, Buenos Aires y otras capitales, y en los mejores programas de televisión. Con tanta presencia se hizo popularísimo. Cesáreo le pagaba bien le regaló un caballo de color blanco, que era el sueño de su pupilo. Y éste, si bien ganó importantes cantidades se deshizo de buena parte de ellas para que sus padres ya pudieran vivir dignamente.

Dos matrimonios y un hijo guardia civil

En su periplo por medio mundo Joselito conoció al Papa Juan XXIII, al presidente de los Estados Unidos Lyndon B. Johnson, a Fidel Castro y al Che Guevara, cuando fue a actuar a La Habana… Llegado 1966, ya con un bagaje artístico impresionante, se casó con la hija del maestro Benito Lauret, Chonita, en una celebración íntima, sin presencia de nadie, sólo novios y algún testigo, imaginamos, elegido al azar, en la iglesia de San Blas, de una ciudad manchega, Villarrobledo (Albacete). La elección del lugar fue por su amistad con el sacerdote Joaquín Palacios Felipe, que allí oficiaba su ministerio. Dos hijos nacieron de esa unión, Isaac y Eva. El varón sería guardia civil. Doce años más tarde de aquel enlace Joselito se separó para contraer matrimonio civil con una antigua novia, Mari Fé Gabaldón, con quien ha seguido su convivencia hasta el presente.

Ingresó en el ejército angoleño

Sucedió con Joselito lo corriente en un niño que crece y su voz, pasada la adolescencia, cambia de registros vocales, aparte de su transformación física. El encanto de su figura, fue desapareciendo. Y ya en 1969, tras rodar "Prisionero en la ciudad", sus películas ya no interesaban. Ya como galán, que no lo aparentaba, tenía que usas zapatos con alza o elevados tacones, disimulando su pequeña estatura, la que le había servido para triunfar años atrás.

A partir de los años 70 del pasado siglo Joselito se dedicó a negocios de hostelería en Utiel, su tierra de adopción. Que los dejó, quizás no le eran muy rentables, o simplemente se aburrió, con la nostalgia en su mente de su glorioso pasado. Y entonces dio en emprender una aventura inesperada: marchó en 1977 para ingresar en el ejército angoleño, donde permaneció hasta 1985, cuando la ex colonia portuguesa consiguió la independencia. Negó Joselito haber sido mercenario. Pero ¿qué se le había perdido allí? Sus explicaciones no fueron muy convincentes cuando regresó a España. De Angola se trajo cantidad de cachivaches que le sirvieron como decoración para "El bodegón", su negocio, donde también albergaba algunas armas pues las coleccionaba con auténtica devoción. Tenía fama de ser buen tirador.

Cinco años encarcelado

Mal le debían ir los negocios, considerando que sus finanzas estaban por los suelos. De ahí lo que le sucedió el 29 de agosto de 1991 cuando al volante de su automóvil fue detenido por un agente cuando transitaba por la carretera del pueblo valenciano de Yatova, al advertir que arrojaba al suelo un paquete, envuelto en hojas de periódico en cuyo interior había ochenta y cinco gramos de cocaína. Dentro del coche se encontraron ochocientas cincuenta mil pesetas (cinco mil ciento ocho euros al cambio) y un arma automática. Llevado Joselito al cuartelillo más cercano acabó por orden judicial preso durante cinco años en la cárcel de Picassent. Tuvo allí tiempo suficiente para ordenar sus pensamientos. Y cuando cumplió su condena pronunció la siguiente frase: "Agradezco esta etapa pues evitó que yo terminara o, suicidándome, o muerto por mis adicciones. He pagado por aquel error, que no podré olvidar nunca".

Mari Fe, su mujer, siempre lo estuvo apoyando. A día de hoy los ingresos de Joselito se limitan, él que dio a ganar muchos millones y a ganar incluso veinticinco mil dólares para terminar de mal manera, completamente "pelado", a cobrar mensualmente una paga de jubilado, que será exigua, complementada por algunos ingresos, menguados, procedentes de la Sociedad General de Autores y la de AISGE, entidad que vela por los derechos de propiedad intelectual. "Me dan para vivir con dignidad", concluye Joselito, juguete roto por cuantos se aprovecharon vilmente de él, y también por su mala cabeza.

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