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Ramoncín y su historia "con dos madres"

Lo confesado por él mismo de "haber tenido dos madres" precisaba de una explicación.

Ramoncín y su mujer. | Cordon Press

El cantante Ramoncín tiene una biografía personal y artística nada común. Cierto que muchos la conocemos desde hace tiempo. Pero ahora la revista "Semana" ha recurrido a remover el pasado del llamado "Rey del pollo frito", en un reciente número, al igual que Sonsoles Ónega contó con el cantautor, llevándolo una tarde, no hace mucho, a su programa. De manera que las nuevas generaciones han podido enterarse del entorno en que vino al mundo y cuanto le sucedió a lo largo de su nada convencional existencia. Lo confesado por él mismo de "haber tenido dos madres" precisaba de una explicación.

José Ramón Julio Márquez Martínez nació el 25 de noviembre de 1955. Su llegada al mundo no pudo ser más llamativa: dentro de un taxi, a la altura de la madrileña Puerta de Alcalá.

El futuro Ramoncín no supo nunca quién era su padre. En cuanto a su madre, que era cantante de coplas con el sobrenombre de Diana Márquez, abandonó al niño a los dos meses de nacer. Y éste quedó al cuidado de su abuelo materno, un tío y la mujer de éste, Engracia, que se convirtió en su madre adoptiva. He ahí el pequeño lío en el que se vio envuelto el chaval cuando al llegar al uso de razón se preguntaba quién era en realidad la mujer que lo había parido: la "señora" que iba a verlo de vez en cuando (Antonia, nombre real de la cantaora Diana) o la que veía a diario y le había dado el pecho, la mentada Engracia.

Tardó mucho el abuelo de Ramoncín en perdonar a su hija y dejarla entrar en la casa familiar para ver a su pequeño, al que había dado a luz tras una relación con padre desconocido. Aquellas visitas de la madre biológica se fueron espaciando. Y Ramoncín dejó de verla y parece ser que nada supo de ella siendo ya adolescente. Para él, "su madre" siempre fue la adoptiva, la que lo crió.

El barrio madrileño donde fue creciendo era de raíces obreras, Delicias, en los aledaños de la estación de Atocha. Por allí sigue viviendo, ya que no se le han conocido lujos. La infancia, humilde. En la adolescencia sintió que la música "le tiraba". ¿No sería por cuestión genética, siendo su madre biológica, como ya indicamos, cantante profesional de coplas? Pero insistimos en que Ramoncín apenas supo de la carrera artística de Diana Márquez, que en la década de los 50 aparecía como intérprete de segunda fila en espectáculos llamados "de variedades". Grabó una decena de discos, lo que le proporcionó cierta popularidad en su género. Y hasta estrenó algunas canciones de Quintero, León y Quiroga.

Ramoncín leyó en las páginas de Disco Express, publicación editada en Pamplona, un anuncio en el que buscaban un cantante, aunque fuera principiante, para un grupo del barrio de Vallecas. Se presentó, lo admitieron y acabó mediados los años 70 siendo el vocalista de la banda llamada W.C. Así comenzó su carrera dentro de un movimiento inglés, el de los "punks", que exteriormente se distinguían por llevar el pelo hacia arriba de color verde habitualmente. Estaban de moda entre la juventud "in", como se decía. "Dentro de", o sea "en la pomada".

En ese mundo apareció un Ramoncín desatado, interpretando letras propias donde ponía a parir a medio mundo. Su desenfado crítico-social lo experimentaba de manera rebelde rozando el paroxismo. Lanzaba a quienes lo escuchaban en las discotecas cutres desde plátanos a, sobre todo, huevos podridos. Me libré de uno de éstos la tarde en la que fui a verlo a la madrileña sala "El Sol", que era de lo más progre entonces. Se excedía también con sus salivazos.

Las canciones que hizo populares entre su parroquia fueron "Marica de terciopelo", "Cómete una paraguaya", "Hormigón, mujeres y alcohol" y una muy especial, "El rey del pollo frito", que tiene su anécdota: fue a entrevistarse con un directivo de la multinacional CBS y de la conversación mantenida salió a la calle con el argumento satírico de una canción que reflejaba el sentimiento de quienes estaban al frente de las discográficas. Muchos de sus seguidores acaso no entendieron el mensaje, porque adjudicaron al propio Ramoncín como mote el título de esa canción. Se refería no a él sino al directivo de la CBS.

CUATRO HIJOS CON TRES MUJERES DISTINTAS

Ramoncín fue un seductor "progre" que tuvo muchas novias. Tres mujeres distintas lo convirtieron en padre de cuatro hijos. Ainhoa, la primogénita, quien nació cuando él contaba diecinueve años.

Es quien ha estado siempre a su lado, la que se ocupa de administrar sus contratos, aunque tenga un mánager. Luego de romper con aquella pareja, única vez que contrajo matrimonio, la sustituyó por Diana Polakov, que había estado casada muy pocos días con el actor Emilio Gutiérrez Caba, madre de otra niña, Andrea. Estuvieron juntos un decenio y ella fue su representante. Y con su última compañera, Amalia Villar, fueron padres de Alenka y Joel, que están muy relacionados con la música y el cine. Ramoncín, orgulloso de cómo esos hijos se ganan la vida por su propia cuenta.

La trayectoria musical de Ramoncín, que desde el "punk" pasó a otro ritmo de la época, el "glam" para mantenerse siempre en las coordenadas corrientes del pop-rock, la mantuvo en caliente hasta 1990, ya descendiendo en contratos. Anunció su retirada, que en realidad nunca se produjo, pues de vez en cuando volvía a los circuitos rockeros de siempre y grababa nuevas piezas, sin tanta agresividad como en el pasado. Y así llegó al nuevo siglo. Todavía protagonizaba algún escándalo, como en 2006 cuando acudió a participar en el festival manchego Villa Rock, de Villarrobledo (Albacete). Iba a salir al escenario, que advirtió que estaba lleno de botes vacíos y otros objetos, lanzados por un grupo que quería jaleo, provocándolo, que es lo que el mismo Ramoncín hacía en sus principios. Ante ese ambiente, Ramoncín, tal vez aconsejado por algunos de los organizadores, o prudente, se volvió por donde había llegado y no hizo acto de presencia.

Había cambiado, pese a todo. Si no tuvo estudios universitarios completos, sí que pasó por la Universidad Politécnica de Madrid donde siguió un curso de expresión corporal e interpretación dentro del Gabinete de Teatro. Allí aprendió a hablar en público con autoridad, sin caer en redundancias ni lugares comunes, con un vocabulario que nada tenía que ver con los exabruptos que soltaba en sus comienzos como "Rey del pollo frito". Y así, hasta la fecha, ha venido sentando cátedra a su modo y manera como presentador televisivo y tertuliano, hablando de lo divino y humano, muy seguro de sí. También ha escrito muchos artículos, novelas y un diccionario cheli muy interesante.

Ya no tiene los ingresos del pasado. Pero con lo que cobra por sus apariciones en televisión, derechos de autor e imagino que también por su jubilación, a sus setenta "castañas", puede vivir tranquila y ya serenamente. Ya no lo persiguen los reporteros como en otras épocas, a los que se enfrentó alguna vez con sus puños. Digamos que Ramoncín ha entrado en otra fase, no la del espacio de Spielberg, sino pisando los pies en la tierra. Pero si alguien le pincha, protesta, marca de la casa. Más moderado. Es todo un personaje.

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