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Luis Zahera, de albañil a actor 'todoterreno', cumple 60 años

El intérprete santiagués, ganador de dos premios Goya, celebra su trayectoria artística mientras protege con celo su discreta vida privada.

El intérprete santiagués, ganador de dos premios Goya, celebra su trayectoria artística mientras protege con celo su discreta vida privada.
Gtres

Ejerce el gallego Luis Zahera la profesión de actor desde hace cuarenta años. Su caso no es el más corriente de quienes llegan al teatro, el cine o la televisión de manera vocacional desde temprana edad, pasando unos por escuelas de arte dramático y otros por su físico u otras condiciones personales.

Nacido en Santiago de Compostela en 1966, Luis Zahera lleva un apellido que no era exactamente el real, Zaera, como así reza el de sus antepasados por vía materna. Resulta que una hermana suya, María Dolores, fue registrada civilmente con la hache añadida. Y para no embrollar más el asunto, Luis también figuró con esa letra. Otra alteración en su identidad se refiere al apellido paterno, De Castro. Tampoco a Luis y a sus hermanos los inscribieron con él, sino que prescindieron de la d.

En Luis siempre ha prevalecido una suerte de aventura y así fue trabajando en la televisión gallega con pequeños papeles en series de televisión, la principal Mareas vivas, en el personaje de Petróleo, que le reportó una gran popularidad en su tierra. Un año después, en 1987, debutó en el cine con otra intervención menor en Divinas palabras, que dirigió José Luis García Sánchez con Ana Belén e Imanol Arias encabezando el reparto.

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Los sucesivos personajes que Luis Zahera interpretó lo definían artísticamente como un actor 'de reparto', de gran importancia siempre. Con un acento gallego muy pronunciado, tanto en papeles de comedia como dramáticos, demostró su eficacia en una larga serie de títulos, hasta llegar al nuevo siglo, en el que su nombre empezó a ser conocido poco a poco en toda España.

Con una mano delante y otra detrás en Nueva York

Luis Zahera tenía ese espíritu de las gentes de su tierra que los llevaba a emigrar al otro lado del Atlántico, aventura que emprendió con muy poco dinero en sus bolsillos y muchos sueños en su imaginación. ¿Adónde iba? A Nueva York. ¿Qué lo empujaba a ese viaje sin saber a qué iba a dedicarse, sin saber nada de inglés?

Se las compuso, como suele decirse, para ganarse el pan como albañil en la Gran Manzana. Y cuando se cansó tuvo un trabajo más cómodo: colgando prendas de abrigo en el guardarropa de un restaurante de lujo de Tribeca. Eso ocurría en los años noventa del pasado siglo, cuando en el decenio anterior trabajaba como actor en su Galicia natal.

La experiencia en Nueva York le sirvió para afianzar su carácter de hombre decidido a buscarse la vida por sí mismo. Y, de vuelta a España, es cuando se propuso dedicarse de lleno a la actividad artística. Su primer papel importante lo consiguió en 2008 en la serie Sin tetas no hay paraíso. Un año después tuvo otro en el largometraje Celda 211, en el que su paisano Luis Tosar era uno de los protagonistas y él interpretaba a Releches. Y así, poco a poco, Luis Zahera resultó insustituible, dotado de un físico fotogénico y una manera de actuar unas veces en papeles cómicos y las más en cometidos dramáticos o de acción en los que su manera de hablar resultaba convincente. La presencia en la pantalla o en la televisión de Luis Zahera no pasaba inadvertida.

Sus interpretaciones, a veces como antagonista, ya eran destacadas. En la serie de varias temporadas Entrevías, aquel policía de barrio, Ezequiel Fandiño, era imprescindible en cada capítulo, junto a José Coronado.

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Recibió un Goya al mejor actor de reparto en 2019 por su interpretación en El reino, galardón que en 2023 volvió a recaer en él en virtud de su presencia en As bestas. Y, entremedias, sumó más trabajos destacados en La playa de los ahogados, su salida internacional en la coproducción Karma, al lado de la actriz francesa Marion Cotillard, la serie Animal, Clanes, Boulevard, Mientras dure la guerra o Loco por ella... No ha tenido parones laborales últimamente y, cuando algún mes está inactivo, recurre a su faceta de monologuista en un espectáculo titulado Chungo, donde hace un recorrido por las peripecias que le han ocurrido en esta vida, contadas con tal sentido del humor que provoca en los espectadores continuas carcajadas.

Entre sus últimas intervenciones en el cine destaca Leones en invierno, un thriller dramático donde da vida a un hombre que pierde a su hija en circunstancias dramáticas e inicia la búsqueda de los responsables de su desaparición. Y también Zeta, junto a Mario Casas.

Esa actividad constante, sin apenas fracasos, le ha valido ser galardonado con la Medalla de las Bellas Artes.

Ni una palabra sobre su vida íntima

Luis es de esos actores que, aunque haga de villano, despierta en el espectador una corriente de comunicación; de empatía si su papel es cómico y, si no, de admiración por la manera tan natural y espontánea de bordar sus personajes.

Conversador ocurrente —no en vano está acostumbrado a sus monólogos para atraer la atención del público—, a su paso por la cadena catalana TV3 contó cómo acudió a una cita con el director Rodrigo Sorogoyen antes de contratarlo para su película Que Dios nos perdone: "Me hizo una entrevista para ver si yo era imbécil".

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Suele ser sincero, muy directo al recordar a primeros actores con los que alguna vez hizo algún papel, como Arturo Fernández: "Era muy complicado, generaba en los demás una distancia, una cosa extraña... Las maquilladoras no podían tocarlo, así que se iba él solo con un espejo y él mismo se ocupaba de sacar el maquillaje de una bandejita que llevaba para dárselo en la cara".

A José Luis Moreno también lo trató cuando dirigía y presentaba un programa semanal: "Un pedazo de psicópata".

Hay un capítulo de su vida que ningún periodista ha logrado franquear: el de su vida íntima. No se sabe si vive solo o no, si tiene novia o está soltero y sin compromiso. Sencillamente porque es un tema tabú. Lo único que sabemos es que, si no está en Madrid viviendo, pasa los días en un lugar tranquilo donde tiene una casa frente al mar, en la preciosa isla de Arosa (Pontevedra). Lleva a Galicia en el alma.

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