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'Las Campos', o cómo Terelu se comió el show

El primero de Las Campos consistió, en resumen, en ver a Terelu comiéndose todo. Real y metafóricamente.

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El primero de Las Campos consistió, en resumen, en ver a Terelu comiéndose todo. Real y metafóricamente.
Terelu y María Teresa | Mediaset

Versión entre campechana y cañi de Las Kardashian, a las que todo el mundo ve porque, hablando claro, están buenas, el show de Las Campos que Telecinco estrenó ayer con toda la algarabía habitual engaña. Porque, pese a que nunca se atrevió a celebrar la extravagancia de sus protagonistas como sí hacía Alaska y Mario, el tema dejó perlas puntuales que nos que dejan ver su potencia sin explorar de sus personajes.

Engaña, sí, porque el reality, que sigue la vida doméstica de Maria Teresa y Terelu, parece inofensivo -incluso aburrido: nada pasa, nada ocurre- pero después no lo es tanto. Ningún evento sobresaliente excepto las comilonas diarias organizadas por madre e hija, pero al final un cúmulo de detalles que acaban justificando su condición de "Trending Topic" estival. Quédense con esta palabra: comilonas.

El primero de Las Campos consistió, en resumen, en ver a Terelu comiéndose todo. Real y metafóricamente. La hija se adueñó de un espacio bien amplio a mordiscos, y de paso otorgó al inicio del reality un tema bien claro que aglutinó el conjunto: el de una mujer que añora tiempos pasados (¿y mejores?), que no se reconoce y, por eso, come. La presencia de Carlota Corredera y Tania Llasera, también con sus más y sus menos con el peso, refuerza esa impresión. Hubo tres actos, como en una ópera: primero en una comida en casa de María Teresa, después en Sálvame, y por último (tercer acto) otra vez en casa, con invitados famosos de la casa (Telecinco).

El problema grave de esta primera entrega fue el necesitar de más tiempo. Había en Las Campos una malévola energía que no acaba de salir por vergüenza: ese breve momento de María Teresa nadando en su piscina de aires grecorromanos y una ópera de fondo fue demasiado breve para perdurar, pero ahí podría estar la clave. El show necesita desatarse para convertirse en lo que quiere ser, y la presencia de la mejor amiga de la matriarca lo demuestra. La Mayte, que así se llamaba, desembarcó anunciando emociones fuertes que nunca llegaron, aunque al menos dejó un par de frases para el recuerdo. "Si somatizas hay una célula que muta", soltó, para a continuación relatar que a una mujer le implosionó un pecho por el estrés. Se hizo el silencio en la mesa.

Aquí todo consiste en exagerar lo mundano, pero Terelu nunca acabó convertida en caricatura. Por el camino, referencias al oncólogo y su carrera humanizaron su figura. Pero fue ella y solo ella quien regaló los destellos de un programa que, quizá, todavía es demasiado soso. Terelu bebiéndose de un trago el Colacao; Terelu zampando una tabla de embutidos y luego poniéndose Stevia en el café; Terelu sugiriendo que su afición a beberse el agua de los floreros cuando sale. "Como haya carne, me parto", dice de camino a la enésima comilona. Aquí hay un trabajo serio construyendo un personaje y obviar eso sería estúpido.

Maria Teresa, mientras tanto, no parece del todo consciente del tipo de programa en el que se ha metido, y por eso mismo es una enorme mina esperando a explotar. Ese descoloque nos da todo tipo de perlas, pero no por la relación con su hija o con Bigote, sino con la que mantiene con la chacha. Y es que mientras Terelu engulle, donde se corta con un cuchillo (la tensión) es en su faceta de señora y asistenta, con María Teresa reprochando a la mujer latinalos más insignificantes detalles de su labor. Cuántos comensales, le pregunta ella; ya te lo he dicho, le sale a la Campos, a punto de sacar su vena macarra si no fuera por las cámaras. Aquí ocurre algo, hay amenaza y peligro, y desde luego no nos gustaría estar en la piel de la pobre chacha latina cuando se vaya el equipo de Telecinco. ¿Y si María Teresa Campos es un genio del mal?

Cuando las cámaras se apagan, Las Campos podría ser un reality de terror en el casoplón de María Teresa. Y si a ello añadimos que por ahí también pulula Bigote (a quien presentan matando moscas con un spray), todo indica que efectivamente aquí hay un no sé qué a American Horror Story agazapado, afilando las uñas, esperando a salir.

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