La drástica decisión de Broncano: copiará a Pablo Motos para evitar la sangría de espectadores
El programa de TVE altera su escaleta tradicional y prescinde de su inicio habitual para dar paso directo a las entrevistas, como hace Pablo Motos.
La alarmante situación en la que se encuentra sumido el access prime time de Televisión Española ha obligado a los directivos del ente público y a los responsables de La Revuelta a activar el botón de pánico en lo que ya se califica abiertamente como una maniobra a la desesperada. En un giro de los acontecimientos tan radical como revelador de la debilidad del formato, David Broncano se vio obligado a arrancar la emisión celebrando unos resultados que, si bien son positivos a corto plazo gracias a la inestimable presencia de Mercedes Milá, ocultan detrás un severo historial de sequía y pérdidas de espectadores que venía arrastrando el programa desde hacía meses.
La preocupante deriva del espacio televisivo de la cadena estatal ha forzado al equipo a mutilar su propia esencia, alterando drásticamente una escaleta que hasta ahora se consideraba intocable pero que el frío dictado de los audímetros ha demostrado ineficaz para competir en la liga de las grandes audiencias. Ni las intervenciones satíricas de Jorge Ponce, ni las recurrentes y ya desgastadas anécdotas de bidé o bañera que solían rellenar el inicio del programa tuvieron cabida en esta nueva estrategia de supervivencia, puesto que el humorista optó por iniciar la emisión de forma fulminante recibiendo a la invitada de la noche de manera directa en el plató.
Este movimiento supone un plagio descarado al esqueleto habitual que lleva años consolidando el éxito indiscutible de El Hormiguero, evidenciando que el único camino para la salvación de la apuesta pública pasa por mimetizarse con el gigante de Antena 3. El propio presentador se vio obligado a comentar este viraje de 180 grados en su guion habitual nada más saludar a la veterana periodista, reconociendo implícitamente el estado de necesidad en el que se encuentra inmerso el formato para poder retener a una masa de espectadores esquiva y visiblemente desencantada con la oferta que venían recibiendo habitualmente.
La confesión de este experimento de urgencia continuó marcando el ritmo del espacio cuando, al día siguiente, Broncano admitió abiertamente los planes que maneja de cara al futuro inmediato de La Revuelta tras constatar que esta modificación estructural había dado un fruto inesperado. Con la sorna que suele maquillar el nerviosismo interno del equipo, el colaborador Sergio Bezos rompió el hielo recordando cómo el preshow y la interacción previa con el público que él solía capitanear cayeron bajo la guillotina de los recortes de guion, dejando caer con ironía que prefería que la estrategia hubiese fracasado para poder mantener su habitual cuota de protagonismo en antena.
El propio presentador desveló los entresijos de la tensa situación interna al revelar que Bezos era el único integrante descontento dentro de una infraestructura que necesitaba imperiosamente un revulsivo para frenar una sangría de espectadores que ya resultaba insostenible para el balance de la cadena pública. Ante el alivio de haber cosechado el mejor registro de audiencia en los últimos tres o cuatro meses, el comunicador no dudó en anunciar entre los aplausos del público asistente una drástica determinación que cambiará por completo el destino del programa, asegurando que si las métricas volvían a respaldar este modelo de emergencia, la estructura clásica quedaría sepultada de forma definitiva en favor de una escaleta clónica a la de su competidor directo, bromeando incluso con la posibilidad de encontrarse al invitado sentado en el sofá desde el primer segundo de emisión.
La Revuelta no remonta
Para comprender la magnitud de la crisis y el porqué de esta desesperada huida hacia adelante, resulta imprescindible analizar minuciosamente el desolador panorama de audiencias que venía arrastrando La Revuelta, un formato que llevaba meses instalado en una preocupante caída libre incapaz de justificar las enormes expectativas depositadas en su multimillonario presupuesto. Tras semanas de naufragio continuado en las que el programa ha llegado a firmar cuotas de pantalla sumamente mediocres que lastraban el promedio global de la cadena, el alivio de alcanzar un 12,6% de cuota de pantalla y congregar a 1.535.000 espectadores se ha vivido en el seno de Radiotelevisión Española casi como un milagro.
Sin embargo, este repunte puntual no hace más que confirmar la debilidad estructural del espacio si se compara con el rendimiento del resto de la semana, donde apenas veinticuatro horas antes el programa se hundía hasta un raquítico 10,8% de cuota y apenas 1.318.000 almas con la visita del futbolista Ronald Araujo, un dato alarmante que demuestra que ni los rostros de primera línea deportiva lograban levantar un formato que se desangra lentamente y que ya se sitúa con frecuencia por debajo de la media diaria de La 1 de Televisión Española.
La brecha se vuelve todavía más sangrante y demoledora cuando se confrontan estos datos con la solidez de su eterno rival, un Pablo Motos que desde la trinchera de Antena 3 continúa demostrando una hegemonía incontestable e inmune a los volantazos de la competencia. Mientras en Televisión Española se desataba la euforia por un tímido y desesperado acercamiento a las cifras de liderazgo, El Hormiguero se aseguraba una noche más su posición de líder indiscutible del access prime time anotando un 13,9% de cuota de pantalla y seduciendo a una media de 1.707.000 seguidores gracias a la visita del futbolista Marcos Llorente.
La distancia entre ambos formatos evidencia que, incluso en su mejor noche de los últimos dos meses y habiendo renunciado a sus señas de identidad, Broncano se queda a una distancia sideral de poner en aprietos a un transatlántico televisivo que al inicio de la semana ya devoraba al espacio público con un contundente 14,4% de share y 1.757.000 espectadores.
Esta persistentemente diferencia de más de 200.000 fieles en directo y la incapacidad crónica de La Revuelta para asomarse con regularidad a las cifras que exige la televisión en abierto pone de manifiesto que el volantazo en la escaleta no es un síntoma de evolución creativa, sino la confirmación oficial de que en los despachos de Televisión Española ha cundido el pánico ante un gigante que, hoy por hoy, sigue pareciendo absolutamente invencible.
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