
La Isla de las Tentaciones ha experimentado un giro notable para alivio de los espectadores de esta décima edición. A ello ha contribuido de forma determinante la salida de las dos parejas más prescindibles de la historia del programa (Christian y Ainhoa, Luis y Julia), cuatro concursantes que jamás debieron ser seleccionados por el aburrimiento insufrible que proyectan mientras trataban de poner a prueba su relación.
Tras esta necesaria labor de limpieza faltaba por recuperar a Atamán de la depresión en la que andaba sumido tras la traición de Leila, esa especie de novia con la que llegó al programa y cuyas primeras palabras "No sé si estoy enamorada de mi novio" nos permitieron aventurar presagios felices, confirmados a las pocas horas de desempacar.
Pues bien, Atamán ha despertado y ahora es ella la que ha empezado a sufrir unos celos terribles que nos llenan de satisfacción, porque el escenario es, ahora sí, especialmente propicio para que el programa recupere el interés de ediciones anteriores. Porque Leila puede acostarse con su tentador las veces que considere necesario (todos los días), pero exige que Atamán se arrastre por los rincones rumiando su amor traicionado. Si no es así se enfada muchísimo y rompe a llorar, como hizo en la hoguera de este pasado miércoles, anticipo prometedor de lo que podremos ver el próximo lunes.
Los responsables del programa han estado muy finos a la hora de gestionar esta relación tumultuosa, llevando a la villa de los ingenieros a una antigua novia de Atamán. En concreto, la chica con la que estuvo tras una de las múltiples rupturas con su novia oficial. Leila la reconoció en las imágenes y montó en cólera. Y eso que no vio a su novio bajo las sábanas con su expareja porque se marchó cuando el vídeo mostraba los prolegómenos, pero el daño está hecho y nadie sabe lo que puede ocurrir a partir de ahora.
Tendremos más pistas el próximo lunes, cuando veamos el resto de la hoguera de las catedráticas, pero el adelanto que nos sirvió Telecinco al finalizar el programa es muy prometedor. En ese avance pudimos ver que todo el mundo huye de la hoguera en dirección a la villa de sus churris respectivos para desesperación de Sandra Barneda, que no está acostumbrada a lidiar con tanto gañán. La escena es bochornosa, pero es bonito ver que, en el fondo, todos se quieren muchísimo, aunque se acuesten con gente a la que acaban de conocer.
