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Los quince secretos mejor guardados de Edimburgo

Todos los turistas pasean por Princess Street y visitan el castillo. Pero incluso quienes más tiempo dedican a la ciudad pueden perderse cosas.

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Una ciudad espectacular

Que Edimburgo es una ciudad espectacular no ofrece dudas. Pero más allá de la magnífica Old Town medieval con su castillo y la New Town georgiana, visitas sin dudas imprescindibles, hay mucho más que descubrir fuera de las rutas que cubren los autobuses turísticos y los tours fantasmagóricos, en la misma ciudad y en las afueras.

1. The Shore, Leith

Leith es el puerto de Edimburgo. No formó parte de la ciudad hasta 1920,que fue el momento en que Edimburgo se lo anexionó pese a que un plebiscito mostró que sus habitantes rechazaban la unión por un margen de 5 a 1. De modo que es un barrio con una personalidad bastante marcada. Aquí desemboca el escuálido Water of Leith, el río de Edimburgo, y es una zona muy animada con numerosos pubs y restaurantes.

2. Fettes

La mayoría asegura que JK Rowling sacó la inspiración para Hogwarts del colegio George Heriot, un establecimiento educativo muy bien situado en el Old Town. Yo en cambio prefiero pensar que se fijó en el Fettes, aunque sólo sea porque es mucho menos conocido para los turistas y bastante más espectacular. Neogótico y situado cerca del jardín botánico, generalmente se puede pasar a dar un paseo y admirar su exterior sin que te pongan muchos problemas.

3. Bruntsfield Links

El golf se inventó en Escocia, un país por lo demás tan verde que los campos casi ni necesitan mantenimiento. Una buena forma de practicar, sobre todo si no lo hemos hecho nunca y sólo queremos divertirnos, es este campo de 36 hoyos facilitos, con excelentes vistas a la ciudad. Especialmente porque en el pub situado cerca del primer hoyo podremos alquilar los palos por 5 míseras libras, que incluyen una cerveza. The Golf Tavern asegura haber sido fundado en 1456, pero no parece haber registros que lo confirmen.

4. Forth Bridge

Pocos kilómetros al este de Edimburgo está South Queensferry, de donde parten los puentes que cruzan la ría hacia el norte del país. En la actualidad se está construyendo un tercer puente, pero el que merece la pena contemplar es el primero de todos ellos, el ferroviario. Construido en hierro forjado como el de la torre Eiffel entre 1882 y 1889, se cobró en esos años las vidas de 63 trabajadores. Desde el pueblo se puede tomar un ferry para ver mejor los puentes y visitar la abadía Inchcolm, suficientemente bien conservada como para albergar bodas de vez en cuando gracias a que su aislamiento la salvó de la ira protestante.

5. Galería de arte moderno

Edimburgo tiene varios museos dignos de una visita, repartidos casi todos entre el Old Town y el New Town. Para este, sin embargo, tendremos que alejarnos algo del centro, por lo que quizá no sea tan conocido. Al margen de su colección, que al parecer de quienes saben de esto es buena, lo más destacable son los amplios jardínes escultóricos presididos por esta obra del arquitecto Charles Jencks, responsable también del Jardín de la Especulación Cósmica.

6. Bass Rock

North Berwick está a media hora en tren desde la estación de Waverley, y desde este pueblo parten las visitas en barco a la isla. En primavera y comienzos de verano, que es la época buena, esta roca parece blanca, pero según nos acercanos empezaremos a darnos cuenta de que ese color no es el suyo natural, sino el de los miles de alcatraces que la pueblan. Una inolvidable visita incluso para quienes no somos muy dados a la cosa esta de la naturaleza.

7. La playa de Portobello

Aunque parezca increíble, Edimburgo también tiene su playa con su paseo marítimo y todo. Muy popular entre la población local a finales del XIX y principios del XX, fue decayendo según los escoceses empezaron a poder permitirse ir a una playa en condiciones, con buen tiempo y eso. Ha recuperado algo de popularidad en los últimos años y en los días soleados está bastante concurrida, aunque muchos locales siguen abandonados.

8. Circus Lane

El barrio de Stockbridge es recomendable especialmente a quienes les guste escarbar en las tiendas de caridad, que ocupan casi por entero su calle principal, donde los escoceses donan ropa, libros, juegos, etc. para que distintas organizaciones como Oxfam recauden fondos vendiéndolos. Pero rebuscando se puede encontrar la que quizá sea la calle residencial más bonita de Edimburgo. Originalmente era un mews, la parte de atrás de una calle importante donde estaban los establos y, encima, las habitaciones del servicio.

9. White Horse Close

Ambos lados de la Royal Mile están repletos de callejones (Close). Uno de los más bonitos y que muchos turistas pasan de largo cuando bajan hacia Holyrood es éste, que recibe su nombre de una posada del siglo XVII muy popular porque durante siglos fue el punto de partida de los viajes a Londres desde la capital de Escocia. Por tener, tiene hasta una marca de whisky a su nombre. El caballo blanco en cuestión fue el que perteneció a la reina María Estuardo.

10. Callejón del Salvaje Oeste

En el barrio de Morningside se esconde este pequeño callejón comercial, descubierto por el excelente blog Más Edimburgo, cuyo reclamo para el público fue disfrazarse de pueblo de película del Oeste. No estaba mal, pero su éxito comercial es más discutible: actualmente sólo un local tiene actividad y es una tienda que vende cortacéspedes, y en general está bastante deteriorado.

11. Capilla de Rosslyn

La localidad de Rosslyn saltó a la fama por ser la cuna de la célebre oveja Dolly. Sin embargo, su principal atracción turística es esta capilla, discreta por fuera pero espectacular por dentro, que es uno de los escenarios de la novela El código Da Vinci. Uno de lo pilares, conocido como "el del aprendiz", tiene su propia leyenda. El maestro albañil fue a Roma para ver un pilar cuyo diseño servía de inspiración a éste, pero su aprendiz lo terminó en su ausencia. Al regresar y verlo, preso de la ira, el maestro asesinó al aprendiz y más tarde fue ajusticiado por el crimen. Podremos llegar en autobús desde el centro.

12. Dean Village

A un kilómetro más o menos de unos de los extremos de Princess Street podemos visitar este tranquilo y pequeño barrio que parece un pueblo incrustado en medio de la ciudad. Durante siglos fue un lugar próspero gracias a sus molinos de agua y cuando llegó la inevitable decadencia fue reconvertido en una de las zonas residenciales más deseadas de la ciudad.

13. Cramond

La otra playa de Edimburgo, menos comercial y accesible, tiene una particularidad: una isla a la que podremos llegar a pie, siempre y cuando la marea esté baja. En tierra nos informan de los horarios de las mareas, pero hay que tener cuidado o nos quedaremos encerrados en la isla.

14. Dunbar's Close Garden

En uno de los callejones que salen de la Royal Mile nos encontramos con este pacífico jardín, un lugar perfecto para descansar y huir un rato del bullicio turístico. Cercano a Holyrood, fue modelado al estilo de los jardines del siglo XVII.

15. La tumba de Adam Smith

Edimburgo está repleto de cementerios con sus historias de fantasmas, aunque las visitas suelen limitarse a Greyfriars, que es el del perro Bobby, ese que según la leyenda y una peli de Disney estuvo más de una década visitando la tumba de su amo. Como estamos en Libertad Digital, podemos dar un toque distintivo y destacar el de Canongate, al que podremos acceder desde la Royal Mile cerca ya del Palacio de Holyrood. Entre sus perpetuos huéspedes cuenta con Adam Smith, a cuya tumba nos dirigirán unas pequeñas placas en el suelo colocadas, claro, por el Instituto Adam Smith.

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