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Katy Mikhailova

Hipocresía

Lo de animar a difundir fotos que demuestren que no todas las mujeres son Adriana Lima no deja de ser otra estrategia de marketing.

Katy Mikhailova
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Lo de animar a difundir fotos que demuestren que no todas las mujeres son Adriana Lima no deja de ser otra estrategia de marketing.
Publicidad de Lane Bryant | Cordon Press

Victoria’s Secret, o sus ángeles, lo que viene a ser lo mismo, son objeto de un linchamiento social aparentemente indirecto e involuntario desde hace casi dos semanas. Y es que el hashtag #ImNoAngel que promueve la firma de lencería Lane Bryant para esta primavera anima a todas las mujeres a que difundan sus fotos bajo este hashtag para demostrar públicamente que ellas son mujeres normales y corrientes, lejos de la perfección de una Alessandra Ambrosio o de una Adriana Lima. He estado días esperando para ver por dónde iba a ir todo este fenómeno en Twitter e Instagram, y hoy lo tengo más claro que nunca. Este movimiento viral no deja de ser una estrategia de marketing para movilizar a la población femenina del mundo entero para dar a conocer la marca. De hecho, la CEO de la marca promotora de esta campaña en redes sociales, Linda Heasley, asegura que su objetivo es "ser divertidos", pero la realidad es que están atacando a una marca sin ningún tipo de justicia o reparo. Bajo la apariencia de una campaña positiva, se esconde un trasfondo desagradable que podría perjudicar a otra marca.

A pesar de tratarse de una estrategia muy inteligente la de atacar amablemente a otra firma —o un símbolo de la marca— para fortalecer la tuya, hay mucha hipocresía detrás de este movimiento. A lo largo de estos días las redes sociales se llenaban de fotos de mujeres en cuyos espejos aparecía #ImNoAngel, pero la verdad es que, por mucho que manifiesten que no son un ángel, no dejan de hacer dietas, comprar cremas para adelgazar, ir al gimnasio… en suma, tienen la intención de acercarse todo lo que puedan a esos ángeles, aspirando a ser como ellas. Y, aunque digan que cualquier publicidad es buena, en este caso los ángeles de la marca americana ya no necesitan este tipo de difusión, pues indirectamente se está asociando la firma a algo poco natural, como pretende Lane Bryant, insinuando que sus prendas son para mujeres reales.

Sin embargo, ¿podríamos estar ante un caso de publicidad ilícita? Y, ¿sería esto un intento de aprovecharse de la fama de Victoria? Según la Ley de Competencia Desleal se debe diferenciar entre dos tipos de conducta, la publicidad denigratoria y la comparativa. Según el bufete de abogados Tirado Jiménez, "la utilización del lema #ImNoAngel, en clara alusión a su competidor Victoria's Secret y las modelos que promocionan sus prendas, no sería una publicidad denigratoria, porque no pretende menoscabar el crédito de Victoria's Secret, sino tan solo contraponer ese ideal imposible de belleza femenina a la belleza real de las mujeres". Así el abogado Raúl Jiménez añade que se trataría de una publicidad comparativa.

La hipocresía de nuestra sociedad es tal que, mientras unas marcas como Dove o el caso de la campaña que hemos mencionado intentan promulgar un canon de belleza más natural, podemos recordar que hace no mucho la presentadora Cristina Pedroche había sido trending topic en Twitter bajo el hashtag #LaBallenaDeVallecas. Y es que, aunque la comunicadora haya engordado unos cuantos kilos, sigue siendo una chica que encajaría dentro de las proporciones normales, lejos de tener sobrepeso. Aunque en este caso concreto, dicho hashtag tuvo lugar a raíz de un comentario de la propia vallecana, al autoproclamarse "la sirena de Vallecas". Ante su vanidad, el público de la red social respondió de esta desafortunada manera. Más cruel ha sido el caso de Tania Llasera a la que se le insultaba y se le reprochaba en Twitter haber engordado, tras su aparición en la edición de Cibeles de septiembre. Y es que la presentadora de La Voz había dejado de fumar, razón por la cual comía más. Podemos deducir que la opinión que se genera en las redes sociales representa una parte importante del imaginario social colectivo imperante en España, y me atrevo a decir que en Occidente. Por mucho que las revistas como Elle y Vogue saquen a mujeres con curvas en sus portadas, o la Woman Fashion Show de Madrid haga desfiles específicos para mujeres de tallas XL, de la mano de firmas como Adolfo Domínguez, o salga al mercado exitosamente la enseña Violeta de Mango para mujeres de tallas grandes —aunque esas "tallas grandes" vayan de la 40 a la 44, sorprendentemente, como si no hubiera vida más allá de la 44…—, la realidad, desgraciadamente, es que el canon de belleza que predomina es el de la mujer delgada. Dentro de la 36-40 hay preferencias diversas: si con más caderas o con menos, con piernas finas y extralargas o más fibrosas, pero la sociedad occidental no termina de aceptar a las mujeres que no son 90-60-90. Mientras Lagerfeld junto a Anna Wintour, los reyes del mercado del lujo, no empiecen a cambiar a las modelos que usan para sus desfiles y revistas, poco podemos hacer. Las Venus de Rubens con pieles nacaradas y rollizas no son "it". La belleza no es sinónimo de talla. ¿Cuánto tardaremos en entenderlo?

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