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Cómo ser parisina. O no

¿Qué caracteriza a una mujer parisina? ¿Y a una murciana?

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Caroline de Maigret | Cordon Press

Cuando Cómo ser parisina estés donde estés se publicó en Francia, Emilia Landaluce y yo pensamos hacer en ABC una adaptación/parodia de libro de Caroline de Maigret (firmado con tres tías más que cuentan menos que la it de las narices). Se trataba de que yo escribiera Cómo ser murciana estés donde estés. Lo de ser parisina por doquier se traduce, por ejemplo, en vestir un sujetador negro debajo de una camisa blanca, no temer a las arrugas, mostrarse naturalmente seductora incluso cuando se sale a comprar una ‘baguette’ y saber ser infiel a tu chico sin que él se dé cuenta. Yo me mostraría naturalmente seductora incluso cuando saliera a comprar morcón. En una entrevista en SModa el sábado pasado decía Maigret: "Se trata de una actitud, de un estado de ánimo, no de un pasaporte". También podía haber escrito (yo) ‘Cómo ser tonta del derrière estés donde estés’.

A veces pienso que lo mismo he entrado en un estado de cascarrabias irreversible porque ya me parecen idiotas hasta las personas a las que admiro. Françoise Hardy, que acaba de publicar en Francia Opiniones no autorizadas (Editorial Équateurs), decía al final de una entrevista en El País: "Tengo un gusto inmoderado por lo bello". Inmediatamente me acordé de Joaquín Reyes imitando a Ágatha Ruiz de la Prada y soltando: "Aunque quiera, no puedo parar de crear. ¡No puedo parar de crear!". Un gusto inmoderado por lo bello. Como el bobo de Gambardella (el de La gran belleza). Esas cosas no se dicen. Por otro lado, es verdad que la cantante francesa, de 71 años, es una mujer enferma. Y de eso habla en el libro (incluye colonoscopias). Pero también es francesa. No sé si hasta el extremo de ser parisina, que lo es, allá donde esté. Pero sí dando la razón a Mireille Giuliano, la que escribió el libro Las francesas no engordan. Y también acogiendo el consejo de Maigret de no temer a las arrugas (aunque, claro, deplore la devastación insoportable del envejecimiento). En el otro extremo están Jane Fonda y Lily Tomlin, que el 8 de mayo estrenan en Netflix su serie Grace and Frankie. Se convierten en aliadas cuando sus maridos (San Waterston y Martin Sheen) las dejan para irse juntos. Fonda tiene 77 años y Tomlin, 75. Pero como no son francesas sí temen a las arrugas y han debido de ponerse hasta Toke antes de plancharse las caras. A mí todo esto me produce mucha confusión porque no tengo muy claro si una murciana debe temer a las arrugas o no. Si debe ser más parisina o más americana. Lo del sujetador negro para-que-se-vea sí tengo claro que no es muy murciano. Mira, casi me lo voy a poner encima del viso, como hacía Golda Meier. Y también Ingrid Bergman cuando ensayaba para interpretarla. Menos mamarracho me parece.

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