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Hoy respondemos a la pregunta: ¿se puede ser pijo y progre a la vez?

Katy Mikhailova
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Piji-Roji es esa especie de humanos que, como la misma palabra indica, es pijo y rojo a la vez. La gran incógnita, y saltándonos por completo el Principio de la No Contradicción, es: ¿se puede ser pijo y progre a la vez?

La respuesta es un rotundo "sí". Pero hay pequeños matices, y sin entrar en materia de lo que "debe ser" y ciñéndome al "ser", el pijiroji no nace sino se hace.

Les reconocerás por vestir de Zara -aunque luego critiquen a Amancio, y si no, lean mi columna de la semana pasada-, por estar enganchados a un modernísimo móvil acompañado a menudo de una tableta a juego con la marca y su funda, por consumir capitalismo por doquier y defender la progrez basada en la hipocresía de acumular bienes y más bienes pero desear que los de los demás se repartan.

¡Ojo! -o ¡ceja!, ya da lo mismo-, no confundamos el hippy-chic con piji-rojismo. Mientras aquel movimiento se compone de gente elegante con un toque boho o hippy, el piji-rojismo se compone de gente elegante también pero con un discurso verbal ajeno a la realidad económica y anclado en el romanticismo utópico de que un Socialismo-Podemismo es posible.

No sé si me estoy explicando… creo que empiezo a padecer el Síndrome de Errejón. Para despejar dudas, contaré mejor eso de ser hippy-chic. Hippy-chic: dícese de la evolución que deja a un lado el 'look amo-a-laura' de pelo engominado y raya al lado con jersey anudado y mocasines; para darle la bienvenida al pelo "desenfadado", palestinas en lugar de foulards y pulseras ibicencas que puso de moda Aznar.

A los piji-rojis, en verdad, lo que les ocurre es que padecen sentimientos de culpabilidad. Son ricos pero se sienten incómodos siéndolo. Los Bardem son un ejemplo de ello. Cargan con el sentimiento de que son ricos, pero, en lugar de compartir una parte de su riqueza como hace Amancio Ortega con Cáritas, se dedican a hacer demagogia defendiendo ideologías extremas como el Chavismo y el Pablismo y demás ismos tan absurdos como peligrosos.

Gracias a ciertos conocimientos de economía, los liberales, que no libertinos, podemos presumir de ser tolerantes y tomarnos con humor todo aquello que se aproxime al piji-rojismo y saber aceptarlo y convivir con ello tranquilamente. Y, ante la falta de argumentos, siempre podemos hacer un Errejón y darle rienda suelta a la demagogia para decirlo todo y nada a la vez. Ay… ese núcleo irradiador errejoniano es difícil de olvidar.

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