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Katy Mikhailova

Maldita etiqueta

Vivimos etiquetados. Foto que no venga acompañada de 40 etiquetas, foto que no vale nada. Y con la realidad pasa lo mismo.

Katy Mikhailova
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Vivimos etiquetados. Foto que no venga acompañada de 40 etiquetas, foto que no vale nada. Y con la realidad pasa lo mismo.
Una etiquetada imagen de Blanca Suárez | Instagram

Etiqueta es eso que se utiliza para denominar, ordenar, clasificar y a veces encorsetar -para esos que tienen que ir de etiqueta…-. Vivimos clasificando la realidad por etiquetas. Son útiles. Pero a veces son injustas. Y es que, desde que los blogs son blogs y Twitter engendró una cosa llamada hashtag nos hemos etiquetado aun más.

Vivimos etiquetados, en suma. Y yo la primera. Y es algo en lo que he estado reflexionando estos días conforme más uso le doy al Instagram. Me doy cuenta de que foto que no venga acompañada de 40 etiquetas, foto que, salvo que cuentes con miles de seguidores, no vale nada.

#Moda #Fashion #Beauty #Belleza #Makeup #shoes #YtodaTonteriaQueSeLeOcurraQuePuedaUsarLaGente

Cuanto más genérico, mejor. Y es que me he prestado a este juego para ver la evolución de los ‘likes’ en dicha red social.

Nombro las marcas de moda y términos genéricos para alcanzar al supuesto público objetivo de tales etiquetas, acompañadas de la almohadilla, que hasta hace unos años sólo tenía sentido en los teléfonos y en el pentagrama.

Estas etiquetas le quitan sitio, valor y sentido a las palabras. Dicho de otra forma, no es lo mismo nombrar la realidad con las palabras que tenemos -que ya de por sí son limitadas y estáticas- que con meras etiquetas vacías, frías, frívolas y sin personalidad alguna.

No gustan las etiquetas en general, pero todos las usamos. Es una necesidad del ser humano la de detallar alguna información que el objeto etiquetado por sí solo no dice. Por ejemplo, si entramos en tiendas de lujo hay muchos productos que no llevan las etiquetas. En firmas como Aquazzura, Jimmy Choo y otras tantas marcas de lujo para zapatos nunca vas a encontrar una pegatina en la suela o una etiqueta que cuelgue. El otro día, de hecho, tomando un café con un conocido que acaba de abrir la primera óptica en Madrid de lujo, Rínivi, en pleno Barrio de Salamanca, me comentaba que a diferencia de la gran mayoría de las ópticas sus gafas no llevarán el precio colgando.

Al final la etiqueta, de manera casi inconsciente, tiene un rol peyorativo en esta sociedad. Etiqueta llevan las vacas, para tener acceso a cierta información útil. Las cosas auténticas se supone que carecen de ello porque ya lo dicen todo. Una imagen bella no debe ir acompañada de la palabra <belleza>, un beso tampoco necesita arroparse por un #Love.

Quizá ello nos invite a plantearnos para qué usamos las etiquetas en las redes. A veces, en lugar de etiquetar, es mejor intentar sentir o simplemente vivir la vida, en vez de verla pasar a través de un dispositivo móvil o la pantalla de un ordenador.

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