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Volver a la Dunlop Maxply

El último anuncio de Asics muestra a unos corredores en el aeropuerto de Punta del Este tratando de despegar. Todos somos princesas pronadoras, supinadoras o neutras.

Rosa Belmonte
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El spot de Asics | Youtube

Al principio de la película Terremoto (1974) Charlton Heston aparece corriendo, eso tan extraño que hemos hecho toda la vida aunque ahora lo llamen de otra manera que no pienso escribir. Cuando termina, vemos que las zapatillas que lleva son unas Onitsuka Tiger México 66, las blancas con las tiras azules y rojas que muchos años después empezaron a venderse dentro de una de las olas de pijismo-vintage (en las tiendas suelen exhibir un par original en una vitrina, aunque con clavos). Pero hace sólo unos pocos años las compramos por tontos y nos las poníamos para andar, no para correr (dejemos de lado que Zola Budd corriera descalza). Con esas suelas tan finas podríamos notar un guisante pisando siete colchones. Porque ahora todos somos princesas. Princesas pronadoras, supinadoras o neutras. Y ni corremos con eso ni tampoco corremos con las Keds Boxer azules de puntera blanca que nuestras madres nos compraban, y gracias, cuando éramos pequeños. Ni siquiera habían salido las Paredes. Cuando veíamos a Leif Garrett en Tres en la carretera con sus Nike nos daba mucha envidia (había un episodio en el que las estrenaba pero un asesino, o un malo malísimo, se las veía y él para que no lo reconociera las manchaba de barro; ¿por qué me acordaré de esto y no de la tabla periódica de los elementos?). También es verdad que con nuestras Keds Boxer hacíamos de todo: leer a ‘Los Cinco’, jugar al fútbol, subir montañas y atarnos los patines (hasta que pasamos a las botas con las que parecíamos la Clara de Heidi).

El último anuncio de Asics muestra a unos corredores en el aeropuerto de Punta del Este (Uruguay) tratando de despegar (se trata de demostrar que con la tecnología ultraligera Flytefoam se vuela). Entre ellos están el triatleta alemán Jan Frodeno y la velocista estadounidense Candace Hill. En el último plano, Hill, como Elliot con E.T. en la cesta de la bicicleta, empieza a volar. Pero sólo se ven los pies elevándose y el plano se queda estático. Quiero decir que eso lo saltaba Jordan y lo saltan Cristiano o Ramos. "Don’t run, fly", es el eslogan. Se parece al título de la última película de Cary Grant, Walk, don’t run, que aquí se llamó Apartamento para tres. Aunque volar sea mejor que andar (y más en marcha atlética). Tengo poca confianza en echar a volar, ni siquiera me voy a acercar a la manera de correr de Candace Hill, pero las zapatillas son chulas, al menos esas que salen en la tele. Azules, naranjas y amarillas. Sí, suena horrible, pero hemos llegado a adultos para hacer deporte vestidos del payaso de Micolor (el no descolorido).

Nike tiene preparada la Vaporfly Elite. Podría parecer una plancha industrial o una vaporetta, pero es una zapatilla. En la media suela y con forma acucharada hay una placa de carbono. La idea es bajar de las dos horas en el maratón. Hay quien duda si será legal. Si el artilugio que hace de muelle no será una especie de doping técnico. La Federación Internacional de Atletismo lo va a estudiar. ¿Pero qué discusión es esta? Demonios, es el progreso, no el carro griego de Mesala en Ben Hur. Cualquiera se las podrá comprar, supongo. O si no, volvamos a jugar al tenis con la Dunlop Maxply de madera, a correr con las zapatillas de Heston en Terremoto y a la misa en latín. Bueno, esto no me parece mal.

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