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Primark, sí quiero

Primark supera por primera vez los 10,4 millones de compradores en España. ¡Pero hasta ahora nunca había pisado uno!

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Pedida de mano en el Primark | Twitter

Pedirle que se case tu pareja en Primark, aprovechando que atraviesa la marca su mejor momento, puede ser la última tendencia en materia de bodas y demás. Podía haber sido la tienda de Joyería Suárez, Carrera o Bulgari de la Calle Serrano; pero no, el amor no entiende de niveles.

Antes de lanzarme de lleno al mundo frío y aburrido (¡pero tan necesario!) de los números, tengo que contaros un secreto. ¡Hasta el pasado miércoles nunca he pisado un Primark! Ni siquiera cuando Gran Vía optó por inaugurar por todo lo alto la tienda (la maxi tienda) de 5 plantas y 12 mil metros cuadrados, repletos de artilugios aptos para cualquiera (¡yo compré ya 2 jerseys y unos leggings, a ver cuánto me duran y a cuántos lavados sobrevive: ya les contaré).

La razón de mi ausencia de dicho "mercado" textil (aunque hay de todo ahí) no es otra que la de no transitar (casi) nunca la Gran Vía madrileña. Y no sólo por Carmena. No reniego ni de un Mango ni de un H&M, ni siquiera de las nuevas tiendas chinas de moda (que proliferan en la capital a una velocidad vertiginosa) en donde copian Zara, vendiendo cada unidad cuatro veces más barata que la marca estrella de Amancio Ortega. Sobre esto último… ¿competencia desleal? Nunca. Chanel y Versace son copiados por Zara: luego, Zara es copiado por los chinos. La copia de la copia es doblemente incómoda (a veces) de llevar: a mí me empieza a picar medio cuerpo por los tejidos (tengo la piel muy fina, dicen...).

Y es que, tal como revela el portal de empresa y moda modaes.es, Primark supera por primera vez los 10,4 millones de compradores en España en 2018 (por encima de Zara, Decathlon y El Corte Inglés). ¡Casi nada! Lo que supone un incremento de más de un 7% de clientes, respecto al año anterior. Podemos afirmar que media España viste de Primark.

Igual que medio mundo (sobre todo, el más adinerado) compra en nuestros ‘out lets’. Las Rozas al año recibe una media de 6 millones de "turistas" que acuden en masa a comprar Guccis, Truccis y Puccis a mitad de precio en Las Rozas Village. Sobre todo asiáticos y rusos. Estos últimos, más solitarios; mientras que los anteriores, aterrizan en grupis, de entre 3 y 6 individuos (con gorras de Vuitton, riñoneras de Michael Kors -la versión "democrática" de Vuitton- y sudaderas de Kenzo), y se bajan en la parada de bus correspondiente.

Acompañados de maletas (leen bien: maletas vacías, para rellenarlas), limpian sin piedad las tiendas más caras. En una ocasión viví la escena de cómo, concretamente en el outlet de Versace (donde la chaqueta pasa de 2.500 a 1.600), un asiático delante de mí recogía (previo encargo, supongo) una media de 10 sudaderas, 8 pañuelos, 6 pantalones… (sí, sí, me puse a contarlo). Imagino que lo revenderá después en China. Pobre de mí, en todos los sentidos, que entré para mirar un vestido que me sedujo desde el escaparate y terminé cayendo como esos compradores.

Aquella era la divertida escena en la que, cuando ves algo y asumes su precio, accedes al probador diciéndote en voz baja "por favor, que me sienta mal; que me sienta mal". Y cuando te lo pruebas, y encima tienes el guapo subido, terminas llevándotelo. La última vez que viví algo similar fue con un amor: "por favor, que bese mal, que me besa mal. Y nos enamoramos".

Por eso, hablando de amor, no sé si en esta línea erótico-textil, un hombre le pidió matrimonio a su novia delante de 100 personas. Primark fue noticia. La pedida de mano fue noticia. Y es algo que los novios recordarán y le contarán a sus nietos. Lo que no sé es si los nietos sabrán qué es Primark, porque, al ritmo al que evolucionan las empresas de moda… ¡a saber si sigue existiendo para el 2080!

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