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Katy Mikhailova

Al borde de un ataque de nervios

El empoderamiento femenino dice que ¡todo vale! Pero ni todos los hombres son machistas ni todas las mujeres obran con honestidad. 

Katy Mikhailova
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El empoderamiento femenino dice que ¡todo vale! Pero ni todos los hombres son machistas ni todas las mujeres obran con honestidad. 
Bella Hadid en Victoria's Secret | Cordon Press

El jueves vivíamos una gala de Gran Hermano en la que un tal Hugo Castejón era expulsado. Estamos ante la casa en Guadalix más descompensada de la historia (o de mi historia): dominada por 5 mujeres histéricas al borde de un ataque de nervios, que ya han rebasado el límite. Se vieron imágenes esta semana de una desquiciada Mila Ximénez, una Alba Carillo exagerada más de lo que ella es, una Estela (la mujer de Diego Matamoros) teatrera, una vulgar Noemí Salazar (la de Gipsy Kings) gritarle a un hombre, casi acorralándole e insultándole de todas las maneras posible (con la justificación de que es un "vago", " un machito" y un "provocador"). Y aquí nadie dice aquí. Aquí paz y después ley. Y si se manifiesta el empoderamiento femenino: ¡todo vale! No señoras, no se equivoquen: ni todos los hombres son machistas ni todas las mujeres obran con honestidad.

Ahora es el turno de la moda. ¡Lo mío! Que los medios hablen de la cosificación de las modelos de Victoria's Secret es tan ridículo como incierto. Que salga Bella Hadid, tan adicta a la cirugía estética como amante de las polémicas, a decir que no se sentía cómoda desfilando en lencería para la firma americana es igual que si afirmamos que Kaká no se sentía a gusto por su fichaje por 60 millones en el Madrid al permanecer siempre en el banquillo.

Creo que a ningún ángel de Victoria’s se le ha obligado a desfilar: más bien todo lo contrario. Y, aunque habiendo desaparecido este show (debido, en parte, a esta campaña de frenar todo lo que es belleza, femineidad y perfección aspiracional) la lista de mujeres que han soñado con ser un ángel de la marca americana (y hasta habrían pagado por ello) es interminable.

Que una profesional de la moda afirme que se siente incómoda desfilando en ropa interior es como si yo afirmara que me asusta opinar sin complejos. Hay que entender que su industria, como cualquier otra, está llena de ‘tarados-mentales’, pero no por ello hay que agobiarse y busca la noticia facilona y faciloide.

Creo que hemos llegado a un punto en el que todo vale, todo se desvía y cualquier tema tiene que desembocar en la lucha por los sexos (que si el débil o el fuerte, o heteropatriarcado o el engorilamiento del macho ibérico, o, por contra, su tendencia a ablandarse, etc.).

Este lunes es 25 de noviembre. Día Mundial contra la Violencia de Género. Creo que es momento de parar para reflexionar. Parar y hacer un periodismo más ético y dejar a un lado las declaraciones polémicas de cualquier Barbie aburrida. Para hablar de esas más de 10.000 mujeres que han sido asesinadas en España a manos de su pareja en los últimos 16 años. Y no para seguir atentando contra la industria de la moda y la belleza por sexista y machista. No politicemos. No etiquetemos. Hablemos con verdad. Sin miedos. Con igualdad real, por favor.

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