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Katy Mikhailova

Ridículo sin frenos ni ritmo

Si con Tik Tok el ridículo quedaba latente; el incorporar otra aplicación en Instagram llamada Reels ya es demoledor.

Katy Mikhailova
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Si con Tik Tok el ridículo quedaba latente; el incorporar otra aplicación en Instagram llamada Reels ya es demoledor.
Addison Rae | Tik Tok

Nunca antes con tanto patetismo (y sin complejos, al menos) se había manifestado la debacle de nuestra sociedad. Y es que, si creíamos que con Tik Tok el ridículo quedaba latente; incorporar una app similar pero en Instagram (llamado Reels), ha sido demoledor para la dignidad de los "paisanitos" de Occidente.

Que adolescentes hagan el ‘playback’ de toda la vida, unas con más gracia que otras, pasa; encontrarse con diputados, empresarios, periodistas y gente intelectual haciendo el ‘gamba’, ya preocupa. Sobre todo, no por su profesión, sino por la escasa gracia que presentan mientras intentan hacer un baile.

Visto esto, pienso en dos cosas. Una positiva, que es la desaparición inminente de la vergüenza. Pero con ella (y ahí va la mala), la carencia del sentido del ridículo.

Esta semana dejaba en una divertido stories la estilista Paloma González Durán una reflexión acerca este fenómenos social. "Me apesta. A niveles de vergüenza ajena. Tanto, que tengo que correr a quitarlo. Ahora en Instagram me aparece una cosa llamada ‘reels’ (...) y me salta ‘peña’ haciendo el ‘mongolo’ todo el rato a la que no seguiría en mi vida . Pero lo que veo mucho es que los novios o los maridos de las influencers estas (o lo que sean), que se dedican a hacer estas cosas en su tiempo libre, lo hacen con ellas. Me los imagino a los dos en el salón… ‘venga, cuqui: vamos a hacer esta coreografía que me tienen que subir los followers’. Pero, por favor… si estás enamorado de ella, bien, pero por lo menos quiérete un poco".

Lo puede decir más alto, y con más risas si cabe, pero no más claro. Por supuesto que aquí entramos un tema que es la subjetividad y la libertad de cada uno, absolutamente legítimo. Una cosa es hacer un vídeo de manera puntual, por "estrenarse"; y otra muy distinta es elaborar uno cada día. Sobre todo aquellos que no tienen ni gracia ni sentido rítmico.

Pero es que resulta, que al igual que con los instagramers, hay ticktockers (influencers de la app Tik Tok). Y es que, lla mejor pagada del mundo, según Forbes, es Addison Rae y gana al año 5 millones de dólares. Algo que una vez más da mucho que pensar: en qué punto de la civilización estamos y hacia dónde nos dirigimos.

Mi buen amigo Nacho Guerreros, compartía una foto de un periódico, publicado por un tal Gonzalo Sánchez Marín (desde Sevilla). El recorte de prensa titula "Se me ha roto un vaso". Y en 5 frases, contaba: "ayer se me cayó un vaso de cristal y se rompió. Lo cuento aquí porque, como hay tanta gente que lo cuenta todo por Twitter y demás redes sociales, he pensado que también podría interesar a los lectores de este periódico. Hoy se me ha caído un vaso de cristal, y después he tenido que recogerlo".

La sociedad se divide entre los que promueven una extrema seriedad basada en las teorías conspiratorias de Miguel Bosé y una absoluta frivolidad que es la de vomitar cualquier porquería. Lo de contar que uno rompe un vaso, como ironía de la vida, no es más que un indicio de la soledad colectiva en la que estamos inmersos. ¡Vaya oxímoron decir ‘soledad colectiva’! Pues ‘soledad’ hace alusión a una persona. Pero sí: vivimos juntos, pero apartados. Convivimos en subgrupos sociales, pero sobrevivimos ejerciendo el individualismo egoísta. No nos damos cuenta, pero el confinamiento está dejando secuelas. Les voy a dejar por hoy, que me toca grabar un "reels" para que la gente se acuerde de que existo, estoy y voy con las tendencias. ¡Feliz sábado!

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