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Katy Mikhailova

¿Dónde estás, Lucía?

No encontraba ni rastro de Lucía Etxebarría en Instagram. Pero seguía viva virtualmente, solo que me había bloqueado.

Katy Mikhailova
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No encontraba ni rastro de Lucía Etxebarría en Instagram. Pero seguía viva virtualmente, solo que me había bloqueado.
Lucía Etxebarría | Cordon Press

Querida Lucía:

El otro día te empecé a extrañar en Instagram. De pronto sentí un vacío emocional y me dije “aquí algo falla”. Al principio no entendía cuál era mi carencia. Después me di cuenta de que me faltabas tú. ¿Dónde está Lucia? Me pregunté. Con un nerviosismo extremo escribí tu nombre en la pestaña de la lupa de Instagram… Tecleé tu nombre, en un capitalista Iphone X (voy con retraso, sí), y con unas uñas tan largas que ni sé cómo redactarías tú tus apuntes de psicología. 

Te busqué, Lucía, pero mi gozo en un pozo (o en Instagram): ni rastro de Lucía Etxebarría. Lucía se fue, Lucía no está, Lucía se ha ido de mi Instagram… (sí, podéis tararear la canción cambiando Laura por Lucía).  

No daba crédito de aquello. Estaba convencida de que, o era un error, o Lucía se acababa de dar de baja de la red social. Así que cambié de cuenta personal a alguna de las otras cuentas de las que soy administradora: busqué a Lucía y… ¡tachán! Lucía seguía viva virtualmente, y continuaba con sus polémicas. 

Lucía, lectores, me había bloqueado, y yo he vivido tres semanas sin saberlo.

Me remonto al pasado 9 de marzo. Lucía acababa de subir uno de esos post de polémica y lecciones estético morales. (Lo publicó un 7 de marzo). En la publicación, una colección de 4 ó 5 fotografías, protagonizadas la mayoría por la actriz Keira Knightley. De hecho, en la primera, aparece la norteamericana sin camiseta, con una raya en el busto (para tapar el pecho) y a su izquierda una foto muy parecida, pero de un hombre y el pecho sin tapar. 

Salta a la vista la delgadez de Keira, pero, cuando llegas a la foto nº5, la actriz, enfundada de un vestido palabra de honor, podemos afirmar que pasa de delgadez a hiperdelgadez (y esto, querida Lucía, no tiene nada que ver con el tamaño del pecho). 

Lucía adorna el post con fotos de otras mujeres (una modelos de los años 60 y Jane Birkin), y lanzaba una de esas reflexiones, ella, escritora y futura psicóloga:

“Tener pecho no es una característica indispensable para ser mujer. De hecho, la gran mayoría de mujeres muy delgadas y atléticas no tienen, el volumen de pecho más grande que el que pueda tenerlo un hombre”, arranca. 

“En nuestra sociedad se permite que la Seguridad Social le pague a un hombre una operación de pecho para ‘que su cuerpo se ajuste a la identidad de género sentida’. Pero si lo que desea es tener un pecho grande, entonces esa identidad de género sentida no se ajusta tanto a parecerse a una mujer como a parecerse a su idea personal de lo que es ser mujer”, continúa. 

A partir de ahí Lucía empieza a divagar en voz alta (o por escrito) sobre la ‘identidad sentida’ y que la sanidad pública financia una operación de pecho a un hombre cuya identidad de género sentida sea ‘mujer’, pero no a una mujer que quiera tener las mamas más grandes.  O algo así da a entender, porque la verdad es que hay que reconocer que mezclar churras con merinas forma parte de la impronta de la escritora (Premio Planeta).

Ante todo aquello, casi obvié el trasfondo de su mensaje, ansioso de causar otra polémica más, y me centré en dos hechos. Uno social y otro de índole personal. Dado que me ha bloqueado no puedo ver mi mensaje, pero venía a decir (casi literalmente) algo así: “Me sorprende que tu preocupación sea que la sanidad pública financie un aumento de pecho a hombres que quieran ser mujeres y no a mujeres que quieran tener los pechos más grandes, cuando de todo tu post lo más preocupante es la imagen de hiperdelgadez de Keira, sobre todo en la foto del vestido, siendo la actriz, como dices, un icono de belleza. Obviando la preocupante cifras de suicidios de los adolescentes que sufren un trastorno alimenticio a causa de esta hiperdelgadez difundida”, escribía. Y añadía un cierre ya ligado a algo personal: “Por cierto, Lucía, me sorprende que contestes a ‘haters’ y a mí, periodista, no me contestes ni públicamente ni por privado a la propuesta de entrevista que te hice. No cuesta nada decir “no, gracias”.

Sin faltas de respeto, sin insultos, sin amenazas, sin incongruencias… di mi punto de vista y le escribí con educación en todo momento. ¿El resultado? Lucía me ha bloqueado del Instagram. Lucía, la que capitanea la libertad de expresión, la que impugna las faltas de respeto, la que responde a detractores que escriben con faltas de ortografía, la que denuncia las amenazas… Lucía, esa Lucía de la cordura, de la inteligencia, del diálogo, del respeto, de la discusión constructiva… esa Lucía, no Lucía se casa, ni Lucía y el Sexo. No, la Lucía feminista, la que pide que llenen de corazones morados el IG de Paz Vega. Lucía, Lucía, Lucía, luz de nuestra existencia virtual. Lucía, luz de las lecciones morales y del perdón. Lucía prescindió de una seguidora más porque a Lucía no le gustaba mi mensaje. Porque a Lucía le debió de parecer inoportuna mi opinión. Lucía, buen viaje allá donde esté tu perfil de IG, que la luz acompañe tus redes sociales y que no olvides que a partir de cierta edad da lo mismo champú en seco que mascarilla con limón. Lucía, sólo puedo decirte ¡Hasta pronto!

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