Menú
Katy Mikhailova

No pijama, no party

Como en los mejores tiempos de Studio 54, pero ahora en Gran Vía 54. la discoteca de Íñigo Onieva pidió disfrazarse con pijamas y la mayoría cumplió.

Como en los mejores tiempos de Studio 54, pero ahora en Gran Vía 54. la discoteca de Íñigo Onieva pidió disfrazarse con pijamas y la mayoría cumplió.
Onieva y Falcó en el club | Lula The Club

Nunca un dress code había sido tan difícil y tan exigente como el de la fiesta que dio la marca de pijamas Kiff-Kiff el jueves pasado en Lula The Club. Ya saben, la discoteca de Íñigo Onieva y amigos, que volvió a hacerlo: a pedir una etiqueta casi imposible de cumplir que, sin embargo, el 90% de los invitados cumplieron. El resto se quedó fuera. Como en los mejores tiempos de Studio 54, pero ahora en Gran Vía 54. "Tú sí, tú no", la letanía de las fórmulas de éxito. Si querías el sí: pijama, lencería o bata. Sin peros.

Yo les confieso que lo mío fue un apaño de mucho cuidado, intentando conseguir lo que Dolce & Gabbana y otras marcas de lujo hicieron allá por 2014: crear pijamas de calle. ¿Y yo? A la inversa: la ropa de calle como pijama. El efecto era el mismo. Un material de seda con decoración de limones y flores. La verdad es que yo no soy muy dada a los pijamas, y duermo de cualquier manera, cuando duermo. Pero ese es otro tema que no corresponde ahora.

La discoteca de moda reunió en un cóctel a toda clase de invitados: desde influencers de todas las categorías a "gente bien" que llevaban pijamas con jerseys anudados al cuello combinado con mocasines. También celebrities o caras conocidas como Eugenia Osborne, con quien mi compañero Bertie Espinosa no dudó en debatir si la Feria de Sevilla tiene más encanto que la de Jerez y viceversa. Eugenia, tan elegante como de costumbre, su no-pijama parecía pijama, por lo que, como en mi caso, era hasta cierto punto aceptable. Diseñadores como Arena Martínez o Eduardo Navarrete, o estilistas conocidos como Jesús Cicero, también se dejaron ver. Políticos como Andrea Levy, que enfundada en un vestido de la mencionada Arena Martinez (que además compró el día anterior en una cena privada que organicé junto a Fearless), acompañada de la creativa, tampoco quiso perderse la original ‘pijama party’. Incluso personajes olvidados (esos ‘has been’ que un día fueron y ya no sabemos lo que son) como Malena Gracia, o nuevos subestratos como los chicos de Socialismo Caviar que votan a la derecha más pura como forma de revolución (o eso creo y quiero), y demás personajes y personajas, llenaron de un extraño glamour al más puro estilo teenager una discoteca. Hasta el aterrizaje silencioso de Ángel Carromero, que reapareció, auspiciado por tres amigos, y con una camiseta sin mangas con vaquero, no pasó desapercibido. Ya saben, así es como duerme un destronado de la política.

En la fiesta, organizada por el todoterreno Eric Yerno y su equipo de Réplica (probablemente la mejor agencia de comunicación de España), no podía faltar Iñigo Onieva, por supuesto, también en pijama. Esta fiesta nos permitió de alguna manera, entrar en la cama ajena de mucha gente guapa…

Y es que Lula, cuya decoración de burdel elegante de los años 40 no deja indiferente a nadie, acogía una cama matrimonial en el medio del hall, convertido en un photocall inesperado, con enormes peluches de osos, consiguiendo que nadie quisiera perderse la oportunidad de sumergirse entre un edredón nórdico versión Madrid y sus pijamas callejeros.

Al poco de llegar tuve la brillante idea de hablar con un grupo de chicos empijamados, preguntándole a uno (con toda mi curiosidad e inocencia): "¿y a ti quién te ha invitado?". A lo que me contestó tras unos segundos de silencio "mi padre". Jaime Asensio, hijo de Ángel Asensio fundador de Kiff-Kiff, la marca que le ponía el punto de partida a esta party.

La noche del jueves fue una de esas noches para revivir la eterna infancia. Por alguna extraña razón disfrazarse con pijamas (porque al final, aunque fueran pijamas reales en algunos casos, no dejaba de ser un uniforme de acceso) era otra forma de desnudar y desatar nuestra conducta. La gente reía y bailaba más de lo normal, porque nos sentíamos liberados. Y más cerca de la cama, que siempre da felicidad.

En Chic

    0
    comentarios