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Katy Mikhailova

Dress Code mediante

Madrid se ha convertido en una locura para hacer vida social por las tardes. Cada día hay un sinfín de eventos y fiestas. Eventos a tolva.

Madrid se ha convertido en una locura para hacer vida social por las tardes. Cada día hay un sinfín de eventos y fiestas. Eventos a tolva.
Ayuso en los Premios Woman. | Cordon Press

El dress code necesita un lavado de imagen. O eso es lo que pretenden las revistas, las marcas y cualquier entidad que aspira a hacer un evento "instagrameable" y digno de ser recordado. El jueves me invitaba la ex editora de Vogue España, Yolanda Sacristán, a la inauguración de un nuevo restaurante en la milla de oro, Lady Bongo (Serrano, 1). En la invitación ponía "black with a touch of jungle". Por si acaso le pregunté qué -diantres- significaba eso (no fuera a ser que nos pasara como con la fiesta de pijamas de Kiff-Kiff en Lula de "no pijama no party y se queda usted en la calle"). Yolanda me tranquilizó explicándome que un "total look" de negro valdría. Al final encontré en mi armario una camiseta hawaiana que combiné con un pantalón negro, y todo perfecto.

La semana anterior Réplica me convocaba a la inauguración de la tienda de Elizabetta Franchi (la invitación llegaba con tarjetón impreso y firmado manualmenre y bolso rojo de complemento). ¿El dress code? Todo al rojo. Sin rojo no hay paraíso.De hecho, la propuesta de la marca es íntegramente roja (sólo hay ropa en esta tonalidad). Y la invitación casi que era el bolso (lo llevábamos desde Antonia Dell’Atte, a Eugenia Osborne y una servidora).

Cuando diseñábamos la fiesta que celebrabamos el lunes con Fearless en El Corral de la Morería (los Premios Fearless Flamenco & Diseño 2022) teníamos claro que queríamos hacerlo fácil: ellas, de noche; ellos, de traje. Y aun así hubo personas que me preguntaban por WhatsApp e Instagram sobre la vestimenta.

Y… ¡cómo no! Algunos se personaron (aunque gracias a Dios muy pocos) sin haberse leído la invitación e iban vestidos de cualquier manera. Me hubiera fascinado imponer flores o lunares, pero consideré que no estamos en la posición del snobismo de exigir un estilo determinado. Con que fueran aseados y vestidos de sus casas (y llorados, a ser posible), era suficiente. Bromas aparte. Madrid se ha convertido en una locura para hacer vida social por las tardes. Cada día hay un sinfín de eventos y fiestas. Eventos a tolva. Uno puede dejar de hacer la compra y alimentarse a base de canapés (o buffet, que es como fueron los premios de Harper’s Baazar el miércoles). En la época pre-covid se llegó a gestar la figura del "canapero", una subespecie que ahora vuelve a la batalla, y al que se le reconoce por no atender el dress code (dado que no suelen ser invitados oficialmente por la organización) y por llevar a cabo una rápida y astuta persecución de los camareros en busca del mejor canapé. Luego critican y clasifican dónde comieron mejor. Afortunadamente el lunes no hubo ni un solo canapero: es lo que tiene hacer cenas sentados. ¡Y qué cena! Maridada con un exquisito vino de Bodegas Pariente que casi ni pude catar porque decidí prescindir de asiento. Las invitaciones nominativas e individuales significan lo que significan, y no lo que uno quiera: de pronto improvisar un acompañante o directamente aparecer sin confirmar es otra forma de saltarse protocolo. "SRC" significa "Se Ruega Confirmación" y no "Subsistan Rogando Convocatorias".

Sea como fuere, el disfraz del traje oscuro no falla y el concepto "cocktail" llevado a todas sus vertientes es una apuesta segura para los más inseguros, despistados o canaperos. Feliz sábado.

En Chic

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