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Katy Mikhailova

Quien sueña, no peca

La ansiedad nace por un exceso de tiempo libre. Es casi un concepto de pequeño burgués.

La ansiedad nace por un exceso de tiempo libre. Es casi un concepto de pequeño burgués.
Jennifer Lopez. | Instagram

Jennifer López ha incendiado las redes porque esta semana ha hecho un directo en Instagram, filtro mediante. Todo hubiera sido perfecto si no hubiera ocurrido un pequeño accidente. Y es que, debido a un movimiento que realiza torpemente durante la emisión, el filtro deja de funcionar, para darle cabida a la verdadera cara: arrugas, bienvenidas.

El debate social está servido. El mundo se ha dividido entre los que exigen naturalidad, sinónimo de veracidad en los mensajes; y los que son seguidores de la cantante o meros consumidores de los filtros de Tik Tok e Instagram, las app de retoques y los pinchazos de hialurónico.

A los del grupo uno sería interesante preguntarles si acaso no hay diferencia entre llevar un sujetador con relleno o una faja adelgazante a usar un filtro para "maquillar" la cara. Si acaso no se da el mismo fenómeno: ser -aparentar- más guapos.

Filtros y arrugas es una especie de oxímoron y paradoja. Sin embargo forman parte de esa "zona de confort" de Occidente. Hay quien se siente cómodo autoconvenciéndose de que las vejez es maravillosa y otros que son felices sucumbiendo a los encantos del "maquillaje virtual".

Lo de que la arruga es bella (algo que yo también he repetido y que se ha convertido en un mantra que ha sobrepasado al eslogan de Adolfo Domínguez) es bastante relativo.

Seamos sinceros: queremos ser guapos. O aparentarlo ser, que es casi lo mismo. Entre ser y parecer, a efectos prácticos, no hay mucha diferencia.

No es cuestión ni de alabar la arruga ni tampoco obsesionarnos con ocultarla. El tiempo pasa y lo más sano para la "psique" es la normalización de la vida y de las cosas de la vida. Es esa zona de confort. Por alguna razón en la última década los coaches se han dedicado a desprestigiar la famosa "zona de confort". Y es que con toda esta campaña, la mencionada "zona de confort" ha ganado muy mala prensa. Y la pregunta que me hago es por qué la "zona de confort" debe ser mala. Y voy un paso más allá: qué, diantres, es la "zona de confort"?

Llevamos ya más de dos décadas filosofando sobre la felicidad y cuál es su definición. Como si la felicidad fuera un deber del ser humano que recoge la Constitución. Todos tenemos derecho a ser felices. Pero luego esa felicidad nos la definen y condicionan los post de autoayuda de Instagram y los libros de inteligencia emocional para ver cómo vencer la ansiedad o superar al novio tóxico de turno.

En los tiempos de nuestros abuelos la ansiedad no existía porque no había tiempo para analizarla y menos aún invertir dinero en eliminarla. Antiguamente la ansiedad se eliminaba saliendo al campo a recoger uvas o barriendo el jardín de las flores de otoño. La ansiedad nace por un exceso de tiempo libre. Es casi un concepto de pequeño burgués. Un fenómeno que abunda más entre la mentalidad del asalariado con nómina que en la del empresario y autónomo. Los empresarios y autónomos no podemos permitirnos el lujo de estar tristes porque arrastramos con ello nuestro negocio y a la gente que depende del mismo. (Bienvenidos, expertos de la psicología, para trollear y defender la ansiedad con estudios científicos).

Entiéndanme: claro que existe la ansiedad pero al final no deja de ser un problema que parte de la mente y cuya solución reside en el mismo lugar en el que se origina. Al final, somos a veces nuestro peor enemigo.

Esa frase de mierda de la foto de Instagram del tipo de "te espero a la salida de tu zona de confort" no nos sacará de la estupidez. Los filtros tampoco. Ni el bótox. Ni la crema. Y como repite mi buen amigo Manuel Quintanar: Bebiò Adán? Bebió. Bebió Eva? Cual borracha era. Quien bebe, se emborracha. Quien se emborracha, duerme. Quien duerme, sueña. Quien sueña, no peca. Quien no peca, va al cielo. Y, puesto que al cielo vamos, bebamos. Feliz sábado!

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